En el camino – Objetos perdidos

Era mi abrigo favorito: verde, canchero, caliente. Lo tenía hace un año. Hacía meses que no me lo ponía porque en Quito nunca hacía tanto frío.

Por Redacción

Reflexiones, pensamientos, anécdotas y sueños sobre viajar

Pero sabía cuándo lo iba a necesitar: apenas bajara del avión en Nápoles, a donde iba a pasar las fiestas de fin de año.

Contaba las horas para irme. Llegué al aeropuerto en la madrugada, aún algo dormida. Pero me desperté de golpe cuando me avisaron que por un cambio el avión se había ido nueve horas antes. No había nadie de la aerolínea para hablar ni me atendían el teléfono en ninguna parte del mundo. Desconsolada, me puse a llorar: nunca iba a llegar a pasar la Navidad con mis padres y mi hermano, que era lo que más deseaba en esos últimos meses. Porque había sido un año difícil, pero eso es otra historia.

-¿¡Qué pasó!? -dijo mi hermano al escuchar mi voz entrecortada.

– ¡El avión se fue sin mi!

– ¿Perdiste tu vuelo?

– No, ¡me engañaron!

Mauro me tranquilizó, me dijo que esperara a ver qué podía hacer él. Acepté pero seguía desesperada y pensaba cómo sería celebrar la Navidad en Quito, donde no quería estar.. Al rato, mi hermano me dijo que había comprado un pasaje barato para ese mismo día. Entonces lloré de la emoción.

Después de unas horas por fin pude hacer el check-in. Me recosté sobre unos asientos y, antes de dormirme, me tapé con mi abrigo verde. Al rato me desperté con frío: ¡alguien se lo había llevado y no había nadie alrededor! ¿Quién podría tener tanta maldad de robarse mi abrigo verde, canchero, calentito?

Esta nueva pérdida me terminó de abatir, al punto de que casi borró la alegría de haber conseguido un nuevo pasaje. Es que cuando desaparece algo que me pertenece, asoma un fantasma: una vez, cuando era una niña, volví a casa en invierno sin bufanda. Mi mama se enfureció y, en mi recuerdo, hasta me pegó.

Hay un poema épico italiano del 1500 que se estudia en la escuela y se llama “El Orlando Furioso”. Uno de los personajes se va a la luna para encontrar todo lo que se le perdió en la tierra, incluso la sanidad mental. Siempre me gustó imaginarme que mis objetos perdidos están allí arriba, en un enorme almacén al abierto.

Recién, mirando fotos viejas encontré una de mi abrigo, cuando era nuevo. Está colgado en una puerta, acompañado por mi sombrero favorito, que caí en la cuenta de que también ha desaparecido. La última vez que lo usé fue en una fiesta de disfraces, y quién sabe que le pasó. Encontrar la foto me causó ternura. Ahora sonrío cuando los visualizo a los dos, el abrigo y el sombrero, juntos, de vuelta, mirándome desde el almacén de la luna..

Irene Caselli

irenecaselli@gmail.com

Periodista italiana

@irenecaselli