Encuentros cercanos

Por Redacción

MARIA EMILIA SALTO

bebasalto@hotmail.com

Sus cuerpos, todo ojos. Aunque no se miraran, aunque el lento caracol humano las separara -afortunadamente, sentía cada una, bastante -, podían percibirse. Un cierto giro de la cabeza, el color del traje avanzando o deteniéndose, el centellear de las tachas, el sonido del celular rápidamente apagado. En esa ceguera inducida, nada era más central que sus presencias.

Hasta hace poco ¿hasta hace un siglo?, un encuentro casual de este tenor hubiera significado el saludo cálido, el «señor, ya vengo» dicho al comprensivo y paciente sujeto de atrás, el ir a su encuentro -como siempre, pensó vagamente, como siempre. Yo iba a su casa, yo iba a su oficina, yo…-, hablar bajito, quizás, bah, quizás no, seguramente, y disimuladamente, ofrecerse a pagar sus boletas… Hija de puta. Desagradecida. Sí, claro… las reglas de juego son así.

(Sí, las reglas de juego son así. No debería estar tan ofendida, después de todo, ella sabe que hice lo posible por promoverla, que la ayudé siempre, bueno… Hay momentos en la vida que hay que elegir: era yo o ella. Fui yo. No hice nada, surgió solo. (¿Solo?, ironizó una vocecita molesta y clara.) No tan solo, claro. En esto hay que ser firme, constante, dura, adelantarse…

El lento caracol se mecía al son del afortunado que llegaba al cajero. Una pierna, otra. Una mirada al reloj, suspiros, algún comentario sobre los lunes bancarios. En ese ritmo letárgico, de pronto quedaron casi de frente.

Lo supo porque ese color pastel estaba en su visual aunque nadie lo hubiera notado. Y esa biyú, tan a la moda, llena de brillo… no esperó mucho para cambiar, la turra. Y yo de vaquero y remerita. ¡Se me tenía que ocurrir venir hoy! Comenzó un minucioso análisis del cartelito negro y blanco: «por favor, apague el celular», justo encima del impecable peinado. ¿Para qué agregan un celular en un círculo y una raya cruzada? ¿Se creen que somos todos tontos? Ah, a lo mejor es por gente de los planes, subsidios… algunos ni saben leer. ¿Y tendrían celular? Seguro que no, ¿o sí? Cualquiera tiene celular hoy. Esa cartera no la conocía ¿Habrá sacado ahora pilchas que tenía guardadas? No, ya debe estar gastando a cuenta… total, todo el mundo sabe lo que es. Vamos, vamos, apurate con ese vuelto, por qué la gente tarda tanto en sacar lo que necesita, y podría guardar la plata mientras se va y entonces ya no la tendría de frente.

De pronto, trajes y vaqueros, remeras y bermudas, pensamientos y sentimientos, rutinas y cuentas, estaban boca abajo, en un análisis minucioso de un granito grisáceo, un diseño que se movía al ritmo loco del corazón, hechas trizas sus cuidadosamente defendidas individualidades, solidarios únicamente en el miedo.


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