El terrorista “Señor Marlboro”
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
Hoy su nombre está en boca de muchos, atento a que uno de sus grupos armados plurinacionales (los llamados “katibas”, conformados por milicianos terroristas tunecinos, egipcios, mauritanos, argelinos y franceses) pertenecientes a la brigada violenta comandada por Belmojtar denominada “Muthalimin” (que en árabe se traduce por “los que firman con su sangre”) asaltó, con temeridad suicida, la importante planta de gas natural de la empresa británica British Petroleum en In Amenas, en el desértico sureste argelino. Como era de esperar, el grupo terrorista fue desalojado rápidamente, aunque a sangre y fuego, por las autoridades argelinas. Belmojtar tenía presumiblemente plena conciencia de que enviaba a sus huestes a una muerte segura. Argelia no negocia jamás con los insurrectos fundamentalistas. Desde la guerra civil de los 90. Ésa es su política. A la violencia responde siempre con más violencia. Exponencialmente. Los insurrectos –recordemos– utilizan los atentados que realizan para difundir su credo por internet, con videos y mensajes bastante bien armados. Belmojtar recibe su apodo no por admiración a la cultura occidental sino por la simple razón de que hizo su fortuna, en el pasado reciente, contrabandeando cigarrillos norteamericanos a través del Sahara. No hace mucho había adquirido alguna notoriedad en relación con uno de sus negocios “secundarios”: el secuestro de extranjeros en la zona del Sehal. El último publicitado fue el de dos “cooperantes” españoles en Mauritania, ocurrido en el 2009. El narcotráfico y el tráfico de emigrantes que –huyendo de la miseria de sus lugares de origen– desean entrar clandestinamente en Europa conforman otros de sus capítulos de actividad económica ilegal. Hasta no hace sino unos meses, Belmojtar formaba parte de “Al Qaeda en el Magreb” islámico (AQM). En ese entorno, pulseaba por su liderazgo, con suerte variada. Pero se alejó de él, por una disputa interna. Un veterano de la violencia, Belmojtar combatió en Afganistán contra los rusos, en la década de los 90. Como el mullah Omar, allí dejó uno de sus ojos mientras aprendía a manejar explosivos y a luchar en la montaña con los eficientes Kalashnikov al hombro. Cuerpo a cuerpo. Sin reglas de ninguna índole. Desde el 2006 se vinculó con Osama bin Laden y, enrolado tempranamente en la corriente religiosa musulmana y conservadora del “salafismo”, operó en el norte de África, entre la primitiva Mauritania y la caótica Mali. Pero también en el escenario de Níger y Libia. Su base principal de operaciones estaba en la ciudad de Gao, hasta no hace mucho en poder de los insurrectos fanáticos, de la que se apoderaron con ayuda original de los secesionistas “tuaregs”, a los que luego dejaron de lado. Belmojtar está casado con una hija de un líder “tuareg”, lo que estratégicamente aumenta su influencia en la región. Paga a su personal unos 300 euros por mes, lo que es una pequeña fortuna en ese rincón del mundo para un joven iluso y aventurero. Duro, buen negociador y astuto, Belmojtar creció mucho en influencia en los últimos cinco años. Aspira abiertamente a liderar Al Qaeda en el norte de África y no lo oculta. De allí sus conflictos con otros líderes de ese grupo. Pero no genera confianza. Lo mueven fundamentalmente el odio a los occidentales, la ambición de poder y la atracción del dinero. En sus grupos violentos, los árabes, a la manera de oficiales, comandan las operaciones y los negros en cambio les obedecen, desde que son algo así como la tropa, lo que es una expresión de racismo. Son brigadas, bien comunicadas entre sí, están fuertemente armadas con pertrechos alguna vez pertenecientes al régimen libio de Gaddafi, en las que la mujer no aparece sino esporádica y tangencialmente, pero siempre con total subordinación a los hombres. El desierto es su casa. El cielo su techo y la arena el lugar ideal para ocultar, dispersos por las dunas y oasis, a sus hombres y a sus armamentos, equipos y hasta los vestidos que utilizan para consumar sus feroces fechorías. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas