Femicidios: el pedido de perpetua une a tres familias
Leticia Gómez, Patricia Parra y Evangelina Cayuleo fueron asesinadas por hombres, el año pasado en la zona. La Justicia está a punto de aplicar las penas. Dos de ellas denunciaron a sus ex, pero las perimetrales no los disuadieron.
Los familiares de tres mujeres asesinadas el año pasado esperan que la Justicia les aplique prisión perpetua a los autores.
Los crímenes, en distintos escenarios, conmovieron a la región y trascendieron a nivel nacional por su nivel de violencia.
Leticia Gómez era una joven roquense que fue ultimada de una puñalada por su expareja Mario Bravo, un conocido enfermero. Patricia Parra, de Cervantes, murió tras recibir una brutal paliza y más de 30 puñaladas con un cuchillo que le aplicó Eduardo Valenzuela, de quien se había separado tras sufrir una historia de golpizas y amenazas. Evangelina Cayuleo fue muerta a balazos por su vecino Basilio Huenumilla, un policía de Roca que ya había protagonizado otro hecho violento.
Los tres juicios concluirán en breve y hay coincidencia en la solicitud de prisión perpetua para los acusados.
El primero que conocerá la pena será el enfermero, que ya fue declarado culpable. Este martes se dará a conocer el fallo de los jueces Oscar Gatti, Daniel Tobares y Gustavo Quelín.
Huenumilla ya fue declarado culpable de homicidio doblemente agravado, por ser policía y usar su arma reglamentaria. Ahora resta el juicio de cesura, en el que se definirá el monto de la pena.
En tanto que el lunes se conoció el veredicto de culpabilidad para Valenzuela. En los próximos días se definirá la pena.
Lo que más destacan las familias de las víctimas es que en el caso de Gómez y Parra ambas mujeres realizaron la denuncia 3040 de violencia familiar y sus exparejas tenían una prohibición de acercamiento. Sin embargo, la cautelar no fue suficiente para evitar las muertes y el daño golpeó con dureza a las familias de las víctimas.
Además de estos casos con el peor final, otras víctimas de violencia de género denunciaron a sus exparejas por golpearlas y están luchando en la Justicia para que sus agresores sean condenados.
Esperó que salga del colegio y la apuñaló

El 21 de junio del año pasado Mario Bravo, un enfermero de Roca de 54 años, esperó a su expareja Leticia Gómez que volvía a su casa del colegio nocturno. La mujer de 25 años había realizado tiempo atrás la denuncia 3040 por violencia de género y se había resuelto contra Bravo una prohibición de acercamiento.
Sin embargo, esa noche el enfermero fue hasta la casa de Gómez. Se puso guantes blancos y, cuando la víctima bajó de su auto, la atacó a golpes y luego le dio una certera puñalada debajo del busto que terminó con su vida.
“Leticia era una buena mamá, una buena hija, respetuosa con todos, era pura risa”, dijo emocionada Blanca Bustamante, la mamá de la joven. Fue durante la marcha del 8 de marzo pasado.
El femicida era el padre de la hija menor de la víctima, de 4. Ella además tenía otra niña de 8.
“Quiero que Bravo se muera en la cárcel, que le den perpetua, es lo mínimo que se merece”, pidió Blanca.
La madre se quebró en lágrimas tras recordar el padecer de Leticia. “No es lo mismo, me hace falta mi hija. Me siento comprometida con la causa feminista”, finalizó.
El 1 de marzo el imputado fue declarado culpable de homicidio doblemente agravado por la relación de pareja y mediar violencia de género.
Marcelo Hertzriken Velasco, abogado de la querella, señaló que al enfermero Bravo le corresponde como pena la prisión perpetua.
“Se acreditó que aplicó violencia física, psíquica, emocional, económica y sexual”, aseguró el letrado.
“Leti siempre andaba con miedo por como él la trataba. Que le den perpetua, que no salga, que por mí se muera en la cárcel”.
Daisy Gomez, hermana de la víctima
En el juicio de cesura ofreció como prueba el testimonio brindado por una psicóloga de la Comisaría de la Mujer de Roca. “Ella registró lo que padeció Leticia, también van a prestar declaración una docente que trabajó con la víctima y su mamá”.
Durante el juicio, el testimonio de un policía fue crucial, ya que recordó que Bravo reconoció haberla matado “porque lo engañaba”.
También la hermana de la víctima, Daisy Gómez, señaló que el enfermero trataba a su hermana “de ‘putita’, ‘trola’. No entendía que todo ya estaba terminado. Decía que ella tenía un macho en todos lados”, declaró la joven ante la Justicia.
“En una oportunidad, y pese a que ya estaban separados, él quiso forzarla a tener relaciones, ella se negó y él la golpeó”, expresó la joven.
Ya declarado culpable, el martes el tribunal fijará la pena que le corresponde al enfermero.
La mató delante de su nieta

