En Nueva York deciden no aumentar la edad de retiro de los jueces

Redacción

Por Redacción

A caballo de las recientes elecciones del estado de Nueva York se organizó (como es frecuente) un referendo referido, en este caso, a la edad en la que los miembros de la Suprema Corte del estado deben retirarse obligatoriamente. Es decir dejar que otros ocupen sus respectivos sitiales en el más alto tribunal estatal. Hasta ahora, los magistrados de la Corte Suprema y de las Cámaras de Apelaciones de Nueva York debían retirarse a los 70 años. Lo que sin embargo podía prorrogarse por seis años más, sujeto al resultado de un examen médico y mental que debían hacerse cada dos años. Al llegar a los 76, esta alternativa desaparecía. De todas maneras, las designaciones judiciales en Nueva York no son vitalicias sino que se hacen por un plazo de 14 años, para todos por igual. La propuesta sometida a la consulta popular fue la de elevar la edad de retiro de los jueces de 70 a 80 años. A favor de la iniciativa estuvieron el propio presidente de la Suprema Corte estatal, Jonathan Lippman, y buena parte de la judicatura estatal. Así como las organizaciones gremiales de los profesionales del derecho. En contra, el gobernador Andrew Cuomo quien, como suele ocurrir en todas partes, desea poder influenciar en la conformación de los tribunales más importantes del estado que administra. No obstante, la propuesta no incluía a los jueces de primera instancia. El estado de Nueva York tiene, cabe apuntar, unos 1.300 jueces que están activos, trabajan y prestan servicios en su jurisdicción. La propuesta referida fue derrotada con amplitud, con el 61% de votos negativos contra el 39% a favor de extender el plazo de duración de los servicios de los magistrados. Para el gobernador Cuomo, que desea reemplazar a dos jueces que en su momento fueran designados por los republicanos y al propio presidente del tribunal, que cumple 70 años en el 2015 (aunque se trate –en este caso– de un magistrado de origen demócrata, desde que fuera designado por el gobernador David Paterson), son buenas noticias. Ocurre que Cuomo no se “lleva bien” con Lippman, luego de frecuentes encontronazos sobre el presupuesto judicial. Queda visto entonces que en todas partes “se cuecen habas”. Allí y aquí. Para Lippman, la extensión del plazo del mandato de los jueces superiores del estado de Nueva York, fijado poco después de terminada la Guerra Civil, tenía todo el sentido del mundo, a la luz de los enormes adelantos de la medicina, que con antibióticos, cirugías y mejoras de todo tipo ha extendido mucho la “vida útil” de la mayor parte de la gente. Las minorías étnicas, particularmente las de hispanos y negros, se opusieron abiertamente, como cabía esperar, a la extensión del plazo de duración de las designaciones judiciales. Lo hicieron en razón de que naturalmente desean que sus miembros puedan acceder –lo más rápido posible– a los más altos cargos judiciales del estado de Nueva York. Emilio J. Cárdenas Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

