En su faz “derivativa” define respuestas cotidianas

Redacción

Por Redacción

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman ha dedicado los últimos 30 años a reflexionar sobre las agitadas mudanzas con que despidió el siglo XX y la intensidad de aquéllas en lo que va del presente. En ese marco, el miedo forma parte de un interés muy definido por Bauman, un fenómeno al que dedica buena parte de sus investigaciones. En uno de sus libros, “Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores”, Bauman afirma que, de cara al miedo en su expresión más generalizada, definida como amenaza, con independencia de las reacciones que esto genera –huida, agresión a modo de respuesta– hay siempre un sentimiento adicional. Apelando entonces al psiquiatra Hugues Lagrange, Bauman sostiene que se trata de un “miedo derivativo”. Veamos: • Se trata de un miedo que orienta su conducta –tras haber reformado su percepción del mundo y las expectativas que guían su elección de comportamiento– tanto si hay una amenaza inmediatamente presente como si no. • Se puede considerar este miedo secundario como el sedimento de una experiencia pasada de confrontación directa con la amenaza: un sedimento que sobrevive a aquel encuentro y que se convierte en un factor importante de conformación de la conducta humana aun cuando ya no exista amenaza directa alguna para la vida y la integridad de la persona. • El “miedo derivativo” es un fotograma fijo de la mente que podemos describir como el sentimiento de ser susceptible al peligro: una sensación de inseguridad y de vulnerabilidad determinada no tanto por la naturaleza de las amenazas reales como por la ausencia de confianza en las defensas disponibles. • Así, una persona que haya interiorizado semejante visión del mundo, en la que se incluyen la inseguridad y la vulnerabilidad, recurrirá de forma rutinaria –incluso en ausencia de una amenaza auténtica– a respuestas propias de un encuentro cara a cara con el peligro. El “miedo derivativo” adquiere así capacidad autopropulsora.


El sociólogo polaco Zygmunt Bauman ha dedicado los últimos 30 años a reflexionar sobre las agitadas mudanzas con que despidió el siglo XX y la intensidad de aquéllas en lo que va del presente. En ese marco, el miedo forma parte de un interés muy definido por Bauman, un fenómeno al que dedica buena parte de sus investigaciones. En uno de sus libros, “Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores”, Bauman afirma que, de cara al miedo en su expresión más generalizada, definida como amenaza, con independencia de las reacciones que esto genera –huida, agresión a modo de respuesta– hay siempre un sentimiento adicional. Apelando entonces al psiquiatra Hugues Lagrange, Bauman sostiene que se trata de un “miedo derivativo”. Veamos: • Se trata de un miedo que orienta su conducta –tras haber reformado su percepción del mundo y las expectativas que guían su elección de comportamiento– tanto si hay una amenaza inmediatamente presente como si no. • Se puede considerar este miedo secundario como el sedimento de una experiencia pasada de confrontación directa con la amenaza: un sedimento que sobrevive a aquel encuentro y que se convierte en un factor importante de conformación de la conducta humana aun cuando ya no exista amenaza directa alguna para la vida y la integridad de la persona. • El “miedo derivativo” es un fotograma fijo de la mente que podemos describir como el sentimiento de ser susceptible al peligro: una sensación de inseguridad y de vulnerabilidad determinada no tanto por la naturaleza de las amenazas reales como por la ausencia de confianza en las defensas disponibles. • Así, una persona que haya interiorizado semejante visión del mundo, en la que se incluyen la inseguridad y la vulnerabilidad, recurrirá de forma rutinaria –incluso en ausencia de una amenaza auténtica– a respuestas propias de un encuentro cara a cara con el peligro. El “miedo derivativo” adquiere así capacidad autopropulsora.

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