El voto inteligente



Cinco Saltos

En el mundo de la política y en todas aquellas actividades cuyas organizaciones se logran a través de actos eleccionarios, los analfabetos, las personas de condición social humilde, los que viven de su trabajo y el día a día, entre otros, tienen como única arma para cambiar las presiones de este mundo corrupto la posibilidad de utilizar un eficaz instrumento, el “voto inteligente”.


Desde épocas inmemoriales nuestro país ha sido habitado por una sociedad cambiante que se ha ido degradando paulatinamente al aceptar todo lo peor que se le propone, llegando a traspasar el límite de la pobreza y la condición humana espiritual que conlleva la miseria.


El juego sucio de la política, entre otros, no ha modificado la actitud de acusar, en lugar de proponer y debatir ideas; de malversar fondos públicos y destinarlos al pago de favores políticos, a campañas presidenciales, provinciales y municipales que arrastran también a diputados, senadores y concejales –recordar el caso de la famosa Banelco–; a operadores políticos con sus punteros, los eternos vagos patentados y abonados a la función pública; a los barras de los clubes, que son la fuerza de choque; con aportantes truchos de desconocidos colaboradores, el hampa y el narcotráfico, con los empresarios, industriales y comerciantes poderosos a cambio de futuros favores y apoyados, en muchos casos, por una buena parte de una Justicia corrupta, que todo lo puede y lo naturaliza en el “vale todo”.


En el acto de corrupción siempre hay dos partes, y uno decide si quiere ser como Judas, quien traicionó a Jesús por treinta monedas de plata, o bien, valerse del voto inteligente y apostar al largo plazo, a aquellos dirigentes que no necesitan corromper al electorado para implementar políticas públicas, que lejos de favorecer a los amigos del poder –de turno–, centran sus acciones en miras al logro del bien común, que es como se construye una sociedad sana.


Ing. Silvano Giacolla Caruso
DNI 8.119.343


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