A caballo de las recientes elecciones del estado de Nueva York se organizó (como es frecuente) un referendo referido, en este caso, a la edad en la que los miembros de la Suprema Corte del estado deben retirarse obligatoriamente. Es decir dejar que otros ocupen sus respectivos sitiales en el más alto tribunal estatal. Hasta ahora, los magistrados de la Corte Suprema y de las Cámaras de Apelaciones de Nueva York debían retirarse a los 70 años. Lo que sin embargo podía prorrogarse por seis años más, sujeto al resultado de un examen médico y mental que debían hacerse cada dos años. Al llegar a los 76, esta alternativa desaparecía. De todas maneras, las designaciones judiciales en Nueva York no son vitalicias sino que se hacen por un plazo de 14 años, para todos por igual. La propuesta sometida a la consulta popular fue la de elevar la edad de retiro de los jueces de 70 a 80 años. A favor de la iniciativa estuvieron el propio presidente de la Suprema Corte estatal, Jonathan Lippman, y buena parte de la judicatura estatal. Así como las organizaciones gremiales de los profesionales del derecho. En contra, el gobernador Andrew Cuomo quien, como suele ocurrir en todas partes, desea poder influenciar en la conformación de los tribunales más importantes del estado que administra. No obstante, la propuesta no incluía a los jueces de primera instancia. El estado de Nueva York tiene, cabe apuntar, unos 1.300 jueces que están activos, trabajan y prestan servicios en su jurisdicción. La propuesta referida fue derrotada con amplitud, con el 61% de votos negativos contra el 39% a favor de extender el plazo de duración de los servicios de los magistrados. Para el gobernador Cuomo, que desea reemplazar a dos jueces que en su momento fueran designados por los republicanos y al propio presidente del tribunal, que cumple 70 años en el 2015 (aunque se trate –en este caso– de un magistrado de origen demócrata, desde que fuera designado por el gobernador David Paterson), son buenas noticias. Ocurre que Cuomo no se “lleva bien” con Lippman, luego de frecuentes encontronazos sobre el presupuesto judicial. Queda visto entonces que en todas partes “se cuecen habas”. Allí y aquí. Para Lippman, la extensión del plazo del mandato de los jueces superiores del estado de Nueva York, fijado poco después de terminada la Guerra Civil, tenía todo el sentido del mundo, a la luz de los enormes adelantos de la medicina, que con antibióticos, cirugías y mejoras de todo tipo ha extendido mucho la “vida útil” de la mayor parte de la gente. Las minorías étnicas, particularmente las de hispanos y negros, se opusieron abiertamente, como cabía esperar, a la extensión del plazo de duración de las designaciones judiciales. Lo hicieron en razón de que naturalmente desean que sus miembros puedan acceder –lo más rápido posible– a los más altos cargos judiciales del estado de Nueva York. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

Emilio J. Cárdenas Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas


A caballo de las recientes elecciones del estado de Nueva York se organizó (como es frecuente) un referendo referido, en este caso, a la edad en la que los miembros de la Suprema Corte del estado deben retirarse obligatoriamente. Es decir dejar que otros ocupen sus respectivos sitiales en el más alto tribunal estatal. Hasta ahora, los magistrados de la Corte Suprema y de las Cámaras de Apelaciones de Nueva York debían retirarse a los 70 años. Lo que sin embargo podía prorrogarse por seis años más, sujeto al resultado de un examen médico y mental que debían hacerse cada dos años. Al llegar a los 76, esta alternativa desaparecía. De todas maneras, las designaciones judiciales en Nueva York no son vitalicias sino que se hacen por un plazo de 14 años, para todos por igual. La propuesta sometida a la consulta popular fue la de elevar la edad de retiro de los jueces de 70 a 80 años. A favor de la iniciativa estuvieron el propio presidente de la Suprema Corte estatal, Jonathan Lippman, y buena parte de la judicatura estatal. Así como las organizaciones gremiales de los profesionales del derecho. En contra, el gobernador Andrew Cuomo quien, como suele ocurrir en todas partes, desea poder influenciar en la conformación de los tribunales más importantes del estado que administra. No obstante, la propuesta no incluía a los jueces de primera instancia. El estado de Nueva York tiene, cabe apuntar, unos 1.300 jueces que están activos, trabajan y prestan servicios en su jurisdicción. La propuesta referida fue derrotada con amplitud, con el 61% de votos negativos contra el 39% a favor de extender el plazo de duración de los servicios de los magistrados. Para el gobernador Cuomo, que desea reemplazar a dos jueces que en su momento fueran designados por los republicanos y al propio presidente del tribunal, que cumple 70 años en el 2015 (aunque se trate –en este caso– de un magistrado de origen demócrata, desde que fuera designado por el gobernador David Paterson), son buenas noticias. Ocurre que Cuomo no se “lleva bien” con Lippman, luego de frecuentes encontronazos sobre el presupuesto judicial. Queda visto entonces que en todas partes “se cuecen habas”. Allí y aquí. Para Lippman, la extensión del plazo del mandato de los jueces superiores del estado de Nueva York, fijado poco después de terminada la Guerra Civil, tenía todo el sentido del mundo, a la luz de los enormes adelantos de la medicina, que con antibióticos, cirugías y mejoras de todo tipo ha extendido mucho la “vida útil” de la mayor parte de la gente. Las minorías étnicas, particularmente las de hispanos y negros, se opusieron abiertamente, como cabía esperar, a la extensión del plazo de duración de las designaciones judiciales. Lo hicieron en razón de que naturalmente desean que sus miembros puedan acceder –lo más rápido posible– a los más altos cargos judiciales del estado de Nueva York. Emilio J. Cárdenas Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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