“Estamos cara a cara con la inflación”
–En su último libro –“La Argentina bipolar”– sostiene que la opinión pública del país se mueve automáticamente. En ese marco, conjetura que la volatilidad que define a esa opinión en alguna medida expresa una decisión de precaverse… –Sí, de ajuste cortoplacista que hace a mantenerse alerta mediante un permanente estado de adaptación al país, a la historia que nos caracteriza. Digo en concreto que tenemos una gran capacidad de ajuste debido a la experiencia que tenemos en materia de inestabilidades, entre otras, la inflación –responde a “Río Negro” Manuel Mora y Araujo, sociólogo, catedrático en la Universidad Torcuato Di Tella. –¿La inflación está preocupando a la sociedad argentina? –Sin duda. Se está encontrando cara a cara y diariamente con la inflación. Por eso la gente no ahorra. Gasta y gasta en lo que sea, casi como preparándose para una inflación cada vez más alta. Se defiende gastando. La historia de la ausencia de ahorro en la Argentina está desde hace más de 60 años ligada a esa cultura de defensa ante la inflación. Por algo tenemos la tasa media más alta de inflación del mundo. Yo siempre he sostenido que, mire por donde se la mire a nuestra sociedad, sus reacciones, sus réplicas, tienen que ver con lo que los dirigentes, la política, dejan de hacer o que la gente percibe que dejan de hacer. Veinte años atrás, era difícil situar una opinión contraria a los términos con que la política hacía en relación con temas como la seguridad. La gente podía tener quejas, pero no dudaba en general de que se hacía lo correcto. –¿Y hoy? –Hoy, ante el cariz que ha tomado el tema seguridad, la gente piensa negativamente en cuanto a lo que se hace en esa materia. Y en el tema inflación se vuelve a comprobar una constante que yo, al menos en mis trabajos, siempre señalo: en la Argentina, a la política le cuesta funcionar sin déficit. Como también le cuesta, si no es con déficit fiscal o comercial, arreglárselas sin endeudamiento. Y la gente se da cuenta de cómo terminan esas políticas, adónde suelen conducirla.
Manuel Mora y Araujo, sociólogo
–En su último libro –“La Argentina bipolar”– sostiene que la opinión pública del país se mueve automáticamente. En ese marco, conjetura que la volatilidad que define a esa opinión en alguna medida expresa una decisión de precaverse… –Sí, de ajuste cortoplacista que hace a mantenerse alerta mediante un permanente estado de adaptación al país, a la historia que nos caracteriza. Digo en concreto que tenemos una gran capacidad de ajuste debido a la experiencia que tenemos en materia de inestabilidades, entre otras, la inflación –responde a “Río Negro” Manuel Mora y Araujo, sociólogo, catedrático en la Universidad Torcuato Di Tella. –¿La inflación está preocupando a la sociedad argentina? –Sin duda. Se está encontrando cara a cara y diariamente con la inflación. Por eso la gente no ahorra. Gasta y gasta en lo que sea, casi como preparándose para una inflación cada vez más alta. Se defiende gastando. La historia de la ausencia de ahorro en la Argentina está desde hace más de 60 años ligada a esa cultura de defensa ante la inflación. Por algo tenemos la tasa media más alta de inflación del mundo. Yo siempre he sostenido que, mire por donde se la mire a nuestra sociedad, sus reacciones, sus réplicas, tienen que ver con lo que los dirigentes, la política, dejan de hacer o que la gente percibe que dejan de hacer. Veinte años atrás, era difícil situar una opinión contraria a los términos con que la política hacía en relación con temas como la seguridad. La gente podía tener quejas, pero no dudaba en general de que se hacía lo correcto. –¿Y hoy? –Hoy, ante el cariz que ha tomado el tema seguridad, la gente piensa negativamente en cuanto a lo que se hace en esa materia. Y en el tema inflación se vuelve a comprobar una constante que yo, al menos en mis trabajos, siempre señalo: en la Argentina, a la política le cuesta funcionar sin déficit. Como también le cuesta, si no es con déficit fiscal o comercial, arreglárselas sin endeudamiento. Y la gente se da cuenta de cómo terminan esas políticas, adónde suelen conducirla.
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