¿Está EE. UU. enfermo por sus masacres?
Veronique Dupont AFP Los Ángeles
Angustia, depresión, postración… Las matanzas que se multiplican en EE. UU., como la reciente de San Bernardino, hunden a los estadounidenses en un estado de estrés postraumático que se extiende mucho más allá del círculo de sobrevivientes y familiares de las víctimas. “¿Nos hemos convertido en una nación en estrés postraumático?”, se pregunta la psicóloga Jean Kim en la página web Alternet. Si se suman los muertos, los heridos, el personal de emergencia, los familiares, los amigos y todos aquellos que se vieron afectados de cerca o de lejos, “estas masacres han tenido un impacto en todos”, considera el doctor Merritt Schreiber, profesor de psicología de la universidad UC Irvine. Cuando el presidente Barack Obama presentó el martes medidas para reforzar el control de armas de fuego, debió enjuagarse las lágrimas que le corrían por los 20 niños asesinados en el 2012 en Newtown (Connecticut). “No podemos aceptar esta carnicería en nuestra comunidad”, dijo Obama. Desde que este drama marcó a todo el país, sus esfuerzos para que el Congreso apruebe una ley que fortalezca el control de los antecedentes de los compradores de armas han sido vanos, debido a la oposición del bando republicano. Los tiroteos masivos han aumentado desde entonces. El sitio web gunviolencearchive.org registra 330 en Estados Unidos el año pasado, contra 281 en el 2014. Ya el 1 de enero de este año ocurrió otro en Texas que dejó cuatro heridos. Y, cada vez, las imágenes de los civiles, las ambulancias, los familiares desconsolados, las fotografías de las víctimas, se transmiten sin parar en la televisión. Según Merritt Schreiber, “está científicamente comprobado que pasar demasiado tiempo mirando este tipo de incidentes por televisión aumenta la ansiedad, tanto en los adultos como en los niños”. Esto se traduce en una hipervigilancia y un estado de alerta permanente que llega a veces a la paranoia, como el miedo a sentarse en un restaurante de espaldas a la puerta. El riesgo de verse envuelto en un tiroteo forma parte de la vida cotidiana de los estadounidenses. “Los niños de California hacen simulacros en caso de terremotos y ahora crecen con la idea de que estas masacres son normales. Eso les priva del sentimiento de seguridad”, destaca Catie Mogil, una psicólogo infantil que enseña en la universidad UCLA. Para ella, estos pequeños podrían convertirse en una generación de adultos hiperangustiados, como los hijos de los militares.
Opiniones