Entre Beckett y Buzzati: el nuevo libro de Alberto Ramponelli

El último libro del escritor Alberto Ramponelli (Buenos Aires, 1950), Esperando a los tártaros, desarrolla un mismo eje -el vacío existencial y sus perplejidades- a partir de dividir su obra en tres partes que a su vez implican enfoques certeros desde géneros distintos: narrativa, poesía y teatro.




LIBROS

Podría decirse que se agrega a este libro tan particular, publicado por Ediciones de La Cultura, el aforismo; esa línea breve y sentenciosa que surge de sus lecturas sobre mitología, filosofía y religión, según aduce Ramponellí, autor de los libros de relatos Una costumbre de Oceanía y Gente rara, y las novelas El último fuego, Viene con la noche y Apuntes para una biografía.

En diálogo con Télam, el escritor que reconoce influencias de Kafka, Samuel Beckett, Julio Cortázar y Juan Carlos Onetti, agrega que su último libro rinde homenaje al narrador italiano Dino Buzzati y su novela El desierto de los tártaros”:

“En mi libro hay también un epígrafe de Kafka, autor checo que influyó decisivamente en la narrativa de Buzzatti. Cortázar es otro de mis escritores entrañables; me influyó en mis inicios en los años 70; de ahí mi interés por la literatura fantástica”, señala el escritor.

Es interesante cómo el libro integra el relato breve, la poesía y el teatro alrededor de una cotidianidad marcada por el sinsentido.

Sí, es posible verlo desde ese punto de vista. Pienso que un mismo tema puede ser trabajado desde distintos formatos; lo que establece la diferencia de géneros es de índole formal y no temática. Recordemos a Borges que a un mismo tema (el “doble”, por ejemplo) lo abordaba tanto en un poema como en un cuento o un ensayo.

Aunque claro, las diferencias formales modifican la mirada con que se exploran las problemáticas y conflictos. Ahí estaría lo redituable de cada género, que habilita miradas diferentes de acuerdo a sus propias configuraciones.

¿Venías trabajando estos géneros en forma paralela a tus novelas y libros de cuentos?

Sí, especialmente los poemas y microficciones. Se fueron escribiendo en huecos mientras desarrollaba mi narrativa. En cuanto a su ejecución, son producto de una escritura más espontánea; surgen a partir de mis lecturas, como si ésta me deparara iluminaciones que pueden llevarse al formato breve.

La sección de teatro (“Laberintos”) presenta un cruce metafísico que es incertidumbre y espera...

Me gusta el teatro como espectador y lector. Cuando decidí probar con el género, opté por adaptar mi cuento “Laberintos” que tiene una estructura muy escénica y una carga simbólica, pero también un fuerte componente existencial.

Un rasgo determinante de la existencia es el absurdo, y Becket, uno de mis escritores preferidos. La idea central de la obra es que el espectador se encuentre cara a cara con sus propios conflictos, perdido en su propio laberinto, y desde ahí intente una salida, si es que la hay. O sea, que eso que se representa en el escenario opere en el espectador a modo de espejo.

La poesía de los narradores sueles ser descriptiva, coloquial, lo que no es tu caso...

En 1990 el poeta Roberto Juarroz tras leer mi libro de cuentos Desde el lado de allá, me dijo que mi prosa tenía un componente poético. Desde chico leí y escribí poesía. Y no dejé de hacerlo aun cuando en la juventud opté por la narrativa.

Eso parte de mi búsqueda con el lenguaje; creo que el lenguaje poético no es exclusivo del poema. Si bien como lector me interesa la poesía narrativa (empezando por el “Martín Fierro”, extenso poema narrativo), mi indagación expresiva pasa por el intento lírico, incluso de corte conceptual busco acercarme a lo que postulaba Macedonio Fernández: “el pensar emocional”.

Uno de los relatos del libro, G. o los viajes de la imaginación parece autobiográfico...

Ahí menciono a escritores -Cortázar, Kafka, Borges- que disfruté mucho como lector. También este relato es un tributo a la imaginación, la herramienta más poderosa de que disponemos; fue Poe quien dijo que: “La imaginación es dios”.

Télam


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