Entrevista polémica: ahora Farré dice que está enfermo

El condenado a perpetua por femicidio puso excusas para intentar justificar el asesinato de su mujer. Dio entrevistas a dos canales de televisión. Quiso aparentar que está arrepentido. Las frases más cuestionables.



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El ex ejecutivo Fernando Farré, condenado el martes a prisión perpetua por el crimen de su esposa en un country del partido bonaerense de Pilar, aseguró hoy que está dispuesto a que lo cuelguen en la avenida 9 de Julio si esto sirve para que no haya más femicidios y dijo que cree que mató a su mujer porque estaba “enfermo”, ya que no planeó el hecho.

Farré (54) concedió ayer dos entrevistas, a los canales C5N y TN, en la unidad penal 46 de San Martín. Habló por primera vez desde que se produjo el crimen y a tres días de la sentencia a la pena máxima que le dictó un jurado popular en los tribunales de San Isidro por el asesinato de Claudia Schaefer (44).

Su incipiente carrera mediática le sirvió para buscar excusas y exhibirse como alguien que está arrepentido.

Estas fueron algunas de sus frases:

“Estoy convencido que no soy un femicida”.

“No sé porque la maté, entiendo que yo estaba enfermo”.

“Me lo esperaba (la condena a perpetua), no sentí ninguna sorpresa, era una situación que tenía que afrontar. Cuando di mis últimas palabras tuve un pensamiento que no lo hice, que fue pedirle al jurado que me dé cadena perpetua, pedirle al juez algo que no hay en Argentina que es pena de muerte, por silla eléctrica o colgado sea en la 9 de Julio o en el mástil de San Isidro”.

“Evidentemente el asesino fui yo, la víctima es ella, nuestros hijos, los familiares de ella y mis familiares, la sociedad y yo que soy el culpable”, sostuvo el ex ejecutivo, aunque aclaró que también se sentía “víctima” de esta situación.

Farré, que actualmente estudia Sociología en la cárcel, repitió varias veces que para la época del crimen él “estaba muy afectado porque había perdido mi trabajo y tenía muchos problemas de salud (taquicardia, ataques de pánico, sudoración nocturna)”, pero en ningún momento admitió que era violento.

“No me reconocí, me consideraba incapaz de darle setenta y cuatro puñaladas a alguien, a un perro, a un muñequito”.

“Se empezó a hablar mucho de golpes sevíticos, como para torturar, era como Hannibal Lecter que primero la hizo sufrir, la torturó y después el último golpe, degollarla”, sostuvo.

“A sangre fría se mata por la espalda, en la nuca, con un sicario, sobre seguro, para que nadie lo vea, no delante de la madre y con dos abogados”, afirmó.


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