Estados Unidos metió la cola
Tom Shannon, el hombre George Bush para América Latina, reconoció en una de las entrevistas que mantuvo en Buenos Aires, que la voladura de las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, cambió el orden de prioridades de Estados Unidos y desvío, aún más, la mirada de los halcones sobre una región a la que cada vez le presta más atención China, entre otros colosos asiáticos.
En tren de recomponer relaciones con un continente que, tras la oleada neoliberal de los 90, va girando hacia la izquierda en elecciones libres y democráticas, Shannon fue comisionado por la secretaria de Estado Condoleezza Rice, para observar conductas y «palpar» si la Argentina y Brasil contribuyen a una estabilidad institucional que consideran amenazada por el eje La Habana-Caracas y por el rumbo que vaya a tomar el presidente electo de Bolivia, el dirigente cocalero Evo Morales.
La Cumbre de las Américas, celebrada en diciembre en Mar del Plata, en medio de manifestaciones antiimperialistas y un desafiante discurso del venezolano Hugo Chávez, puso en alerta al gobierno norteamericano, que decidió apelar a la diplomacia para seguir siendo el más influyente del barrio y prevenir, a la vez, las rebeldías que se insinúan por ahora verbalmente.
Fue el senador chaqueño Jorge Capitanich, quien le aclaró al vicecanciller Shannon que más que lo ideológico, en la relación de la Argentina con Venezuela, pesan los intereses económicos: el país caribeño provee fuel-oil y sus petrodólares son de gran ayuda en la reingeniería financiera post-default. El argumento fue sólido, también Estados Unidos se aprovecha del combustible venezolano.
Tras darle una «fina y hospitalaria» cabida a Shannon, según se encargó de subrayar éste ante la prensa, Kirchner se apresta a reunirse con sus colegas Lula, de Brasil, y Chávez. El objetivo: robustecer el Mercosur y contener la conflictividad del venezolano. Brasil y la Argentina, a la vez, tratarán de darle un claro mensaje a los socios menores, Uruguay y Paraguay. La administración del frenteamplista Tabaré Vázquez, con gruesas contradicciones internas, despotricó contra el Mercosur y la Argentina y se prestó al juego «divide y reinarás» de Estados Unidos.
Uruguay, enfrentado con la Argentina por las papeleras, coquetea con un trato de libre comercio bilateral con la potencia hegemónica, con lo cual estaría minando las bases del Mercosur. El mismo derrotero podría seguir Paraguay. Lula y Kirchner se preparan para dar una respuesta esta semana.
En su reunión cara a cara con Shannon – quien vio al Presidente tras aclararle al canciller Taiana que venía para «hacer las paces» luego de la cumbre tormentosa de Mar del Plata-, Kirchner se mantuvo en sus trece contra el ALCA. Sin embargo, endulzó los oídos de Shannon, al ratificarle el compromiso argentino en la lucha contra el tráfico de drogas y el terrorismo. Una misión parlamentaria que encabezará entre otros el senador Miguel Pichetto, viajará a mediados de año a Washington, para coordinar «una integración efectiva» en materias de seguridad hemisférica.
Se le hizo notar al enviado de Rice que el «olvido» de Estados Unidos y su concentración en Iraq y la zona caliente de Medio Oriente, le puede «costar caro». Se habló del surgimiento de liderazgos fuertes. Es una obviedad que el nombre de Chávez irrita a los norteamericanos y que el de Evo Morales encierra incógnitas.
«Estaremos atentos», se le señaló en la Rosada a Estados Unidos, dispuesto hoy a meter la cola en la región. Tanto que Shannon también se reunió con la titular de Economía, para conversar sobre un tema que desvela a Kirchner: las inversiones. El visitante le aseguró a Felisa Miceli, que su país promoverá seminarios conjuntos sobre áreas energéticas, casualmente donde tallan fuerte Venezuela y Bolivia, «a los que hay que contener», según deslizó.
Contradiciendo el último informe del departamento de Estado, que mencionó rasgos populistas en K, Shannon afirmó que las relaciones bilaterales con la Argentina son «excelentes». Elogió la impresionante recuperación económica y justificó de la boca para fuera el enojo del Mercosur con Estados Unidos, por los 20 mil millones de dólares destinados a subsidiar la producción agrícola.
Los resultados de la irrupción norteamericana dependerán en buena medida en como se comporten los socios latinoamericanos. Kirchner ayudó a Tabaré para ganar la Presidencia en Uruguay, pero en la actualidad están enfrentados. También hubo chisporroteos del argentino con Morales, quien hará una escala en Buenos Aires el martes.
«Evo nos necesitará igual que Tabaré», se indicó en cercanías del patagónico.
Kirchner, por otra parte, eludirá presentarse sumiso ante el gobierno de Bush. Le dijo a Shannon que la Argentina también fue víctima del terrorismo, pero que no aplicará leyes rigurosas como en Estados Unidos, porque «aún está fresco lo que pasó en la dictadura militar». Además, mencionó los problemas sociales y los planes para contener las protestas de los desocupados. Precisó que no hay espacio para reprimir a los piqueteros, pese a que éstos terminan violentando derechos de otros ciudadanos.
Al Presidente le encanta mostrarse pragmático. Personalmente, salteando a su ministra, presiona a los industriales para que mantengan los precios de sus productos y no alienten la inflación, un ítem peligroso.
Día a día demuestra Kirchner que es un heredero del fundador del justicialismo. En la casa donde nació el general Perón, en Lobos, hay por caso una placa con su firma, de 2002, en donde se lee que «nuestro movimiento no es sectario ni excluyente…todo el que ha querido llegar, ha llegado». El es una prueba cabal.
ARNALDO PAGANETTI
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