Miedos (II): el tío Miguel, Salinger, John Cheever y Elfriede Jelinek
A qué le temen Jelinek, Salinger y John Cheever. ¿A qué le temía mi tío Miguel? Fobias y más fobias con las que convivimos y las sufrimos y nos distraen del miedo mayor.
El miedo es parte constitutiva de la vida. Regula nuestro accionar y se expresa en las conductas. Cada uno de nosotros experimenta sus miedos de manera distinta, con intensidades diferentes según cuál sea el objeto de nuestra fobia. Si bien hay muchos miedos que compartimos casi todos como el de las alturas; estos miedos tienen sus gradaciones que van de no querer asomarnos al balcón de un segundo piso hasta la montañista que está colgada de una pared a cientos de metros del suelo. La mayoría estamos en una zona intermedia. Quizás no otra cosa sea calificar a alguien de valiente, entendida como aquella persona que ha superado en determinadas circunstancias un miedo que no podríamos afrontar.
Hay fobias que son un tanto extrañas y nos cuesta a veces confesarlas. Mi tío Miguel, un verdadero Sansón en las tareas del campo, lidiaba imperturbable con cualquier tipo de alimañas; pero le tenía terror a los sapos. Mis alumnos de cuarto año me enseñaron que el miedo a no tener o no poder usar el celular se llama “nomofobia”. Y a juzgar por lo que uno ve en la sociedad, hay enorme cantidad de personas que la padecen. Seguro que entre tus amigas y amigos tendrás quien sufre hematofobia, y ante cualquier situación en la que haya sangre generalmente terminan en desmayo, descomposturas o huidas precipitadas. Un amigo periodista también huye cuando hay mucha gente en un lugar; esto le garantiza que no lo enviarán a cubrir una manifestación…
Elfriede Jelinek, la novelista austriaca, también padece esta fobia social, a tal punto que no fue a recibir el premio Nobel para evitar a la gente; Salinger, el autor de “El guardián entre el centeno”, permaneció oculto por décadas. John Cheever, el escritor estadounidense, sentía fobia a los puentes, a tal punto que durante años evitó el cruce del Tappan Zee Bridge que se extiende sobre el río Hudson en Nueva York. Este miedo irracional lo trasladó a un célebre cuento, “El ángel del puente”, cuyo protagonista sufre del mismo mal que su autor.
Fobias y más fobias con las que convivimos y las sufrimos y nos distraen del miedo mayor.
El miedo es parte constitutiva de la vida. Regula nuestro accionar y se expresa en las conductas. Cada uno de nosotros experimenta sus miedos de manera distinta, con intensidades diferentes según cuál sea el objeto de nuestra fobia. Si bien hay muchos miedos que compartimos casi todos como el de las alturas; estos miedos tienen sus gradaciones que van de no querer asomarnos al balcón de un segundo piso hasta la montañista que está colgada de una pared a cientos de metros del suelo. La mayoría estamos en una zona intermedia. Quizás no otra cosa sea calificar a alguien de valiente, entendida como aquella persona que ha superado en determinadas circunstancias un miedo que no podríamos afrontar.
Hay fobias que son un tanto extrañas y nos cuesta a veces confesarlas. Mi tío Miguel, un verdadero Sansón en las tareas del campo, lidiaba imperturbable con cualquier tipo de alimañas; pero le tenía terror a los sapos. Mis alumnos de cuarto año me enseñaron que el miedo a no tener o no poder usar el celular se llama “nomofobia”. Y a juzgar por lo que uno ve en la sociedad, hay enorme cantidad de personas que la padecen. Seguro que entre tus amigas y amigos tendrás quien sufre hematofobia, y ante cualquier situación en la que haya sangre generalmente terminan en desmayo, descomposturas o huidas precipitadas. Un amigo periodista también huye cuando hay mucha gente en un lugar; esto le garantiza que no lo enviarán a cubrir una manifestación…
Elfriede Jelinek, la novelista austriaca, también padece esta fobia social, a tal punto que no fue a recibir el premio Nobel para evitar a la gente; Salinger, el autor de “El guardián entre el centeno”, permaneció oculto por décadas. John Cheever, el escritor estadounidense, sentía fobia a los puentes, a tal punto que durante años evitó el cruce del Tappan Zee Bridge que se extiende sobre el río Hudson en Nueva York. Este miedo irracional lo trasladó a un célebre cuento, “El ángel del puente”, cuyo protagonista sufre del mismo mal que su autor.
Fobias y más fobias con las que convivimos y las sufrimos y nos distraen del miedo mayor.
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