Plan Nacional de Cambio Climático: las medidas para la transición energética

El gobierno nacional presentó el plan con los objetivos ante el cambio climático a 2030. Entre las líneas de acción, las energías renovables están al margen por la falta de infraestructura para el transporte.





El gobierno nacional presentó el Plan Nacional de Cambio Climático a 2030. En él, se incorporaron líneas estratégicas, enfoques transversales y líneas instrumentales para formular medidas aplicables en la materia. En total se definieron más de 200 disposiciones ante objetivos que se persiguen hace años y otros nuevos, como el desarrollo del hidrógeno.

El plan pretende sistematizar la política climática nacional. Cuenta con líneas estratégicas, enfoques transversales y líneas instrumentales con más de 200 medidas. En términos de energía, el plan apuntó a distintas líneas. Entre ellas, movilidad sostenible y transición energética.

Sobre transición, el escrito indica que Argentina cuenta «con recursos energéticos renovables de gran calidad, de diversas fuentes, y con amplia distribución geográfica. A esto se suman abundantes recursos hidrocarburíferos en sus cuencas onshore y offshore».

A su vez, destaca que el país dispone de una «extensa trayectoria en tecnologías asociadas a energías bajas en emisiones de carbono, como la energía hidroeléctrica y nucleoeléctrica. Cada uno de estos sectores son complementos estratégicos y cooperan para construir una transición ordenada y sostenible».

El país se comprometió en su segunda Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés) a no exceder la emisión neta de 359 toneladas de dióxido de carbono en el año 2030, objetivo que se aplicaba a todos los sectores de la economía. En 2021, el país actualizó su contribución y redujo el umbral de emisiones a 349 para 2030.

El dato

349 toneladas de CO2
es el máximo que producirá el país para 2030

En cuanto a movilidad sostenible indicaron que el sector de «transporte es un pilar fundamental de la política climática, cuyos actores están comprometidos con la implementación de medidas para reducir las emisiones de GEI que genera la actividad y adaptar su infraestructura y operación». Para ello marcaron distintas líneas de acción que apuntan a adaptar la infraestructura y la operación del transporte.

A su vez, apuntan al reemplazo progresivo de los combustibles fósiles con renovación de flotas y millonarias inversiones a 2030; uso eficiente de la energía, entre otras. En total son 21 medidas en esta línea.

En cuanto a la transición energética, expresaron que «trascender del paradigma fósil implica un cambio estructural en los sistemas de abastecimiento y utilización de la energía. Esta transición debe ser justa, asequible y sostenible y tener simultáneamente consistencia social, económica, fiscal y financiera». Para ello proponen la interacción de tres dimensiones: seguridad energética, equidad social y mitigación del cambio climático.

«Los objetivos pueden encontrar tensiones entre sí. Mediante una hoja de ruta clara, se busca favorecer la inversión y el desarrollo de encadenamientos productivos nacionales para alcanzar una matriz energética inclusiva, estable, soberana, dinámica, federal y sostenible a 2030″, subrayaron. Las líneas de acción planteadas se relacionan con el desarrollo de capacidades tecnológicas nacionales y la eficiencia energética.

También, la energía limpia en emisiones de GEI; el desarrollo del hidrógeno; la gasificación; y la resiliencia del sistema energético. En este definieron 34 medidas. Dentro de la primera línea, se plantearon 12: una apunta a desarrollar la cadena de valor de energías renovables y propone la «promoción del acceso a financiamiento a industrias con proyectos de fabricación nacional, así como de la demanda interna».

En cuanto a la línea de energía limpia en emisiones de GEI, algunas medidas apuntan a la generación distribuida: por un lado, incorporar fuentes de energía renovable en industrias y comercios: para 2030 pretenden alcanzar los 4 millones de m2 de paneles instalados en ambos sectores.

Proyectan que hacia el mismo año que el número de las MiPymes con energías limpias aumente a 30.000 y las grandes industrias suba sólo a 800, lo que implicará una asistencia entre 10.500 y 15.000 dólares por empresa. Por otra parte, proponen promover la instalación de colectores solares en viviendas; la generación eléctrica distribuida de energía renovable integrada a la red eléctrica pública.

Respecto a esta última medida, se sigue sosteniendo el objetivo propuesto en la ley de Generación Distribuida de alcanzar 1GW de potencia instalada al 2030. Este mes alcanzó casi los 17MW y se espera que continúe creciendo los próximos meses. En lo que va del año aumentó unos 8MW, por lo que se espera que el desarrollo de esta energía sea mucho más vertiginoso para alcanzar el objetivo en siete años.

En junio se registró el ingreso más alto de nuevos usuarios generadores en lo que va del año. (Foto: archivo)

Otras medidas proponen implementar proyectos de generación eléctrica a partir de fuentes renovables no convencionales conectadas a la red. En este caso, la meta entre 2022 y 2025 es llegar a los 2600 MW de nueva potencia renovable no convencional. Estiman que requerirá entre 6.500 y 11.000 millones de dólares. Uno de los limitantes responde a la capacidad del transporte eléctrico y de las redes de distribución.

Por otra parte, indicaron que se potenciará la generación nuclear e hidroeléctrica con nuevas centrales, «considerando los escenarios futuros de cambio climático en las variables de diseño», principalmente la segunda mencionada. En la región, las cuencas del río Limay, Neuquén y Río Negro fueron declaradas en emergencia hídrica en marzo de este año, tres ríos claves para este tipo de producción.

A su vez, proyectan continuar con el proyecto Permer, de acceso a energía a comunidades y establecimientos rurales aisladas a partir de fuentes renovables; aprovechar de manera sostenible la biomasa residual del sector agropecuario y agroindustrial; y promover la adopción de biogás para uso final en el sector de transporte; Desarrollar mercados eléctricos regionales de energía renovable a baja escala, entre otros.

Una de las medidas innovadoras propuestas en el plan es el hidrógeno a 2030: buscan promover la adopción del mismo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero y el desarrollo de la cadena de valor; identificar redes de investigación e institutos como aporte para una Estrategia Nacional; y fortalecer la investigación y el desarrollo de la producción de hidrógeno bajo en carbono en el país.

En términos de gasificación establecieron la promoción del uso de combustibles gaseosos en reemplazo de combustibles fósiles con mayor factor de emisión de Gases de Efecto Iinvernadero. Dentro de transición energética se plantearon siete medidas más relacionadas a planificación y monitoreo del desarrollo energético y resiliencia del sistema.

El plan proyecta avanzar con varias iniciativas en cuanto a transición energética. Sin embargo, para el próximo invierno se proyecta aumentar las importaciones de gasoil y fuel oil para la generación eléctrica ante la falta de un segundo buque para importar gas.

Ambos combustibles son mucho más contaminantes: el fuel oil genera 77,400 toneladas de dióxido de carbono, muy por encima de los factores de emisión del GNC y los demás combustibles gaseosos que está en torno a las 50 toneladas. En cuanto al gasoil, la generación de emisiones es de 74.100.


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