Qué plantar en primavera para llenar de flores y color el jardín
Con los días más largos comienza una de las mejores épocas para renovar canteros, macetas y balcones. Desde zinnias y cosmos hasta lavandas y girasoles, qué especies elegir y cuáles son los cuidados básicos para que prosperen.
Más que elegir una flor solamente por su aspecto, el secreto está en buscar la especie adecuada para cada rincón.
La llegada de la primavera cambia el ritmo del jardín. Aumentan las horas de luz, comienzan a subir las temperaturas y muchas plantas retoman con fuerza su crecimiento, aunque el momento exacto para sembrar o trasplantar depende de cada especie y de las condiciones del lugar.
Por eso, antes de comprar semillas o plantines, hay tres cuestiones que conviene mirar: cuántas horas de sol recibe el espacio, cómo drena el suelo y qué disponibilidad de riego tendrá la planta. Son factores que pueden marcar la diferencia entre una floración abundante y una planta que apenas logra desarrollarse.
No hace falta, además, contar con un jardín enorme. Muchas especies pueden cultivarse en macetas, recipientes profundos o pequeños canteros, siempre que tengan el espacio y las condiciones que necesitan.
Zinnias: mucho color y una floración generosa

Las zinnias son una alternativa interesante para quienes buscan sumar color durante los meses cálidos. Existen variedades de diferentes alturas y flores simples, dobles o semidobles, con una amplia gama de tonalidades.
Prefieren pleno sol y suelos con muy buen drenaje. Además, son atractivas para distintos polinizadores, especialmente las mariposas. Una vez iniciada la floración, retirar las flores que se van secando favorece la aparición de nuevos botones.
Un punto importante es la temperatura. Para sembrarlas directamente en el exterior conviene esperar a que el suelo se haya calentado. También pueden iniciarse previamente en almácigos y trasladarse después a su ubicación definitiva.
Cosmos: una opción sencilla para espacios soleados

Con flores livianas y tallos largos, los cosmos funcionan especialmente bien en sectores con varias horas de sol. Se adaptan a suelos bien drenados y no necesitan terrenos excesivamente fértiles: de hecho, un exceso de fertilización puede estimular el desarrollo de hojas en detrimento de las flores.
Pueden cultivarse a partir de semillas y algunas variedades comienzan a florecer aproximadamente entre ocho y doce semanas después de la siembra, aunque el tiempo dependerá de las condiciones ambientales.
También son una buena alternativa para quienes quieren tener flores para cortar y llevar al interior de la casa.
Caléndulas: fáciles de cultivar y de colores intensos

Amarillas y anaranjadas, las caléndulas se destacan por ser relativamente sencillas de cultivar. Pueden crecer a pleno sol y necesitan un suelo que permita eliminar correctamente el exceso de agua.
La siembra puede hacerse a partir de semillas y el riego debe ser regular, pero sin mantener la tierra permanentemente encharcada. Retirar las flores marchitas también puede ayudar a prolongar la producción de nuevos botones.
Girasoles: desde una maceta hasta el fondo del jardín

No todos los girasoles se convierten en plantas gigantes. Existen variedades de menor porte que pueden incorporarse a jardines pequeños, mientras que las más grandes necesitan mayor separación y, en algunos casos, un soporte.
Una condición sí es prácticamente indispensable: el sol. Necesitan al menos unas seis horas de exposición directa y un suelo con buen drenaje. Durante las primeras etapas de crecimiento requieren un suministro regular de agua que favorezca el desarrollo de raíces fuertes.
Además de su valor ornamental, sus flores aportan alimento y atractivo para distintos animales e insectos del jardín.
Lavanda: mucho sol y cuidado con el exceso de agua

La lavanda es otra de las especies que puede transformar un sector del jardín no sólo por sus flores, sino también por su aroma.
Su principal requisito es bastante claro: necesita mucho sol y un suelo que drene muy bien. La acumulación permanente de humedad alrededor de las raíces puede perjudicar seriamente a la planta.
Una vez establecida tolera condiciones relativamente secas y no necesita un suelo especialmente rico. También puede cultivarse en recipientes, siempre que tengan buenos orificios de drenaje.
Hortensias: no todas las plantas quieren pleno sol

La primavera también es un buen momento para observar y mejorar las condiciones de plantas que ya están instaladas en el jardín. Las hortensias son un buen ejemplo de que no todas las especies necesitan las mismas condiciones.
Muchas variedades se desarrollan mejor con sombra parcial, suelo bien drenado y humedad suficiente. Además, en algunas hortensias —especialmente Hydrangea macrophylla— la composición y el pH del suelo influyen sobre el color de las flores: condiciones más ácidas pueden favorecer tonalidades azules, mientras que valores de pH más altos pueden producir tonos rosados.
Antes de plantar, mirar el jardín
Más que elegir una flor solamente por su aspecto, el secreto está en buscar la especie adecuada para cada rincón. Un balcón que recibe sol durante buena parte del día no tiene las mismas condiciones que un cantero sombreado o un patio donde el suelo permanece húmedo.
También hay que tener en cuenta que la primavera no empieza igual para todas las plantas. Algunas semillas necesitan que el suelo alcance determinada temperatura antes de germinar correctamente, mientras que otras especies toleran condiciones más frescas.
Por eso, antes de sembrar conviene revisar las indicaciones específicas de cada variedad y prestar atención a tres claves: sol, agua y drenaje. Con esa combinación bien resuelta, macetas, balcones y jardines pueden empezar ahora a prepararse para desplegar todo su color durante los próximos meses.
La llegada de la primavera cambia el ritmo del jardín. Aumentan las horas de luz, comienzan a subir las temperaturas y muchas plantas retoman con fuerza su crecimiento, aunque el momento exacto para sembrar o trasplantar depende de cada especie y de las condiciones del lugar.
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