Alimentación saludable: menos mitos, más hábitos para cuidar el corazón
Especialistas explican por qué comer mejor no es hacer dieta, sino construir hábitos sostenibles. Claves para armar un plato equilibrado, evitar errores comunes y mejorar la salud en el día a día.
“Hay que cuidar el corazón”. Con esa premisa comenzó una charla en Río Negro Radio entre la cardióloga Sonia Costantini y la licenciada en nutrición Carolina Palmero que puso en primer plano uno de los pilares más importantes de la salud: la alimentación.
Lejos de las dietas de moda, el mensaje fue claro: comer mejor no es una tendencia, es una herramienta fundamental para prevenir enfermedades y mejorar la calidad de vida.
En la práctica diaria, el principal desafío no es solo qué se come, sino cómo se sostienen los hábitos en el tiempo.
Estas profesionales lo plantean con frecuencia: muchas personas saben qué deberían hacer, pero encuentran obstáculos en la rutina, el cansancio o el dolor físico.
“No es una dieta. Es armar una alimentación amigable, que se pueda sostener en el tiempo.”
Carolina Palmero. Licenciada en Nutrición.
En ese contexto, aparece una realidad más profunda: no aprendimos a alimentarnos correctamente.
Palmero lo sintetiza con claridad: la nutrición no es solo para quien tiene sobrepeso o una enfermedad, sino para todos.
Aprender a comer debería ser parte de la educación básica, pero sigue siendo una deuda pendiente.
¿Qué tiene que tener un plato saludable?
Entonces… ¿qué significa realmente “comer bien”?
Una ensalada, por ejemplo, no debería ser solo un conjunto de vegetales. Para que funcione como comida principal, necesita ser un plato completo.
Esto implica incluir:
vegetales variados + una fuente de proteínas (carne, pollo, pescado o huevo) + cereales o legumbres.
“El problema no es solo qué se come, sino cómo se sostienen los hábitos en el tiempo.”
Sonia Costantini. Médica especialista en cardiología.
La clave está en el equilibrio.
No se trata de comer menos, sino de comer mejor combinado para lograr un aporte nutricional adecuado.
El efecto “moda”
En la alimentación actual, muchos productos ganan protagonismo por tendencia más que por conocimiento.
El caso de las semillas es un ejemplo claro: si no se procesan correctamente —hidratadas o molidas—, sus nutrientes no se absorben.
Distinto es el caso de los frutos secos, que sí ofrecen beneficios por sus grasas saludables, aunque deben consumirse con moderación.
El punto central es entender que no todo lo que parece saludable lo es en la práctica.
Uno de los ejes más preocupantes es la cantidad de información incorrecta que circula: dietas extremas, recomendaciones sin respaldo y experiencias personales que se presentan como verdades generales.
¿Y los suplementos?
El consumo de suplementos creció de manera exponencial: creatina, magnesio o proteínas en polvo forman parte de la rutina de muchas personas, incluso sin indicación.
Sin embargo, la evidencia es clara: la mayoría de las personas no los necesita.
Cuando la alimentación es adecuada, cubre los requerimientos nutricionales.
Los suplementos solo tienen sentido en casos específicos, evaluados de manera individual.
De lo contrario, no aportan beneficios reales y pueden ser innecesarios.
Escuchá a Sonia Costantini y a Carolina Palmero en «El diario del Mediodía» (lunes a viernes de 11 a 14) por RÍO NEGRO RADIO
Ultraprocesados: el problema invisible
La vida acelerada empuja a elegir opciones rápidas: snacks, galletitas o productos listos para consumir.
El problema es que, incluso aquellos que se venden como “saludables”, siguen siendo ultraprocesados.
En muchos casos, desplazan alimentos que deberían ser la base de la alimentación, como frutas, lácteos o cereales integrales.
El desafío es volver a lo simple: comida real, preparada o elegida con criterio.
Flexibilidad: la clave para sostener cambios
Uno de los conceptos más importantes que atraviesa toda la charla es la flexibilidad.
Las conductas extremas —cumplir todo perfecto o abandonar— suelen ser las más frecuentes.
“Hay pacientes que con el susto cumplen todo al pie de la letra una semana, un mes con suerte. Después lo dejan”, explica Costantini.
Por eso, la propuesta es más realista:
“Si te salís de la calidad, medí la porción. No hace falta que sea perfecto. No es la última cena”, plantea Palmero.
Ese enfoque permite sostener hábitos en el tiempo sin caer en la frustración.
Dietas estrictas: un error común
Pensar la alimentación como una dieta rígida suele ser el principal obstáculo.
Planes que implican pesar alimentos, eliminar grupos enteros o seguir reglas inflexibles terminan siendo insostenibles.
El resultado es conocido: se cumplen por poco tiempo y luego se abandonan.
El enfoque actual es otro: adaptar la alimentación a la vida de cada persona, no al revés.
La sostenibilidad es más importante que la perfección.
Ayuno intermitente: qué tener en cuenta
Entre las tendencias más difundidas aparece el ayuno intermitente.
Sin embargo, su aplicación generalizada genera más problemas que soluciones.
El riesgo está en lo que ocurre después: largos períodos sin comer que derivan en ingestas desordenadas o excesivas.
Sin una estructura adecuada, no garantiza una alimentación de calidad ni resultados sostenidos.
Adolescentes: aprender a decidir
En los más jóvenes, el desafío es doble.
Por un lado, construir un entorno saludable en el hogar. Por otro, fomentar la autonomía.
“Con los adolescentes tratamos de trabajar la autonomía, que empiecen a decidir. No todo puede depender de lo que haya en la casa”, explica Palmero.
Eso implica un cambio de lógica: involucrarlos en sus propias decisiones.
“Muchos dicen ‘no como fruta porque en mi casa no hay’. Bueno, también podés pedir, organizarte, empezar a elegir”, plantea.
En los niños más chicos, el foco está en el entorno:
“Si en la casa hay galletitas y alfajores todo el tiempo, el chico los va a comer. No existe eso de ‘lo compro para tener’”, advierte.
Cómo empezar a cambiar hábitos
Uno de los puntos más importantes es que el cambio no empieza por una dieta, sino por entender la rutina.
“Primero escucho. Horarios, trabajo, cómo vive, qué come, con quién. Si no tengo esa foto, es imposible armar algo que la persona pueda sostener”, explica Palmero.
Esa mirada permite detectar uno de los principales problemas: planes alimentarios que no encajan con la vida real.
“No podés indicarle a alguien un licuado a las 10 de la mañana si está en una oficina y no lo puede hacer. Si arrancamos por algo imposible, ya fracasamos”, concluye.
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