Escasos compromisos con la niñez

Por Eva Giberti

En Nueva York, durante la semana del 7 al 10 de mayo, se llevó a cabo la Reunión Cumbre por los Derechos de la Niñez.

Participaron representantes de la mayoría de los países de Oriente y Occidente. Como podía suponerse, el clamor de numerosas regiones -entre ellas la Argentina- se hizo escuchar alrededor de los problemas que el hambre y la exclusión generan en niños y niñas. Las estadísticas internacionales al respecto no autorizan ninguna clase de dudas: significativos universos de criaturas sobreviven en la agonía de una miseria institucionalizada y otras mueren debido a la desnutrición sistemática. El reconocimiento de esta realidad no es difícil: lo complejo reside, por parte de las diversas naciones, en la creación de políticas públicas que destinen las partidas presupuestarias capaces de impedir esta mortandad. Los representantes internacionales coincidieron en que no anticipaban un cambio sustantivo en las políticas de sus respectivos países, aunque la reunión cumbre lo recomendara.

Esta perspectiva sólo señala un aspecto acerca del respeto humano que se destina a niños y adolescentes. Veamos la posición de los Estados Unidos añadiendo otra variable negativa. El boletín cotidiano de la reunión informó:

"Estados Unidos ha tratado de dejar de lado la Convención sobre los Derechos del Niño como el estándar mundial para la protección de los derechos de la niñez", afirmó Jo Becker, de Human Rights Watch. Además, está intentando deshacer acuerdos previos de brindar a los y las adolescentes educación y servicios de salud reproductiva y sexual".

Recordemos que la Convención Internacional acerca de los Derechos del Niño, la Niña y la Adolescencia se extiende hasta los 18 años. Estos derechos forman parte de los avances que se lograron en las últimas décadas. Autorizan la información y educación sexual, la recomiendan e incluyen la salud reproductiva en el ámbito de los derechos humanos.

Significa que las mujeres tienen derecho a decidir acerca de su sexualidad, así como siempre los hombres disfrutaron de esa capacidad de decisión, en particular en lo que se refiere a la procreación. Son destinatarios y destinatarias de estos derechos todos los ciudadanos en edad fértil, incluyendo la adolescencia. De acuerdo con la Convención, la adolescencia tiene derecho a formar su propia opinión -ya que los adolescentes son sujetos de derecho- y les compete intervenir en todos aquellas acciones que se involucren con su vida, lo que implica su derecho a la salud y a su intimidad.

Entre nosotros, el acceso a la información, por parte de niñas y púberes, depende del grupo social del cual forman parte: las chicas y las adolescentes pobres son las que por falta de información quedan atrapadas en embarazos no deseados, producto no sólo de su ignorancia, sino del descuido, el hedonismo y la soberbia masculina que se niega a regular su emisión espermática.

El retroceso que implica esta política quizá sorprenda a quienes suponen que el "gran país del Norte" sintetiza el paradigma de los pensamientos de vanguardia. No es así. Y si nos preguntamos por qué Estados Unidos (también Somalia) se negó, desde 1990 a rubricar la Convención, encontraremos una respuesta lógica, aunque para muchos asombrosa: la convención prohíbe la aplicación de la pena de muerte para niños y adolescentes. Estados Unidos no acuerda con este punto. Afirmó: "No a la intervención (de la Convención). Al respecto es nuestro derecho decidir". No aceptan ninguna norma internacional que pudiera oponerse a la decisión de mandar a la silla eléctrica a un niño o a un adolescente. En la legislación de Estados Unidos existen 23 estados que permiten esta pena para menores de 18 años.

Estamos ante otra frustración de índole internacional, y no fue la única, como resultado de esta reunión cumbre de cuyas declaraciones y recomendaciones se esperaban políticas más prometedoras en relación con la niñez y la adolescencia.


Comentarios


Escasos compromisos con la niñez