Europa: ¡a emitir que se acaba el mundo!

Por Redacción

DARÍO TROPEANO (*)

Semanas atrás, el ministro de Economía francés Pierre Moscovici aseguró que el dogma de la austeridad ha cesado en Europa, comenzando la etapa del crecimiento económico. Simultáneamente anunció que se iba reducir el gasto público en los próximos dos años, incluso los de la seguridad social. Horas antes el Consejo de Ministros francés presentó el recorte de 20.000 millones de euros para el 2014, tras los 40.000 millones de recorte fijados para el 2013. Ello en el marco de una deuda pública que ha superado el 95% del PBI y que no cederá en su crecimiento. El gobierno de Portugal anunció una nueva ronda de ajustes, reduciendo en 30.000 los agentes públicos y con recortes a la seguridad social. En Italia, el primer ministro Letta ha dicho que la prioridad principal de su gobierno es reducir el tamaño de la administración pública para relanzar la economía. Todos los datos conocidos indican que la depresión económica se extiende en Europa y aun Alemania –el gran acreedor de Europa– tiene escasas posibilidades de crecimiento durante el año en curso a pesar de haber ampliado apenas un 3% su PBI (el resto de Europa lo redujo por caso el 5,5%) y disponer de un importante sector de trabajadores con bajos salarios. La banca alemana ha prestado por doquier a otros bancos europeos hoy insolventes, debido a la acumulación de capital de sus corporaciones. La concentración del ingreso en aquel país es notoria: el 10% más rico de la población dispone del 55% de la renta y el 50% más pobre del 1% (Attac España), lo que ha dado a la banca ingentes recursos disponibles durante estos últimos años. Ante semejante cuadro –como venimos repitiendo desde hace tiempo en estas páginas–, la emisión monetaria descontrolada ha sido la única solución profunda ensayada por la Reserva Federal de Estados Unidos, ahora por el Banco de Japón (luego de años de depresión) y el BCE (Banco Central Europeo), el que hace pocos días anunció una nueva baja de tasas de interés y ronda de emisión monetaria (barra libre de liquidez). Se trata en realidad no de inyectar dinero en la economía real para reactivar, para prestar a la industria y al consumidor, sino de cancelar deuda de los bancos insolventes, limpiando sus balances para hacerlos viables y habilitar fondos a éstos para continuar especulando. Un ejemplo. Hace pocos días en España el Banco Sabadell –con graves problemas de endeudamiento– ha adquirido a un euro el Banco Gallego. Qué sucedió. Pues que el Banco Gallego no valía nada, es más: su patrimonio neto negativo era de 245 millones de euros, es decir que debía 245 millones más de lo que tenía. Qué sucedió. Pues el Estado español puso los 245 millones y cedió el Banco Gallego al Sabadell, así de simple. Ésta es la forma en que se privilegia a la banca por sobre el desarrollo nacional, ésta es la línea de solución adoptada –ante el colapso de la globalización– por Occidente hace ya varios años para mantener la tasa de ganancia de un pequeño grupo sobre cientos de millones de personas. La debilidad económica ha impactado directamente contra el empleo y la actividad económica, lo que ha servido para mantener a raya la inflación, obligando a las empresas a bajar costos y precios para mantenerse a flote. Es una consecuencia económica elemental y la Argentina la conoce perfectamente. La austeridad ha sido impuesta dada la influencia decisiva que los sectores financieros e industriales ejercen sobre los gobiernos de Europa –alejados de políticas de inclusión social y desarrollo equilibrado–, en orden a buscar achicar costos y competir con los emergentes, preservando rentabilidad. La financierización de la economía aumentó notablemente la renta sobre el capital, disminuyendo la del trabajo, empobreciendo a la población. Este cuadro habilitó el desmantelamiento del Estado de bienestar y se encuentra en plena etapa de consolidación. El Banco Central Europeo aduce que se trata de ayudar a reactivar la economía y evitar la deflación de precios (disminución de ellos por depresión económica). Pero en realidad la baja de las tasas (0,5 % anual) es una nueva ronda de liquidez para los bancos para limpiar sus balances y que dispongan de fondos que se inyectarán a la especulación en los mercados financieros de derivados (títulos sobre deuda, intereses, materias primas, acciones, sin respaldo alguno). Esto explica el alza de las bolsas europeas y de Wall Street. Nada para la economía real, la cual no reacciona, más combustible para la especulación financiera: una nueva y gran burbuja especulativa está en desarrollo y el próximo crack es impredecible en sus resultados. El presidente del BCE –al anunciar los recortes de tasa de interés– ha dicho claramente que se va a incentivar el mercado de ABS (títulos respaldados en créditos), para reactivar las pymes con el fin de que ellas puedan emitir deuda garantizada por el BCE. Ello en tanto las anteriores inyecciones de dinero no llegaron a su destino. Parece sí que el BCE no dispondrá de nuevos salvatajes a los Estados endeudados. La baja del tipo de interés pretende que los bancos reciban dinero del BCE al 0,5% anual. Simultáneamente, al disminuirse también la tasa de depósitos bancarios –los ahorristas perciben entre el 1,80 y el 2,20% anual–, se aumenta el margen de intermediación de los créditos (la diferencia entre lo que toman de sus clientes y lo que prestan) y los bancos se financian más barato. Pero, además, alienta a los ahorristas a prestarles a los países endeudados con mejores tasas de interés que la abonada por los bancos (los países pagan tasas del 3 al 5%) a través de las sucesivas emisiones de bonos de los Estados endeudados, lo cual es una pretensión clara del BCE. Se trata de captar un billón de euros de familias y ahorristas pequeños, evitando más emisión, para destinar a socorrer a los países. Pero, como nada es casual, a partir del 1º de enero del 2013 el Consejo de Europa dispuso, como obligación en toda emisión de deuda de los países de la UE, que se inserten cláusulas de acción colectiva (CAC), es decir que en la emisiones de bonos de los Estados se establezca que una mayoría de acreedores pueda modificar las condiciones originarias de pago, plazo o tasa de interés. Esto es: si el Estado no puede pagar lo comprometido, una mayoría de acreedores puede cambiar las condiciones. Para los inversores profesionales ésta es una pauta concursal habitual y reconocida y para el pequeño inversionista, un obstáculo difícil de evitar y que afectará sus ahorros. La emisión sigue entonces, hasta que el mundo sea éste. (*) Abogado. Docente de la Facultad de Economía de la UNC