“El universitario

Si bien la investigación de Carli está centrada en la masa de estudiantes de la UBA, el trabajo ayuda a reflexionar sobre el conjunto de protagonistas, más de un millón, que conforman la estructura universitaria del país.

Redacción

Por Redacción

entrevista: Sandra Carli, educadora

carlos Torrengo

carlostorrengo@hotmail.com

Martín Heer

–Su libro no es una historia de la universidad argentina; tampoco de sus problemas, aunque una y otros emerjan en él. Hace al estudiante. No parece una materia de investigación muy habitual en Argentina, ¿no?

–No, tampoco es habitual en el mundo. Una excepción es Francia, con los trabajos de Derrida y otros investigadores y después del Mayo francés. Se han estudiado la universidad, sus problemas, pero no al alumno. Yo lo abordo en términos de presente, de su experiencia presente.

–¿Presente en qué rango de tiempo, en qué prolongación? Porque ante la velocidad que tiene hoy la vida…

–Vale una reflexión: entre el trabajo de campo que hice con los estudiantes y este ahora de publicación del libro, pasaron algunos años. Y como lo explico en la introducción, ha habido cambios en la experiencia universitaria por varias razones: recuperación económica de los sectores medios, políticas universitarias y científicas que, aun siendo en mucho opinables, implicaron definiciones, etc. Pero yo trabajo con una noción de presente en términos de un tiempo que está en curso. Me baso mucho en Ludmer en cuanto a que ese presente es una yuxtaposición de pasados y futuros más temporalidades en movimiento, cada una con sus símbolos, signos y demás… Hice trabajo de campo directamente hablando con los estudiantes. Cada uno de ellos es portador de una historia, vivencia familiar, protagonismos en una Argentina sometida a mudanzas profundas en las dos últimas décadas.

–¿Qué fue en ese marco para el estudiante el 2001?

–Una experiencia intensa, muy dura para muchos. Complejo en términos de pensar si se podría seguir estudiando; desánimo, interrumpir exámenes, la idea de descenso y más descenso. Mirar a la familia y ver como sufría, como de un día para el otro se perdía todo, dolor…

–Dolor país, decía Silvia Bleichmar…

–Apelo a ella en mi libro… sí, sí. Y también desde los estudiantes la crisis fue forjar estrategias de supervivencia; ampliar la circulación de apuntes, ayudar al compañero que no tenía plata, al compañero que se abandonaba… y hacer en muchos casos casi con vergüenza, porque se ayudaba desde mejor situación… Un final que se tomaba en una pizzería porque la facultad estaba cerrada… profesores que buscaban que los pibes no se dispersaran, no abandonaran…

–Históricamente, el estudiante universitario era identificado socialmente como eso: estudiante universitario. ¿Ha mudado esa identificación?

–Desde el campo de las ciencias sociales hay estudios que proponen mirarlo fundamentalmente como experiencia juvenil y no sólo estudiantil… Verlo como alguien que comparte con otros jóvenes nuevas tecnologías, una cultura ligada a la vida recreativa, el consumo. O sea experiencias que están fuera de la universidad, pero que la atraviesan… Pero sí, el universitario no es sólo estudiante, es un joven.

–¿Y la política donde está en este marco?

–Está, pero ya no atraviesa la universidad como en los 50, 60 o 70. Ya no es la sociabilidad casi excluyente que fue para los estudiantes.

–A partir de ese concepto de presente, pero referenciándolo con medio siglo atrás, ¿desde la sociedad, hay alguna diferencia de imagen entre aquellas universidades y las actuales?

–Por lo pronto, su presencia se ha naturalizado como una institución más, entre otras razones, porque hay más universidades que 50 o 60 años atrás. Hoy tenemos casi medio centenar de universidades públicas y no menos de privadas. Esta naturalización hace, no es la única razón, a que no haya una implicación activa en la sociedad e incluso en los propios universitarios, en dar un debate sobre el valor de la universidad, su tarea formativa, sus problemas, sus limitaciones en distintos órdenes…

–Más allá de las limitaciones de naturaleza presupuestaria, ¿qué otras?

–Y… a las universidades más veteranas, con culturas institucionales muy acentuadas y de rasgos muy propios, suele costarles mucho adaptarse a nuevas lógicas sobre el conocimiento, métodos formativos.

–En materia de prestigio en tanto espacio de saber, ¿cómo está ranqueada aquella universidad lejana y la actual?

–Aquella tenía un prestigio, una legitimidad mayor como formadora y como acceso para insertarse en el futuro. Esto tuvo que ver con la evolución social de aquella Argentina, donde la movilidad social colocaba a la universidad en términos de paradigma de la mejora personal, familiar. Fue un tiempo donde el empleo profesional estaba en sostenido crecimiento. Esto con independencia de cuestiones de contenido entre aquella y esta universidad…

–¿Cuál el lazo más común que mantienen una y otra?

–La inclusión, hay una continuidad del discurso masivo igualitario de la educación. Ésta es una característica muy particular de la universidad argentina en el contexto mundial. Tenemos una historia previa a muchos países en lo que hace a incluir…

–Como la tenemos con la ley 1420.

–Exactamente. Como también con la posterioridad que sigue a la Reforma Universitaria y con la recuperación de la democracia. De todas maneras, la universidad mantiene problemas a resolver: deserción temprana, baja graduación, temas que ponen sombras en lo concerniente a la integración social.


entrevista: Sandra Carli, educadora

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