“El voto tristeza”



Hablando con amigos sobre las elecciones de septiembre para intendente en Bariloche, muchos, entre cuatro paredes, confiesan que tienen que apoyar al candidato de su partido, aunque estén en desacuerdo con esa figura. Esto es lo que yo denomino voto tristeza. Debe ser muy feo votar por quien no se quiere o confía por el solo hecho de tener que estar allí, de no “traicionar” a su partido. Es a ese vecino a quien quiero dirigir esta carta como una charla de café, quisiera que juntos reflexionemos acerca del voto tristeza y sobre las consecuencias del mismo. Nuestra idiosincrasia tiene raíces profundas en culturas sanguíneas y efervescentes como la española, la italiana, la hebrea y tantísimas otras que mezcladas con los indígenas del lugar hicieron al argentino que todos reconocemos como tal. Unos de River otros de Boca, otros de Racing, Independiente, San Lorenzo… cuántos cuadros de fútbol y una misma pasión y aunque nuestro cuadro juegue mal, allí estaremos, firmes, alentando, pero esta fidelidad y pasión llevadas al plano de la política pueden resultar un desastre para toda la sociedad y es allí donde uno debería poner un límite. ¿Cuántos peronistas votaron a Menem? Muchos… millones… ¿y cuántos se arrepintieron? Millones también. ¿Cuántos radicales votaron a De la Rúa? Millones y millones y también se arrepintieron. Y así podríamos seguir con ejemplo tras ejemplo hasta llegar a nuestra ciudad. Pero lo más triste es que los hechos y acciones de estos gobiernos los estamos pagando hasta el día de hoy, los que los votaron y los que no lo hicieron. En cambio, con el cuadro de fútbol la cosa no pasa más allá de los límites de la cancha. El ser consecuente con mi partido, aún entendiendo que mi candidato no es lo que yo quiero para mi ciudad, mi provincia o mi país, es (aunque nos duela admitirlo) un acto de irresponsabilidad hacia toda la sociedad en la que vivimos. Los partidos políticos no son infalibles y a esta altura de la historia deberíamos saber que muy pocos son los que respetan su historia y sus principios, pero aun así luchar dentro del partido para encausarlo es lo mejor que se puede hacer desde la actitud de militante comprometido, lo cual no significa que si nos ponen de nuevo a prototipos como los nombrados anteriormente, tengamos la obligación de votarlos. Es más, si no los votamos, le hacemos un favor al partido que podrá depurarse gracias a que no ganó nuestro candidato. Pero claro, allí se nos vuelve a mezclar el River, Boca y entonces votamos a nuestro candidato aunque sepamos que lo mejor está en la vereda de enfrente. Yo, en septiembre, voy a votar por un candidato que no es de mi partido político, pero entiendo que es lo mejor que le puede pasar a mi ciudad adoptiva, la cual me recibió hace 21 años y en la cual he visto crecer a mis hijos. Un gran amigo me sugirió que antes de votar me haga las siguientes preguntas: ¿quiénes nos gobernaron en estos últimos 30 años?, ¿cuántos de esos ciudadanos o partidos se presentan hoy para intendente?, ¿quiénes estaban en la oposición de estos gobiernos?, ¿cómo estaba la ciudad antes y como está ahora?, si no quisieron o pudieron antes, ¿por qué creerles ahora? De la contestación a estas preguntas puedo elegir el partido por el cual votar, pero, y la persona… y el candidato? Creo que aquí todos conocemos la trayectoria de quienes se presentan, y la del que no, la podemos averiguar muy fácilmente por esa gran herramienta que es internet y de esta ensalada de preguntas y respuestas a veces sale que el candidato que mejor le viene a la ciudad no es de mi partido. Y, como dije, no creo que estemos traicionando al partido si votamos por el otro, estamos ayudando a depurar y tal vez quién le dice que entonces mañana sea su partido o mi partido que gane las elecciones porque realmente tiene el mejor candidato. Pensemos en el voto tristeza y sus consecuencias, tenemos algo más que un mes. Jorge L Fernández Avello DNI: 12.862.056 – Bariloche

Jorge L Fernández Avello DNI: 12.862.056 – Bariloche


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