El ruedo eterno

Cómo sobrevivieron 50 años, en el análisis de un experto.

Redacción

Por Redacción

La bestia sin ley llamada rock and roll escupe en el medio de la frente al último medio siglo de historia y su manifiesto fatídico. ¿Habrá alguien capaz a resistir a tanto después de haber vivido con venas, sangre y sudor los viscerales años ’60?

Los Rolling Stones ríen por encima de sus rostros de mil surcos y batallas, y siguen desafiando a los agoreros. La supervivencia divina cobijando a las majestades satánicas, un absurdo a contramano de aquel mandamiento roquero de vivir rápido e intensamente y morir joven.

Aquellos jovencitos paridos del inspirador Londres sesentoso son (casi) los mismos que planean juntarse a grabar un nuevo disco a fin de este mes y salir a girar por el todo el planeta para celebrar los 50 años que hoy cumple la banda de rock más grande de la historia.

El carro eterno de los Stones tiene grabado en sus ruedas la película misma de la rebeldía adolescente , la despreocupación con la trilogía de sexo, drogas y rock and roll como bandera, y la supervivencia como consecuencia asombrosa de un proceso musical único. Después, y una vez pasado el temblor, el negocio también claro.

La última gira que llevaron a cabo los RS, A Bigger Band Tour, entre 2005 y 2007, se transformó en la más taquillera de todos los tiempos. Sin dudas esto sólo lo puede lograr una banda que vendió 200 millones de discos a lo largo de toda su carrera e inmortalizó al menos una veintena de canciones.

La retrospectiva muchas veces parece irreal. Revolver en el cofre Stone y encontrar una primera página que relata el comienzo de todo, resultaría al menos surrealista si uno ignorara el tiempo y desembocara sin escalas a la imagen de hoy que pinta a cuatro viejitos piolas, sin panza y con ropas de colores, que ya rondan los 70. Nadie creería que se trata de las mismas personas.

Allí radica el gran encanto de los Stones. En la perdurabilidad respetable, en vivir el descenso a los infiernos y después poder contar cómo es el duro camino del regreso. En la reinvención permanente que delatará en definitiva, la calidad de la madera.

La historia, en su frialdad cronológica, dirá que los amigos y compañeros de colegio Mick Jagger y Keith Richards, ambos de 18 años, se reencontraron después de un tiempo en un andén de la estación de Dartford en una tarde de octubre del 1961, tomando el último tren a Londres. Nueve meses después, lo que pergeñaron Jagger & Richards en ese viaje de 30 kilómetros, vio la luz el 12 de julio del año siguiente en el ‘Marquee’, un club en pleno Soho londinense que fue testigo de florecimiento de buena parte de las bandas británicas de aquella época.

Claro que el templo Stone por excelencia en aquellos tiempos fue el ‘Crawdaddy’, que fue para los Rolling algo así como The Cavern, en Liverpool, para los Beatles.

¿Qué ha hecho el destino para que una banda de bar se transformara en un monstruo libidinoso de labios carnosos y lengua fogosa rebosante de rock y sensualidad?

La fórmula se atesora en los genes de los Rolling Stones. Ellos han sabido subsistir a los placeres, la fama, la notoriedad y también a la muerte. Cuando Brian Jones apareció ahogado en una piscina envenenado de drogas y alcohol significó el “fin de la inocencia, el fin de la diversión”, como alguna vez declaró Jagger. Era la primera vez que la realidad, a través de la muerte, rompía la irreverencia juvenil de la banda.

Pero los chicos malos redoblaron la apuesta. Bucearon en la dulce psicodelia y también recorrieron el tránsito duro de la heroína exigiendo los límites del aguante. Hubo serios problemas con la ley y más. Mientras tanto, iban dejando discos inmortales cuyo punto terminal podría ubicarse en la edición de Tatoo You, la última gran obra de los Stones que le abrió paso a la década del ’80, años donde la banda comenzó a ser un negocio bien rentado, donde Jagger asumió el papel que según él nadie quiso asumir. Comenzaba otra historia: las continuas batallas del cantante con Keith amenazaban con desembocar en el fin de matrimonio, y con ello el de la banda.

Allí ha estado concentrado el nervio Stone en estos últimos años. En si Jagger y Richards lograban manejar su relación de amor y odio. Bill Wyman le cansó de ellos y se fue del grupo después de Steel Wheels en el ’93. La última pelea se registro después de que Keith no trató demasiado bien a Mick en un libro sobre su vida, editado hace algunos años.

Pero la paz ha vuelto y Jagger cree que está en condiciones de volver a sentarse junto a su viejo amigo a componer algunas canciones y que todo desemboque en una gira planetaria para el 2013. La idea es festejar a lo grande medio siglo de rock and roll. Hasta el mismísimo Wyman y Mick Taylor, el guitarrista que reemplazó a Jones tras su muerte y que luego le dejó su lugar a Ron Wood, formarían parte del tour.

Los ensayos pautados para fin de este mes en Londres serían el embrión de ¿la última? aventura mundial de los Rolling Stones. Quién sabe, por las dudas ya nadie se anima a afirmarlo. Las actas de defunción en su contra han sido por mucho tiempo el principal alimento de las Majestades Satánicas, a quienes en realidad nunca les importó morar en el pasado.

Walter Rodríguez

wrodriguez@rionegro.com.ar


La bestia sin ley llamada rock and roll escupe en el medio de la frente al último medio siglo de historia y su manifiesto fatídico. ¿Habrá alguien capaz a resistir a tanto después de haber vivido con venas, sangre y sudor los viscerales años ’60?

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