En el nombre del hijo

Por Redacción

“Juan (Salinas, de 14 años) es un capítulo aparte. Hablar de él, hoy, es hermoso y difícil, a la vez. Porque a los tres años se ponía a jugar en lo de mi viejo, tocaba algo y se iba. No sabíamos por qué… Esperaba el bis, que le pidiéramos otra, otra! Ya mostraba su veta de artista. A los cuatro cantó en Villa Gesell y cuando terminó, le dijo al público: ¡gracias por venir! Después empezó a tocar percusión con nosotros, en teatros; le dio al piano en casa, a la batería, al bajo. Con la guitarra estaba un poco y cuando se veía en algún problema, la dejaba. Entonces, yo pensaba que a lo mejor no iba a ser violero, porque no le veía el espíritu de sacrificio para superarlo. En un momento, comenzó a meterse cada vez más y más. Quiso ir a ver a BB King al Luna, al mes fuimos al recital de Jeff Beck y no paró más de tocar la guitarra. Eso fue hace dos años. Hoy, ya tocó de invitado conmigo en muchos concierto. Cada vez que lo hace, pasa algo… Tiene una cosa artística y esa paz del tipo que nació arriba de un escenario, prácticamente. Siempre le digo que debe tratar de superarse para tener cada vez más recursos y divertirse más; que las limitaciones no le impidan disfrutar; que trate de aprender a leer y escribir música, cosa que yo no sé; que esto es un camino de crecimiento y de goce. Ahora, lo que siento cuando tocamos juntos, no puedo expresártelo en palabras. Es muy difícil explicar lo que me pasa cuando está tocando a mi lado. No hace mucho, en Uruguay, me bajé del escenario y el terminó el concierto. Fue otra maravilla verlo. Por cuestiones de colegio no viaja a Neuquén, pero ya lo llevaré o irá solo.”


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