Encuentros de Mujeres: "Nos ven crecer y no lo pueden entender"



Belén Spinetta*


Los Encuentros Nacionales de Mujeres nacieron hace 34 años para que las mujeres pudiéramos encontrarnos y hablar de nuestros sufrimientos y experiencias, sin que la voz de una valiera más que la de otra.


Los ojos del mundo miran asombrados lo que sucede en el último país del mapa de América Latina. Miles y miles de mujeres nos juntamos cada año en Argentina para vivir durante tres días nuestro Encuentro Nacional (ENM), un espacio que nació hace 34 años y no para de crecer. Un fenómeno que para muchas personas no tiene explicación y volvió a suceder del 12 al 14 de octubre en La Plata.

“Dijeron que no salgamos solas y vinimos todas”, escribe Maira en su muro de Facebook. Como ella, muchas compartimos los ecos de los que no dejó este encuentro. En un país donde una de nosotras es asesinada cada 26 horas, hay tres días en los que nos sentimos completamente seguras. La libertad es un capital ajeno para muchas, pero durante los encuentros podemos ser un poquito más libres.

Lo que para muchos no tiene explicación, la tiene. Estos espacios nacieron hace 34 años con una premisa: que las mujeres nos encontráramos entre nosotras y que pudiéramos hablar de nuestros sufrimientos y experiencias sin que la voz de una valiera más que la de otra. Sin jerarquías -ni académicas, ni de clase, ni de ningún tipo- y por eso sentaron los principios que hasta el día de hoy se sostienen: autoconvocado, federal, autosostenido, autofinanciado, plural y democrático.

Algunos grupos prefieren poner el eje en lo que nos divide y no en lo que nos une. Ese es el punto de partida de la discusión sobre el cambio de nombre del encuentro

Por otra parte, más de 300 mujeres de la ciudad de La Plata se pusieron al hombro la organización del encuentro más masivo de la historia de los Encuentros Nacionales de Mujeres. Una tarea que llegó a parecer inalcanzable pero que se concretó con el éxito plasmado en las que marchaban emocionadas, en los cantos de las pibas y en los abrazos de agradecimiento que recibían en las calles las que portaban la pechera de la Comisión Organizadora.

Más de 55.000 mujeres alojadas en escuelas, clubes y facultades, cientos de aulas para que funcionen los talleres y más de 90 actividades culturales. Más de 200.000 mujeres en la marcha de cierre del día domingo.

Que no nos callen la voz

Pero la principal razón de por qué estos espacios se sostienen son los talleres, que se han transformado en el corazón de los encuentros. Alejandra tiene 37 años, vive en La Plata y por primera vez fue a un ENM. Participó del taller “Mujer y familia”. El primer día no pudo hablar, el segundo sacó su historia para afuera: la pérdida de un hijo, la soledad en la crianza, el reconstruir lazos, el dolor, la angustia y el renacimiento. Clara tiene apenas 17 años pero hace dos que participa. Esta vez eligió el taller de “Mujer y relación con el cuerpo”: en la voz de otras sintió su reflejo, el peso de los estereotipos de género y las consecuencias sobre la autoestima de las mujeres. Martha estuvo, como hace 7 años, en el taller de “Mujer y organización barrial”: participaron más de 70 compañeras que contaron cómo le hacen frente al hambre, la pobreza y desocupación a las que las somete este gobierno. Y podríamos seguir contando historias de lo que pasó en esas aulas que desbordaban, en las rondas que se armaban en los pasillos, en las que buscaron un rincón debajo de un árbol pese a la lluvia.

El encuentro crece porque se juntan la fuerza de las pibas que protagonizaron la marea verde con la persistencia de las “viejas encuentreras”, con las mujeres de barrio que se organizan todo el año para poder llegar hasta acá, con la irrupción de las identidades disidentes y de las nuevas temáticas que conmueven al movimiento de mujeres y feminismos más grande del mundo.

Y mientas todo eso pasa, algunos grupos prefieren poner el eje en lo que nos divide y no en lo que nos une. Ese es el punto de partida de la discusión sobre el cambio de nombre del encuentro (por Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans). Sin desconocer que es un debate legítimo entre las que participan del encuentro, pero teniendo en cuenta que no hay unanimidad sobre este punto y que la amplia mayoría de los talleres (que son la instancia más democrática de los encuentros) no lo discutió.

Dividiendo actuó durante todo el año la Campaña Somos Plurinacional, afirmando que el nombre del ENM se había cambiado. Pero lo que es peor aún, arrogándose la voz de las mujeres pertenecientes a las 37 naciones y pueblos originarios que habitan este suelo. Algo similar sucede con el movimiento de las disidencias, que en los hechos son parte del ENM hace muchísimo tiempo, pero que en nombre de todas las que lo integran, una parte aparece como la voz cantante.

Peor aún es el rol de algunos medios de comunicación, que afirmaron que se había definido el cambio de nombre. Una falacia y un mal ejercicio de la profesión, ya que no hubo una instancia en la que se dirimiera esta cuestión; el debate sigue y debe seguir madurando en los talleres.

Pese a las disputas y los debates, el Encuentro Nacional de Mujeres de la Plata fue exitoso: el más masivo de la historia y opositor al actual gobierno.

El lunes, en un impresionante y masivo cierre en el playón del Estadio San Luis fue elegida por ovación como próxima sede del 35 ENM.

El Encuentro Nacional de Mujeres somos todas, porque así lo demuestra la historia y la práctica concreta. Y seguiremos defendiendo su carácter en San Luis, para seguir escribiendo la historia del movimiento de mujeres más grande del mundo.

*Periodista especializada en temas de género


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