El Sótano, una playa con cavernas para fotografiar

Unos diez kilómetros al sur de Las Grutas, era el sector de costa frecuentado históricamente por los “pulperos”, que al cobijo de las cuevas guardaban frescas sus apetitosas capturas.

Redacción

Por Redacción

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LAS GRUTAS (ASA).- Uno de los puntos que tienen a favor las costas locales es su diversidad. Por eso recorrer el destino y encontrar rincones para el asombro es otra de las opciones para tener en cuenta, cuando las playas “de siempre” se vuelven tediosas.

En esos casos, la sucesión de paisajes que se extienden al sur de Las Grutas son altamente recomendables. El más conocido es el balneario Piedras Coloradas, ubicado a cinco kilómetros en esa dirección.

Pero dejando atrás esa playa surgen un sinfín de opciones, menos conocidas y más agrestes. Lo importante es saber que para adentrarse en ellas el vehículo debe ser adecuado, debido a que los senderos son de ripio, y al no contar con lugares cercanos para aprovisionarse es importante llevar todo lo necesario para pasar el día al aire libre.

De este abanico de posibilidades una de las más lindas son las costas del Sótano. El lugar, ubicado a diez kilómetros al sur de esta villa balnearia, reúne todas las condiciones para convertirse en el favorito de muchos.

En sus altos acantilados la fuerza del mar hizo “de las suyas”, y a través de los años creó una sucesión de cavernas, que le aportan misterio al paisaje. Su existencia es la que le da su nombre al lugar.

Es que en ellas, los ‘pulperos’, esos recolectores costeros del tradicional manjar de la zona, décadas atrás acopiaban el producto de su faena. Allí, los pulpitos dispuestos en baldes se mantenían frescos, como si se tratara de un sótano. Luego, se los entregaban a los que diariamente llegaban de la ciudad para comprarles la producción. Eran momentos en los que, para aprovechar al máximo la cantidad de ejemplares que se daban durante el verano, familias enteras dedicadas al “pulpeo” abandonaban sus casas al inicio de la temporada, y pasaban los días acampando al aire libre, pendientes del estado de las mareas, porque la recolección se da durante la bajamar.

Como testigos de esa historia, esas cuevas siguen allí, motivando el asombro y convirtiéndose en el marco de miles de fotografías que registran el paso de los que conocen el sitio por primera vez. Sus playas son extensas, compuestas de fina arena y “salpicadas” de rocas que permiten ‘probar suerte’, ya que en ellas siguen parapetándose ejemplares de pulpo. Claro que para capturarlos se requiere de la destreza de los ‘pulperos’, que para ello utilizan un gancho elaborado manualmente.

La tranquilidad es el otro de los tesoros que esconde esta playa. Junto a otros sectores, como el Cañadón de las Ostras, forma parte del itinerario de las empresas de excursiones, que hacen una parada aquí en su derrotero hacia Fuerte Argentino, la enorme meseta que dista a unos 30 kilómetros hacia el sur.

Los fanáticos de la pesca también se encontrarán a gusto, porque la mayoría de las especies que proliferan en el golfo tienen “buen pique” aquí.


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