El regreso de Michelle

Por Redacción

La socialista Michelle Bachelet se impuso con facilidad en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales chilenas, pero su triunfo –obtuvo el 62,1% de los votos mientras que su rival, Evelyn Matthei, sólo consiguió el 37,8%– se vio empañado por el nivel altísimo de abstención, ya que apenas el 40% del padrón se dio el trabajo de participar. Para una líder ambiciosa que aspira a cambiar radicalmente el perfil socioeconómico de su país en lo que será su segunda gestión como presidenta, la evidente falta de entusiasmo así reflejada fue toda una advertencia. Si bien parecería que muchos chilenos están a favor de las reformas que Bachelet tiene en mente, entenderán que es mucho más fácil hablar de la necesidad de reducir la desigualdad económica y de adecuar el sistema educativo a los tiempos que corren de lo que sería alcanzar los objetivos que la presidenta electa y sus partidarios se han propuesto. Por lo demás, saben que les aguarda una coyuntura bastante complicada. Se prevé que el año próximo la economía crezca entre el 3,75% y el 4,75%, por debajo del promedio del 5,4% anual del cuatrienio del conservador Sebastián Piñera, lo que sería satisfactorio en comparación con el desempeño de los países europeos pero que así y todo obligaría a Bachelet a obrar con cierta cautela. Mucho dependerá de la evolución del precio del cobre, el equivalente chileno de la soja argentina; de ralentizarse, como muchos pronostican, el crecimiento de China, Chile estaría entre los países afectados. De todos modos, lo mismo que en tantos otros países latinoamericanos, los frutos de los impresionantes logros macroeconómicos de los años últimos no se han visto compartidos de manera tan equitativa como esperaban los preocupados por la ya bicentenaria “cuestión social”. Aunque la proporción de pobres e indigentes se ha reducido, el consenso es que el progreso en dicho ámbito ha sido demasiado lento; como es notorio, de todos los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, una especie de club de la elite mundial, Chile es el más desigual. Sin embargo, modificar esta realidad desagradable no será tan sencillo como parecen creer Bachelet y otros que la atribuyen al egoísmo de los sectores más acomodados, ya que se debe a que, con escasas excepciones, los millones de pobres “estructurales” no están en condiciones de hacer aportes positivos a una economía que ya ha dejado atrás las etapas preindustriales, cuando abundaban los empleos dignamente remunerados para quienes carecían de calificaciones educativas. Incluso los países escandinavos que sirven de modelo para Bachelet y otros progresistas chilenos no han logrado eliminar definitivamente la pobreza, mientras que en el resto de Europa, América del Norte y el Japón el problema propende a agravarse. Todos coinciden en que la educación es clave, ya que de ella dependerá el futuro no sólo de las distintas personas sino también aquél del país en su conjunto. En Chile, como en Estados Unidos, muchos estudiantes universitarios dependen de préstamos tan costosos que algunos nunca conseguirán saldar sus deudas, razón por la que en los años últimos se han hecho rutinarias manifestaciones callejeras multitudinarias. Como es natural, los estudiantes quieren que la educación pública sea gratuita, pero los estrategas de la Nueva Mayoría de Bachelet prevén que necesitarán al menos seis años para concretar el cambio en tal sentido que se han comprometido a llevar a cabo. Sin embargo, no se trata sólo de los costos extraordinariamente elevados de la educación en Chile. Como acaban de confirmar los resultados de las pruebas PISA, la calidad de los colegios secundarios chilenos es llamativamente inferior a la habitual en la mayor parte de Europa, si bien es levemente mejor a la registrada en nuestro país. En cuanto a la educación superior, es mediocre; a pesar de los aranceles leoninos que tienen que pagar las familias de los estudiantes, sólo dos universidades chilenas figuran en el ranking más prestigioso, el de la Universidad de Shanghai, que las ubica en el segmento 401-500. Así, pues, además de hacer que el sistema educativo sea más inclusivo socialmente, el gobierno de Bachelet tendrá que intentar mejorar el nivel académico de las instituciones de su país.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Sábado 21 de diciembre de 2013


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