Cómo conectar con adultos mayores en la era digital: claves para evitar la soledad y fortalecer los vínculos

La brecha digital, el uso del celular y el fenómeno del “phubbing” impactan en la vida de los adultos mayores. Cómo mejorar la conexión, evitar el aislamiento y construir vínculos más fuertes en tiempos digitales.

Por Juan Moro

La escena es cada vez más habitual: una mesa familiar, varias generaciones reunidas y, sin embargo, una distancia difícil de explicar. No es un silencio cómodo, sino uno marcado por la desconexión. Los más jóvenes con la mirada en sus celulares; los adultos mayores, presentes pero sin lograr integrarse del todo.

Esa imagen, que se replica en hogares de todo el mundo, hoy es el punto de partida para entender un fenómeno en crecimiento: el aislamiento social en personas mayores en un mundo cada vez más digital, donde el problema no es solo la soledad, sino la sensación de quedar afuera incluso cuando se está acompañado.

El fenómeno no ocurre en el vacío. Hay un contexto global que lo explica. La población mundial está envejeciendo a un ritmo acelerado. Según estimaciones internacionales, el porcentaje de personas mayores de 65 años pasará del 10% al 16% en 2050, acercándose incluso a la cantidad de niños en el planeta.

“Podemos estar todos en la misma mesa y, sin embargo, dejar a alguien afuera: el desafío es volver a hacer del encuentro un lugar donde todos se sientan parte”.

Sonia Amaro.

Este cambio demográfico implica un desafío profundo: cómo integrar a una población cada vez más numerosa en un mundo que cambia cada vez más rápido.

“Hoy hablamos de una vejez activa completamente distinta a la de hace décadas”, explica la profesora de Psicología, orientadora vocacional de adolescentes y adultos, Sonia Amaro, a RÍO NEGRO.

Sonia Amaro, en diálogo con RÍO NEGRO. Foto: Archivo.-

“Antes una persona de 60 ya era considerada grande. Hoy tenés adultos de 80 o 90 activos, presentes, con ganas de participar”.

Sin embargo, esa mayor longevidad convive con una transformación tecnológica que avanza a un ritmo difícil de seguir.


La brecha digital


La digitalización trajo enormes ventajas: acceso a la información, comunicación inmediata, nuevas formas de entretenimiento. Pero también generó una brecha digital que impacta especialmente en las personas mayores.

Muchos adultos mayores se sienten excluidos porque no dominan herramientas que hoy son centrales para la vida cotidiana: desde aplicaciones hasta trámites online. Esa dificultad no es solo técnica: tiene consecuencias emocionales.

La evidencia muestra que la exclusión digital aumenta la sensación de soledad y marginación, afectando la salud mental y el bienestar.

Paradójicamente, la tecnología que podría acercar, muchas veces termina alejando.

Fotos gentileza.-

En este escenario, un estudio reciente de la Universidad de Madrid sobre aislamiento social en adultos mayores aporta un dato clave: el factor más determinante no es la falta de vínculos, sino la exclusión dentro de esos vínculos.

Es decir, no alcanza con estar en una reunión familiar. Lo importante es sentirse parte de lo que está pasando.

Ese mismo estudio advierte que este fenómeno se intensificó después de la pandemia y que impacta directamente en la calidad de vida, la satisfacción personal y la salud.


El phubbing: cuando el celular desplaza al otro


En la vida cotidiana, esta exclusión muchas veces se manifiesta en gestos pequeños, pero significativos. Uno de ellos es el “phubbing”, ignorar a alguien por prestar atención al celular.

Puede parecer algo menor, incluso naturalizado. Pero para quien lo vive desde el otro lado, tiene un peso distinto.

“Podés estar en una conversación, pero no estar. Y eso el otro lo siente”, explica Amaro. “Para una persona mayor, ese registro es muy fuerte”.

El estudio confirma esta percepción: las personas mayores interpretan estas conductas como señales de desinterés o rechazo, lo que profundiza la distancia emocional.


