Fabricar problemas
El FpV relega a Albrieu y posiciona a una Soria en la lista para Diputados.
ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar
El oficialismo traduce en estropicios hasta las buenas acciones. Una positiva medida de cruzamiento masivo de presunta doble percepción de los estatales trocó en fallido y traumático ensayo. Esos condimentos actúan en el proceso electoral, ya tortuoso para el Frente para la Victoria. Al diputado Oscar Albrieu se le esfumó su segura reelección al difundirse que percibió simultáneamente su retiro de juez y la dieta. Otra censura provoca el relevo elegido, María Emilia Soria, la hija del gobernador fallecido. Una joven de 28 años y capacitada abogada pero ignota en la política y que ascendería a la Cámara de Diputados. El gobierno está sumido en la fundación de sus problemas. Quedó enrejado cuando se conoció que una valiosa pesquisa de la Función Pública detectó a estatales –empleados y funcionarios– con dobles haberes. Su resultado fue remitido a cada organismo porque se advertían incompatibilidades. Omar Alfonso, el abogado de 30 años a cargo de esa secretaría, procedió bien pero trastabilló en su ingenuidad. La política no permite libre albedrío, aun cuando se trata del seguimiento de las leyes. La repercusión sorprendió a Economía y Alejandro Palmieri apoyó a Alfonso, pero retrocedió frente a su difusión. Ocurrió después de una fuerte reprimenda del gobernador. Atemorizado, el ministro clausuró sin más el plan. Las factibles incompatibilidades detectadas por su secretaría ya no eran tales. Esos impedimentos mudan según sus interpretaciones legales, ligadas a cada decisión política. Hasta ahora la Función Pública aplicó un criterio estrecho de la ley de Ética Pública (3550), que la Justicia utilizó cuando deshabilitó de ese Poder a los peritos y mediadores que eran convocados pero que además tenían cargos públicos. Ese principio respondía a un dictamen del 2005 de la Fiscalía de Estado que entendía “irrelevante la naturaleza jurídica de la relación que exista con el Estado”; se encuadraba así a los contratos y honorarios entre las incompatibilidades. Últimamente, el fiscal Pablo Bergonzi aplicó una visión menos restrictiva, aceptándolas porque son “actividades liberales”. El razonamiento ciudadano más simple censura que el Estado, en el sentido más amplio, asigne dos o más retribuciones a un agente o funcionario. Pero poco queda del propuesto impulso de “transparencia” para la doble percepción. Tardíos, pero aparecen ajustes, como que Gobierno habría detectado que un funcionario –el director Hugo Vera, esposo de la legisladora Tania Lastra– olvidó declarar por más de un año su retiro policial, al cual se le debe retener un porcentaje según una ley provincial. Tendría que restituir lo cobrado. El listado de la Función Pública servirá a Weretilneck para alentar pretendidos alejamientos, como el del secretario de Desarrollo Social, Luis Ostrej, y el del subsecretario de Salud, Edmundo Larrieu. Podrían ser otros más, pero el resto se licuará. Alfonso concurrió a la Fiscalía de Investigaciones y entregó las listas pero relativizó su faena, consciente de la furia despertada. Tanto que algunos ya lo visualizan afuera del cargo. Despuntan otros conflictos. La crítica pública del Movimiento Evita ventiló otra fisura. Esa organización fue la alianza K elegida por Weretilneck en octubre, después de la crisis con el senador Miguel Pichetto. El gobernador cerró con esa agrupación y sumó a Ernesto Paillalef en Desarrollo Social. Detectó rápidamente limitados canales nacionales de su ministro y acumuló más quejas que gratitudes de parte de esa gestión. Persiste en sospechar de su utilización sectorial. Ese recelo se expone cuando sigue en su despacho un centenar de becas para su traspaso a contratos. Aún no tienen el aval del mandatario, quien detecta una selecta elección política de Paillalef. En ese marco el Movimiento Evita alertó del “ahogo