“En memoria de Roberto Savariano”

Redacción

Por Redacción

El Sava ya no está entre nosotros… Tenía infinitas virtudes y los que lo conocieron saben que así es. A mí me maravillaba una en particular, dada la edad que tenía (80 jóvenes años): su pasión, pasión por la vida, por su amada Alicia, por sus hijos (los tuyos, los míos, los nuestros) y nietos, por su profesión, por su “Boquita” tan querido, por “el Santa”, por los lugares de adopción que fueron metamorfoseando su vida hasta traerlo ¡al fin! a nuestro espacio literario, donde confluyeron todas sus pasiones en una sublime, la escritura. Allí lo redescubrí (lo conocía desde hacía muchos años) y aprendí a quererlo tanto, a sentir admiración divina por este hombre que amaba intensamente la vida y, aferrándose a ella, vivió hasta el final con ganas, con garra, cautivando a todos con su entrega y su pasión. Querido Sava: te quedaste sin sangre y nos dejaste sin aliento. Fuiste el mejor alumno. Entregaste la bandera, que siempre flameará alto en el espíritu “cafelario”. Te despido con tus palabras: “Entonces, amigos, sigamos escribiendo, enseñemos a escribir a nuestros hijos, nietos, a través de la literatura, no solo nos podemos sanar, sentimos personas únicas e irrepetibles, sino que podemos llegar a redimirnos de nuestros pecados”. Ana Cappelletti, DNI 16.766.288 – Neuquén

Ana Cappelletti, DNI 16.766.288 – Neuquén


El Sava ya no está entre nosotros... Tenía infinitas virtudes y los que lo conocieron saben que así es. A mí me maravillaba una en particular, dada la edad que tenía (80 jóvenes años): su pasión, pasión por la vida, por su amada Alicia, por sus hijos (los tuyos, los míos, los nuestros) y nietos, por su profesión, por su “Boquita” tan querido, por “el Santa”, por los lugares de adopción que fueron metamorfoseando su vida hasta traerlo ¡al fin! a nuestro espacio literario, donde confluyeron todas sus pasiones en una sublime, la escritura. Allí lo redescubrí (lo conocía desde hacía muchos años) y aprendí a quererlo tanto, a sentir admiración divina por este hombre que amaba intensamente la vida y, aferrándose a ella, vivió hasta el final con ganas, con garra, cautivando a todos con su entrega y su pasión. Querido Sava: te quedaste sin sangre y nos dejaste sin aliento. Fuiste el mejor alumno. Entregaste la bandera, que siempre flameará alto en el espíritu “cafelario”. Te despido con tus palabras: “Entonces, amigos, sigamos escribiendo, enseñemos a escribir a nuestros hijos, nietos, a través de la literatura, no solo nos podemos sanar, sentimos personas únicas e irrepetibles, sino que podemos llegar a redimirnos de nuestros pecados”. Ana Cappelletti, DNI 16.766.288 - Neuquén

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