Enfermedades no transmisibles postergadas por la pandemia



Mercedes Dabat*

La diseminación de la covid-19 marcó cambios familiares, laborales, afectivos, económicos y cambió nuestra forma de control de salud.
En la Argentina, al igual que a nivel mundial, el 70% de las muertes se debe a enfermedades no transmisibles, constituyéndose en la primera causa de muerte. ¿Qué pasó? ¿Repentinamente desaparecieron? No. Persisten, con una notable probabilidad de aumentar el número de pacientes portadores que no asisten a sus controles o no prestan atención a signos de alarma y dejan de efectuar consultas de urgencia o control ante el temor a contraer el coronavirus.


Tal situación ya había sido observada por un relevamiento efectuado en nuestro país donde diversas instituciones alertaron sobre una caída de más del 70% de las urgencias de guardia, ya sean por causas cardiovasculares o quirúrgicas. De la misma manera, la OMS presenta un informe muy similar el 1 de junio sobre un relevamiento efectuado en 158 países.


Ahora bien, ¿qué es una enfermedad no transmisible? Es una enfermedad no contagiosa, crónica, en aumento progresivo, que obedece, en la gran mayoría de los casos, a diversos factores de riesgo, tales como la hipertensión arterial, sobrepeso, tabaquismo, obesidad, sedentarismo y mala alimentación, entre otros.


En nuestro país, las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de muerte en un 30% seguidas por enfermedades oncológicas un 19,2% y trastornos respiratorios 19%, sin poder dejar de lado la diabetes.
Se considera que la falta de consulta precoz, controles periódicos y preventivos tendrán un fuerte impacto en los pacientes portadores de ellas, originando, desde aumento de muertes, hasta distintos grados de discapacidad.


Por ejemplo: disminuyeron notablemente el número de angioplastias (casi un 60%) o cirugías cardiovasculares, caída en estudios de prevención para diversas patologías oncológicas como el cáncer de colon ( 80%). Los pacientes decidieron postergar sus vacunaciones (aquellos portadores de enfermedad pulmonar obstructiva crónica postergaron su vacunación para la gripe y neumococo) y, lamentablemente, se están realizando 1 de cada 3 quimioterapias. Todo se posterga para cuando pase la tormenta covid.
Pero, en medio de tantos números, destaquemos que los planes de prevención para hipertensión, como la disminución de ingesta de sal, persisten. Los planes de aumento de actividad física se incentivan (difícil en cuarentena, no imposible). La recomendación de ingerir menor cantidad de hidratos de carbono libre está, así como también desaconsejar la ingesta de alimentos ultraprocesados.


Debemos insistirle a los pacientes que, de ser necesaria la asistencia presencial, se toman todas las pautas de bioseguridad, tanto en consultorios como en instituciones, y en caso de no querer acceder a la visita formal hay otros recursos.


La telemedicina es una herramienta innegable, ya que aporta datos y puede definir si se necesita o no una asistencia del profesional en domicilio o que el paciente concurra a algún servicio.


Sabemos que es algo distinto de lo que no estamos acostumbrados, pero debemos salir de esta situación diferentes. Porque seremos diferentes.
Deben continuar los planes de prevención en los cuales invertimos tantos años. Debemos escuchar y escuchar. El seguimiento virtual llegó para ayudarnos y combatir miedos, lo que no implica que desapareció la manera tradicional de asistencia. En absoluto. Contamos con más medios. Usémoslos. Ningún paciente está solo.


Recordemos que las enfermedades preexistentes o prevenibles no nos abandonaron o desaparecieron. Los médicos estamos para asistir, responder dudas, preguntar, dar pautas de alarma, indicar y corregir hábitos, medicaciones y factores de riesgo. No dejemos que el coronavirus también influya en esta situación. Es otra forma más de combatirlo y cuidarnos.


*Médica especialista en clínica médica y medicina interna general


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