Errores extraños
Puesto que los aparatos de todas las distintas agrupaciones políticas ya habían elegido a sus candidatos presidenciales, sólo se trataba de una gran encuesta de opinión, pero aún así ha sido muy fuerte el impacto de los resultados de las llamadas elecciones primarias que se celebraron el 14 de este mes en el estado de ánimo tanto de los simpatizantes del gobierno como de sus adversarios. Para desconcierto de éstos, sirvieron para consolidar la impresión de que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner “ya ganó” y que en consecuencia las elecciones auténticas del 23 de octubre serán a lo sumo un trámite engorroso porque ningún opositor tendría la más mínima posibilidad de impedirlo. Sin embargo, aunque nadie duda de que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner consiguió muchos votos más que todos sus rivales, y muchos más que los previstos por ella misma, parecería que la diferencia no fue tan amplia como harían pensar los datos oficialmente difundidos. Luego de analizar los telegramas que fueron enviados por las autoridades electorales y que están disponibles en internet, representantes de la Unión Cívica Radical (UCR), de la Unión para el Desarrollo Social (Udeso) de Francisco de Narváez y del Frente Popular de Eduardo Duhalde han denunciado una multitud de irregularidades, de las cuales todas, insisten, favorecieron al Frente para la Victoria kirchnerista, anomalía que imputan a la falta de fiscales confiables. Según el titular del comité radical bonaerense Miguel Bazze, un recuento serio no cambiaría el resultado de las elecciones, pero bajaría la cantidad de votos cosechados por la presidenta y subiría la de Ricardo Alfonsín. Por su parte, De Narváez dice creer que hubo “un porcentaje alto y significativo de irregularidades” que se vio reflejado en la diferencia entre los telegramas que se emitieron la noche de la elección por un lado y, por el otro, las actas de las mesas. Puede que sólo haya sido cuestión de un puñado de votos extraviados, por decirlo de algún modo, lo que podría considerarse “normal” en elecciones tan improvisadas como las primarias, pero aun así el mero hecho de que se haya comprobado la existencia de irregularidades en diversos distritos del país es preocupante. Por motivos psicológicos y por lo tanto políticos, hay una diferencia enorme entre el 50,7% atribuido a Cristina y el 49,9%, digamos. Asimismo, existe el riesgo de que la sospecha de que militantes oficialistas inescrupulosos hayan aprovechado la oportunidad que les fue brindada por las primarias para asestar un golpe psicológico devastador a los opositores dé pie a una especie de leyenda negra que, andando el tiempo, perjudicaría al gobierno nacional, sobre todo si a raíz de la previsible reelección de Cristina disfruta de una etapa de hegemonía virtual. Por ahora, ni siquiera los que están denunciando las irregularidades –como la que ya fue confirmada por la jueza electoral María Servini de Cubría que, según se informa, encontró 22 boletas con el nombre de Alfonsín en una urna de un barrio porteño en que supuestamente no había ninguna– han hablado de fraude en gran escala, pero no sorprendería que algunos pronto comenzaran a hacerlo. Para que no haya malentendidos, las agrupaciones opositoras tendrán que asegurar que al celebrarse las elecciones de verdad cuenten con fiscales partidarios, que entiendan muy bien lo que se espera de ellos, en todas las mesas. No convendría a nadie que luego del 23 de octubre surgieran dudas en cuanto a los resultados genuinos, ya que hasta las diferencias pequeñas serán muy importantes en el país en su conjunto y, más aún, en lugares en que un solo voto podría determinar la suerte de aspirantes a cargos electivos. Por lo demás, a esta altura parece evidente que el oficialismo no tiene ninguna necesidad de aumentar su caudal electoral por medios ilícitos, razón por la que serían contraproducentes los eventuales intentos de hacerlo de militantes presuntamente convencidos de que pasar por alto algunas boletas opositoras sería una forma de ayudar a Cristina, mandataria que, a juzgar por los resultados de las primarias aun cuando se verifiquen todas las denuncias que se han formulado, está en condiciones de prescindir de cualquier aporte que serviría para empañar el triunfo que confía en conseguir.