Patricia Parra tenía 56 años. Vivía en el barrio Colonia Fátima de Cervantes y hacía unas semanas que se había separado de Eduardo Valenzuela de 58 luego de que éste la amenazara con un revólver.
La mujer tenía ocho hijos, cuatro de su primer matrimonio y los otros con su expareja, con quien sufrió durante 28 años la violencia física y verbal.
Cansados de ver el maltrato al que Patricia era sometida, sus hijas la incentivaron a que hiciera la denuncia en la comisaría.
Finalmente, ella se decidió luego de que Valenzuela llegara al extremo de amenazarla con una pistola.
La policía le retiró el arma y se dispuso una prohibición de acercamiento. Sin embargo, el 10 de octubre Valenzuela fue hasta la casa de Patricia y la mató de al menos 30 puñaladas.
En ese momento Patricia estaba con su nieta. La niña de cinco años se escondió bajo la cama mientras el hombre la golpeaba salvajemente. Luego fue hasta el auto, sacó un cuchillo y le lanzó cortes en la cabeza y el cuerpo.
“Mi mamá estaba cansada. Me contó que no aguantaba más vivir con mi papá, que la vivía maltratando y tenía ganas de matarse”.
Magdalena Valenzuela, hija de la víctima
Una vecina intentó intervenir tras escuchar los gritos de la mujer, pero quedó paralizada cuando vio al hombre armado. Corriendo fue hasta el destacamento policial que está ubicado a la vuelta de la vivienda, sin embargo no obtuvo ayuda, los uniformados estaban patrullando el barrio Puente Cero.
Tras cometer el crimen, Valenzuela se fue hasta una chacra donde vivía con un sobrino. Allí el joven lo vio con su ropa manchado de sangre y le preguntó qué le había pasado.
“Maté a la Pato”, le contó el asesino. El muchacho llamó a la policía y el hombre está ahora con prisión preventiva, a la espera del juicio en su contra que va comenzar el 25 de marzo.
El femicida está acusado de homicidio triplemente calificado. En la audiencia de formulación de cargos fue imputado por la “relación de pareja y el ensañamiento” con que cometió el crimen en el marco de “violencia de género”.
El policía que mató a tiros a su vecina

El 5 de junio pasado Evangelina Cayuleo recibió dos disparos de muerte. La víctima vivía en el barrio Universitario de Roca. Según la fiscalía, esa noche, cerca de las 22, su vecino y policía Basilio Huenumilla disparó seis veces desde la calle en dirección a la casa de la mujer. Uno de los proyectiles impactó en la puerta del domicilio. Luego se dirigió a la vivienda y abrió la puerta a patadas.
“Con la intención de dar muerte efectuó cinco disparos contra Cayuleo, impactando dos de ellos en su cuerpo, los que provocaron el deceso de la mujer”, explicó el fiscal Luciano Garrido.
Utilizó su arma reglamentaria, una pistola semiautomática Tangfoglio modelo force 99, calibre 9 milímetros.
El crimen conmocionó al barrio. A los pocos minutos llegaron efectivos de la comisaría 31ª que redujeron a Huenumilla.
El viernes 8 marzo, Día Internacional de la Mujer, la Justicia lo declaró culpable de “homicidio doblemente agravado por el uso de arma de fuego y por ser miembro de la fuerza policial de la provincia”. Ahora falta que se realice la audiencia de cesura para que un tribunal defina la pena que cumplirá.
La Justicia determinó que no se pudo comprobar que Huenumilla atacó a la mujer en un estado de inconsciencia, como propuso la defensa.
“Maté a la bruja, maté a la bruja”, dijo Huenumilla cuando fue detenido por los policías de la unidad 31ª.
Lo contó la esposa del acusado en el juicio.
A su vez, se descartó la posibilidad de que haya actuado en medio de un brote psicótico y afirmaron que el autor del hecho pudo comprender perfectamente la criminalidad de sus actos.
“Maté a la bruja, maté a la bruja”, dijo cuando fue detenido por los policías de la unidad 31ª. Su esposa declaró a Río Negro que el policía “era alguien tranquilo”, aunque reconoció que había problemas de convivencia con la víctima.
“Tenía la impresión de que la señora era una bruja, a nosotros nos entraron a robar tres veces y ella nunca vio nada”, expresó la mujer. Dijo que su marido la acusaba “de ensuciarle el patio”.
Francisco Carriqueo (62) hacía 30 años que estaba en pareja con la víctima. En la audiencia declaró: “No tengo calificativos para esto, son cosas inesperadas. Media hora después de que la mataron llegué a la casa, no teníamos problemas con nadie. Queremos que se haga Justicia, que le den la perpetua”, expresó. Su abogado, Mariano Baraldi, dijo que junto a la fiscalía pedirán esa pena en la audiencia de cesura.
“El homicidio simple va de 8 a 25 años y después tenés una figura calificada por la calidad del sujeto”, explicó. “En este caso un policía que estaba para cuidar de los vecinos mató a una mujer a balazos. Por esta calificación le corresponde la perpetua”, finalizó.
Huenumilla ya había sido condenado en el 2010 a dos años y medio de prisión en suspenso por disparar contra un adolescente y causarle lesiones graves.

Los familiares de tres mujeres asesinadas el año pasado esperan que la Justicia les aplique prisión perpetua a los autores.
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