La radiación no está solo en las centrales nucleares: dónde se encuentra y para qué se usa
La radiación forma parte del ambiente natural desde siempre y también tiene aplicaciones en actividades cotidianas. La medicina, la industria, el agro y la energía nuclear utilizan sus propiedades bajo distintos sistemas de control y protección.
Hablar de radiación o energía nuclear suele despertar una asociación inmediata con el riesgo y el peligro. Sin embargo, la radiación no nació con la energía nuclear: existe en el ambiente desde mucho antes de que el ser humano pudiera detectarla y forma parte de la vida cotidiana. Está presente en fuentes tan diversas como el Sol y el espacio, pero también en la propia Tierra, en las rocas, el suelo e incluso en algunos alimentos.
Según información publicada por Nucleoeléctrica Argentina, los organismos internacionales que estudian la radiación estiman que cerca del 80% de la radiación que recibe una persona a lo largo del año tiene origen natural. El resto corresponde principalmente a fuentes vinculadas con usos médicos.
La radiación está presente en el ambiente independientemente de la actividad nuclear. La recibimos, en distintas proporciones, a partir de fuentes naturales que forman parte del entorno.
El sol y el espacio aportan radiación, mientras que otra parte proviene de elementos presentes en la corteza terrestre. Las rocas y el suelo contienen materiales radiactivos naturales y algunos alimentos también pueden contenerlos.
A estas fuentes se sumaron, con el desarrollo de la ciencia, distintos usos controlados de la radiación que hoy forman parte de actividades habituales.
La medicina es uno de los principales ámbitos en los que se utiliza la radiación. Está presente en herramientas de diagnóstico, como las radiografías, y también en determinados tratamientos.
Pero sus aplicaciones no se limitan al ámbito sanitario. La industria utiliza la radiación para realizar controles de calidad, mientras que en el sector agropecuario se aplica en procesos vinculados con el cuidado de los cultivos y los alimentos.
Así, una tecnología que suele asociarse exclusivamente con lo nuclear tiene usos que atraviesan diferentes actividades productivas y de la vida cotidiana.
En una central nuclear, la presencia de radiación requiere medidas específicas de protección. La protección radiológica forma parte de la organización cotidiana del trabajo y establece controles sobre las áreas en las que puede existir radiación.
El acceso a esos sectores está gestionado mediante controles específicos y monitoreos. Además, existen distintas barreras físicas que separan las zonas donde se encuentra el reactor del exterior, entre ellas las estructuras de hormigón y acero del edificio del reactor.
Los trabajadores también utilizan medidores personales que registran la radiación que reciben. Esos datos son verificados de manera permanente para controlar que las dosis se mantengan dentro de los límites establecidos por la normativa.
La diferencia, entonces, no está en que la radiación exista o no: forma parte del ambiente natural desde siempre. En el ámbito nuclear, el eje está puesto en medirla, monitorearla y controlarla de manera permanente, además de aprovechar sus aplicaciones en distintas actividades.
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