Es tiempo de pensar en bulbos de primavera

“Camarón que se duerme...”. Aproveche las primeras ofertas en el mercado.

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Los llamamos “bulbos de primavera” porque florecerán al fin del invierno o comienzos de la primavera pero se deben plantar en otoño, para que reciban el frío invernal que incentivará esa floración. Obviamente, eso implica estar atentos a la compra de estos órganos subterráneos a los que conocemos genéricamente como “bulbos”.

Aquí puede ser aplicado un dicho tomado de una canción popular que dice ...“camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”. Me explico.

DESARROLLO DE UN BULBO

Tomemos como ejemplo un bulbo verdadero como la cebolla, o el tulipán, como mostramos en estos dibujos. Si lo cortamos al medio, podremos observar que la planta completa ya está preformada en su interior, desde el vástago floral, la flor propiamente dicha, las hojas, los bulbillos “semilla” y el nuevo bulbo ... todo esto rodeado y protegido por la piel y las catáfilas (chalas), que son los órganos de reserva que alimentarán a la nueva planta hasta su emergencia.

Una vez que las primeras hojas asoman en la superficie del suelo (en el Alto Valle aproximadamente fines de agosto, setiembre), comienza a fotosintetizar pero también se sigue alimentando de sus reservas. Florece aproximadamente a comienzos de octubre y esa flor dura más o menos una semana, si el viento no la destruye.

Una vez que ha florecido, el bulbo original se habrá consumido y la alimentación la asumen las hojas a través de la fotosíntesis. Se formará un nuevo bulbo que reemplazará al original y bulbillos más pequeños que serán los que se pueden “engordar” a través de varios años de cultivo y que es una tarea que requiere conocimientos especializados.

Las hojas “trabajan” hasta que se secan y se desprenden con un leve tironcito. La planta también intentará semillar, porque al fin y al cabo es el sentido de la floración, y esa semilla consume energías, por lo que si se quiere rescatar un nuevo bulbo por lo menos tan grande como el original, hay que impedirlo.

El “engorde” de bulbillos hasta el tamaño comercial, es materia de entendidos y escapa a este humilde servidor. Pero lo que sí quiero dejar en claro es que, cuanto más “gordo” sea el bulbo, mayor cantidad de reservas contiene, mayor será el vigor de la nueva planta y de mayor tamaño el o los vástagos florales y las flores, según la especie o variedad.

Por eso vuelvo al dicho anterior. Si usted tiene pensado armar canteros o maceteros con bulbáceas como anémonas, marimoñas, dalias, azucenas, narcisos y otros, trate de comprar cuando comience la oferta, ya que podrá elegir no solamente mayor variedad y los más sanos, sino los de mayor tamaño. Deje que la corriente se lleve al resto de los camarones.

TEODORICO HILDEBRANDT

ELJARDIN@RIONEGRO.COM.AR

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