En el camino – El seguro
“Me parece una extraña ironía cuando alguien se muere durante las vacaciones. Encuentro difícil pensar que la tragedia pueda golpear en el medio de uno de los mayores momentos de alegría”, me dice una psicoanalista al hablar en Caracas del caso de la muerte de Mónica Spear, la ex Miss Venezuela asesinada con su pareja en enero pasado.
Reflexiones, pensamientos, anécdotas y sueños sobre viajar
El mismo día leo sobre una pareja de japoneses que se fue de luna de miel a Ecuador. Camino a las Islas Galápagos, hicieron escala en Guayaquil, donde el hombre murió por un disparo y su esposa resultó herida durante un secuestro exprés.
Casi al mismo tiempo, en Argentina hubo cuatro muertos en Villa Gesell por la caída de un rayo.
Entiendo que la muerte es algo natural. Pero, coincido con la psicoanalista, hay algo particularmente cruel cuando sucede durante las vacaciones. Antes de viajar, a veces me agarra un miedo casi irracional y me pongo a pensar: “¿Y si me pasa algo justo ahora, que estoy a punto de llegar al merecido descanso?”.
De chiquita lo pensaba bastante, en las terribles carreteras de montaña en Yugoslavia, cuando en el cámper nos cruzábamos con camiones volcados. A veces había hitos recordatorios, con imágenes de santos, velitas y flores. Llovía, el cielo era del mismo gris del asfalto mojado, y me daba mucha tristeza.
Si mi hermano ha llegado a leer hasta aquí, se estará rascando sus genitales. Esto no tiene que ver con que sea un ordinario, que no lo es, sino con sus raíces: Mauro, como buen napolitano, es supersticioso. Entonces, contra la mala suerte, mantiene costumbres atávicas como esta.
Me suelen decir que no hay que hablar en voz alta de ciertas cosas, pero para mi es importante hacerlo para repeler a los malos espíritus. Mezclando racionalidad y superstición, siempre contrato un seguro de viaje, que cubre la repatriación de mi cuerpo en caso de fallecimiento. Es un poco raro pero me parece importante de solo pensar en el bajón y el dolor de cabeza que le provocaría a mi familia tener que encargarse de este trámite tan feo.
Tomo también otro recaudos. Después de un par de sustos, si no es inevitable, ya no viajo en ómnibus de larga distancia en países como Ecuador o Venezuela. Mi seguro, en esos casos, es pagar más y viajar en avión.
Mi terapeuta dice que todos tenemos miedo a que al acercarse algo tan deseado como las vacaciones, de repente una fuerza mayor se lleve todo. Puede ser, pienso, que utilice el seguro para espantar a mis fantasmas y racionalizar mis temores.
En definitiva, creo que es importante pensar, ser prudentes y evitar riesgos inútiles en lo que está a nuestro alcance. De la misma manera que es esencial soltar los miedos y ser conscientes de que, al final, gran parte de lo que sucede está fuera de nosotros y, sobre todo, de nuestro control.
Irene Caselli
irenecaselli@gmail.com
Periodista italiana
@irenecaselli