Detrás de todo esto hay algo más profundo: la necesidad de pertenecer.

Incluso se detecta en adultos mayores una forma de FoMO —el miedo a quedarse afuera— que los impulsa a intentar adaptarse a entornos digitales para seguir conectados con su entorno.

“Hay una necesidad imperiosa de no quedar afuera”, señala Amaro. “Y cuando eso sucede, aparece la soledad, incluso estando rodeado de gente”.

Ese sentimiento puede ser silencioso, pero persistente. Y muchas veces pasa desapercibido en la dinámica familiar.


Lo que las generaciones mayores tienen para aportar


En una cultura que prioriza lo inmediato y lo nuevo, lo anterior muchas veces queda relegado. Pero allí hay un capital enorme.

“Las personas mayores necesitan sentirse validadas. Saber que lo que tienen para decir suma”, explica la especialista.

Historias, experiencias, aprendizajes, formas de ver el mundo. Todo eso no solo enriquece la conversación, sino que también construye identidad y vínculo.

Además, esos relatos permiten conectar generaciones que, de otro modo, podrían quedar separadas por la velocidad del presente.

La tecnología, lejos de ser solo un obstáculo, también puede ser una herramienta para integrar.

Muchos adultos mayores buscan aprender a usar dispositivos, aplicaciones o redes sociales justamente para no quedar afuera. Y cuando lo logran, el impacto es significativo.

“Cuando un abuelo aprende algo nuevo, se siente parte. Y eso es fundamental”, afirma Amaro.

El proceso no es inmediato. Requiere tiempo, paciencia y acompañamiento. Pero también genera algo más profundo: un espacio de encuentro intergeneracional.


El valor del tiempo y la paciencia


En ese intercambio aparece otro aprendizaje clave. Las generaciones mayores traen consigo valores que hoy muchas veces quedan relegados: la paciencia, la perseverancia, el esfuerzo.

“Hoy todo tiene que ser rápido. Pero hay cosas que necesitan tiempo. Y eso también es algo que los adultos mayores pueden enseñar”, sostiene Amaro.

Esa lógica del tiempo compartido puede convertirse en un punto de encuentro, en un puente entre dos formas de habitar el mundo.

En la rutina diaria, muchas veces los vínculos quedan atrapados en la lógica del cumplimiento. Se visita, se pasa un rato, se sigue.

Pero el vínculo no se sostiene desde la obligación.

“No se trata de ir a cumplir. Se trata de que ese rato tenga sentido, que deje algo”, plantea la especialista.

A veces, la diferencia está en gestos mínimos: dejar el celular, escuchar con atención, hacer una pregunta, sostener una mirada.


Desafío colectivo


El avance tecnológico va a seguir. La digitalización no se detiene. Pero el desafío no es resistir ese cambio, sino cómo convivir con él sin perder lo esencial.

El estudio lo plantea como una oportunidad: repensar los vínculos, reducir la distancia emocional y construir espacios donde todos puedan sentirse parte.

Porque, en definitiva, la conexión no se mide en cantidad de mensajes ni en velocidad de respuesta.

Se mide en algo mucho más simple y mucho más profundo: sentirse visto, escuchado y parte de algo.


Claves para achicar la brecha


  • El celular no está invitado a la mesa: dejar las pantallas de lado y brindar atención real.
  • Fomentar el uso activo de redes sociales: no solo consumir contenido.
  • Participar en actividades virtuales: talleres, lectura, música.
  • Impulsar aplicaciones simples y accesibles.
  • Facilitar el acceso a telemedicina.
  • Enseñar con paciencia.
  • Evitar el phubbing.
  • Dar protagonismo a los adultos mayores.
  • Construir encuentros con sentido.


La escena es cada vez más habitual: una mesa familiar, varias generaciones reunidas y, sin embargo, una distancia difícil de explicar. No es un silencio cómodo, sino uno marcado por la desconexión. Los más jóvenes con la mirada en sus celulares; los adultos mayores, presentes pero sin lograr integrarse del todo.

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