El temor al ALCA
No hay ninguna salida fácil para el país. Pero resulta que la única doctrina que aglutina a la dirigencia criolla es precisamente el facilismo.
Era previsible que los contestatarios de siempre se opondrían al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) con el mismo furor que suelen manifestar contra el Fondo Monetario Internacional, la Organización Internacional del Comercio y otras entidades que a su entender representan la «globalización», o sea, la inserción de la Argentina en el cada vez más integrado sistema económico mundial. Mientras que los dirigentes del enjambre de grupos que hoy en día constituyen lo que podría tildarse de la izquierda nacionalista argentina siempre están dispuestos a aprovechar cualquier oportunidad para figurar, sus seguidores tienen auténticos motivos para sentirse preocupados porque no cabe duda de que el orden internacional que está perfilándose no les resultará de todo favorable. Sin embargo, a pesar de la capacidad de los hostiles al rumbo que han tomado tanto el país como el resto del mundo para provocar desmanes, no es demasiado probable que logren demorar mucho los cambios que están en marcha impulsados por fuerzas que son en buena medida ajenas a la voluntad de los políticos incluso de los países más poderosos. Al fin y al cabo, si los gobiernos supuestamente izquierdistas de naciones tan ricas y bien administradas como Francia y Alemania están viéndose obligados a «globalizarse», modificando disimuladamente las estructuras económicas y eliminando viejas «conquistas», la posibilidad de que la Argentina se resista a hacerlo es virtualmente nula, lo cual es una suerte porque la clase de país que están reclamando a los gritos personajes como Hugo Moyano, Saúl Ubaldini, Víctor de Gennaro y otros sería a la vez miserable y autoritario.
No es que no existan alternativas viables al ALCA, un proyecto que, de prosperar, nos dejaría para siempre en un bloque que sería dominado por completo por los Estados Unidos. Descartado el Mercosur, por tratarse de una mera alianza coyuntural con el Brasil, un país mayor que el nuestro pero también más pobre y menos equitativo, la Argentina podría intentar estrechar sus relaciones con la Unión Europea en el marco de una estrategia que fuera tan independiente como sería factible en el mundo actual. Sin embargo, para que esta opción resultara factible la Argentina tendría que dotarse de una economía tan fuerte como aquellas de países como Australia o Noruega, lo cual, obvio es decirlo, exigiría esfuerzos que ningún jefe sindical o manifestante contrario al mundo tal cual es pensaría en tolerar. He aquí la gran contradicción que caracteriza a los enemigos más estridentes de la «globalización»: no la quieren porque saben muy bien que será muy difícil adaptarse a circunstancias nuevas, pero pasan por alto el hecho de que las alternativas a las cuales aluden elípticamente en sus arengas serían incomparablemente más difíciles. Mal que bien, para la Argentina no se dará ninguna «salida» fácil, pero ocurre que la única doctrina que aglutina a la izquierda criolla es precisamente el facilismo.
Los dirigentes de los movimientos que protagonizaron escenas violentas en el centro de Buenos Aires el 6 de abril juran estar comprometidos con el «pueblo» y es de suponer que algunos, acaso muchos, realmente lo creen, pero sus actividades, lejos de mejorar las perspectivas frente a los sectores más pobres, sólo sirven para ensombrecerlas aún más. Por cierto, nadie – salvo, claro está, los dirigentes mismos – , encontrará la solución para sus problemas rompiendo vidrios, quemando la bandera de los Estados Unidos o vociferando eslóganes agresivos. Tal como están las cosas, la prioridad de los sinceramente angustiados por el destino de los aproximadamente diez millones que ya viven en la pobreza y la cantidad aún mayor de personas que se acerca a su nivel no puede ser sino la educación para que casi todos los habitantes del país y no meramente una minoría posean la instrucción necesaria para prosperar en el mundo de hoy. ¿Están interesados en esta realidad patente los individuos que organizaron las protestas contra el ALCA? Desde luego que no. Asimismo, aunque saben perfectamente que a los obreros les convendría que los inversores extranjeros llegaran a la conclusión de que como país «emergente» la Argentina tiene un futuro promisorio, hacen cuanto pueden para advertirles de que el porvenir se verá signado por el caos.