financiero” a su cartera. En esta disputa Weretilneck está con Economía. “Se están cubriendo porque sólo hay quejas y no ejecutan”, advirtió el mandatario mientras pidió a la legisladora Lastra que respondiera el comunicado del Movimiento. Hay otro ingrediente: el malogrado intento de la organización para que su diputada Silvia Horne integrara la lista al Senado, acompañando a Pichetto. Ese segundo lugar recayó en Silvina García Larraburu. Dudó mucho, pero Weretilneck desactivó su inscripción en esa boleta en tercer lugar. El pichettismo estaba entusiasmado. Aquél lo había ofrecido en la Casa Rosada, buscando expeler cualquier incertidumbre de acompañamiento electoral. Creía, por entonces, que el diseño tendría otros jefes provinciales partícipes. Aun así, el dispositivo de disuasión se centró en que esa aparición se juzgaría como un abandono de su actuación para el 2015, cediendo el terreno al senador. La desazón y el desbande serían los próximos pasos. Pedro Pesatti, presidente del bloque oficialista, blanqueó ese dilema, tanto que enclavó la futura fórmula Weretilneck y Carlos Peralta. Exageró en su fervor y repuso las suspicacias internas de lo que efectivamente disputa el FpV en la presente elección. Oscar Albrieu deplorará por mucho tiempo el irregular atajo elegido frente a su doble percepción. Lo pagó con su frustrada reelección. Intentó esta semana un auxilio de la Casa Rosada. Ya era tarde. Su estrella cayó el domingo en una cumbre reunida en Roca. Juntos, Pichetto, Weretilneck, Peralta, Pesatti, Ariel Rivero, Javier Iud y Martín Soria, entre otros, clausuraron su etapa parlamentaria. Allí, además, se ponderó que los intendentes deberían asumir un protagonismo central en la campaña. Fue una demanda del pichettismo, con destino claro: Roca. Soria emana sospechas. Esa desconfianza no es nueva y la reacción del jefe roquense procura replicar el diseño que su padre contrapuso en el 2007 ante similares temores de Pichetto, candidato a la gobernación. Carlos Soria, consolidado en su ciudad, ubicó a su hijo Martín en primer lugar en el circuito para la Legislatura. Pichetto incluía a un Soria en un tramo de su boleta. No fue suficiente. Perdió en el terruño sorista por algo más de mil votos mientras que, cuatro meses después, el intendente superó por 29.000 votos a la UCR. Semejante contraste siempre atormentó de conjeturas al senador. Ahora, Martín Soria sugirió a Pichetto a una Soria, María Emilia. Luis Bardeggia ocupaba esa postulación hasta el jueves pero el intendente insistió en que el PJ no podía relegar otro espacio. Pichetto aceptó y el viernes con Weretilneck bajaron a Bardeggia al segundo lugar. Valoraron similares motivaciones electorales que en el 2007: la garantía de trabajo del sector y la utilización de un apellido arraigado positivamente en el Alto Valle. El intendente asume un riesgo mayúsculo. “A todo o nada”, admite. Defiende a su hermana: “no es una impresentable” y “pondrá la garra” sorista. Todo responde a su construcción de poder, demasiado cerrada todavía. Además, no hay plena analogía con el pasado. Martín Soria tampoco era conocido, pero María Emilia se hizo pública por su dolorosa presencia en el escenario del asesinato de su padre y el acompañamiento judicial de su madre, Susana Freydoz. Esta propulsión superlativa reitera aquella tan arraigada propensión familiar en las esferas políticas y estatales. Por su traza de hace seis años, Carlos Soria afrontó censuras aunque su imagen proporcionaba una experiencia y ponderación especial. Ese crédito no atesora –por lo menos todavía– su hijo Martín. Coincidentemente, esta semana sufrió la fractura del bloque de concejales y el viernes la mayoría de los intendentes autoconvocó en El Bolsón a la Liga sin él, que es su presidente. Las palabras, los viejos y nuevos discursos, siempre borrados por las acciones. Allí se traduce el balance más negativo del oficialismo.
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