El taller donde el hierro se vuelve arte

Fernando Rey es herrero de alma y de oficio. En su local de Rolando casi Brown todo tipo de artefactos cuelgan del techo, objetos únicos y originales forjados desde la imaginación.



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Fernando transforma sus ideas en metal(Foto: Fotos Marcelo Martínez )

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Fernando, en su reino de metal.

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Objetos únicos y llenos de detalles.

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“Las soldadoras MIG permiten hacer detalles de calidad”, señala.

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Las manos de Fernando dan vida al hierro.

En su taller hay artefactos de hierro de todo tipo que cuelgan del techo, otros expuestas en la entrada, a modo de vidriera. También una mesa de trabajo, soldadoras eléctricas y varias máquinas modernas.

Pero en un rincón reina la fragua, donde arde el carbón de piedra, y a un lado el yunque con el martillo: dignos vestigios de un arte milenario que todavía no tienen reemplazo.

Fernando Rey es herrero “artístico y de obra”, según reza el cartel de la puerta del local, sobre la calle Rolando casi Brown. Pero él prefiere definir lo suyo como un oficio. Y aclara que aprendió solo, a puro ensayo y error.

Entre los trabajos de los que habla con orgullo están los muebles y lámparas del Hotel Correntoso, que tienen ya unos diez años. “Es lo que más me representa”, asegura.

Otro trabajo por encargo en el que dejó su impronta fue la decoración del Museo del Vino en la finca Rutini, en Mendoza.

También se ocupó, junto a su hermano Gonzalo, de construir el enorme árbol de navidad encargado por el municipio que desde hace cuatro años, a fines de diciembre, cubre el monumento a Roca en pleno Centro Cívico. En los últimos días también se ocupó de poner a punto la olla gigante que hoy servirá para cocinar el guiso popular del cumpleaños de Bariloche.

Fernando se siente algo incómodo si lo definen como “artista”, aunque asegura que las suyas son piezas únicas y que suele crear a partir de ideas que se le cruzan, sin planos ni bocetos. “A veces me levanto a la mañana con una idea y ya veo incluso la pieza terminada –asegura–. Si tengo un encargo lo dejo de lado y me pongo con eso. Son cosas que pueden salir de algo que vi, incluso de una película”.

Dice que aprendió con los años (tiene 38) y “haciendo cagadas”. Desde chico ganó dinero con la herrería, tanto que usaba el dinero “parte para la joda y parte para comprar máquinas”. Fue al colegio industrial, pero sólo llegó hasta tercer año y lo vive como una deuda.

Destaca como un referente en lo suyo a Daniel Nico, quien le transmitió “muchos datos valiosos” sobre el oficio. Lo define como “una eminencia”. También subraya la ayuda que recibió de Marisa Prado, decoradora del hotel Correntoso, quien lo orientó para ajustar “la comercialización” de sus obras.

Según Fernando, en herrería hay diseños preconcebidos “y lámparas o arañas que se ponen de moda”, pero él siempre busca “hacer algo original, buscar conceptos nuevos”. Trabaja también combinaciones de hierro con madera, con astas de ciervo, con piedra. También aprendió a usar el cuero, por ejemplo para tapizar una banqueta.

“Como en cualquier otra cosa, el secreto principal es la práctica. Soldar suelda cualquiera, pero al fierro hay que entenderlo –explica–. Una vez que lo entendés lo podés llevara a donde quieras”.

Dijo que es importante tener la mirada entrenada para distinguir un trabajo hecho en hierro forjado o cuando está modelado por una máquina. “Algunos dicen que la herrería de verdad se perdió, pero yo sigo en esto y no lo cambio por nada. Para mí es como jugar”, asegura.

Lo que más le gusta hacer son muebles y artefactos eléctricos, pero en su taller no faltan los chulengos, las planchas y discos para cocinar, rejas, barandas, repisas, muebles de jardín y todo tipo de objetos.

“Algunos dicen que la herrería de verdad se perdió, pero yo sigo en esto y no lo cambio por nada. Para mí es como jugar”.

Fernando Rey sobre el oficio que eligió de muy joven y vive con pasión.

Los inicios

Esfuerzo y creatividad

Como en cualquier trabajo artístico, la herrería depara íntimas satisfacciones ante la pieza terminada. Pero demanda un esfuerzo físico que no es para cualquiera. Fernando Rey admite tener “problemas de espalda” y que le duele en ciertas tareas puntuales.

“Yo soy muy de resolver problemas todos los días y con las argollas no daba más de la espalda. Hasta que se me ocurrió adaptar una máquina con pedazos de auto, con chatarra, que anda bárbaro. Salen las argollas perfectas y no hago fuerza”, cuenta.

Asegura que no tiene formación, pero siente que es bueno en lo que hace, en especial en el manejo “de la forja y de las soldadoras MIG”.

Las piezas de Fernando Rey forman parte del mobiliario del Hotel Correntoso, de la decoración del Museo del Vino en finca Rutini, entre muchos otros.

Fernando disfruta sus horas en el taller transformando sus ideas en metal.

Marcelo Martínez

Marcelo Martínez

Datos

“Algunos dicen que la herrería de verdad se perdió, pero yo sigo en esto y no lo cambio por nada. Para mí es como jugar”.
13
años tenía Fernando Rey cuando empezó en la herrería. Le regalaban los materiales en una obra cerca de su casa.
Las piezas de Fernando Rey forman parte del mobiliario del Hotel Correntoso, de la decoración del Museo del Vino en finca Rutini, entre muchos otros.

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El taller donde el hierro se vuelve arte