Fernando González: “Somos un país barrabrava”

“Río Negro” entrevistó al prosecretario de redacción de “Clarín”, quien publicó su primera novela que toma la violencia en las canchas como una metáfora del país.

Redacción

Por Redacción

“Argentina es un país barrabrava”, dice Fernando González, repitiendo un pasaje de su primera novela publicada. Es que González tiene un largo recorrido periodístico como para dar un diagnóstico: en los últimos 25 años fue redactor jefe en la revista “Noticias” (1992-1996), editor de Política y Economía en “Clarín” (1996-2008), director periodístico de “El Cronista” (2008-2016), y de nuevo en “Clarín” como prosecretario general de redacción. Sin embargo, cuenta, escribir literatura le gustó antes de hacer periodismo. González toma lo mejor de los dos mundos para dar a luz a “El barrabrava”, una novela sobre la pasión y la argentinidad, y sobre todo (o en consecuencia) sobre la violencia.

“El barrabrava” es la historia de Facundo, un joven de clase media, tirando a alta, que se fascina de niño con el mundo de la violencia sin sentido que rodea al fútbol y las barras. Se convierte en barra, y en uno hábil: llega alto y se vuelve peligroso. La historia de Facundo rompe, como lo han hecho casos de la realidad, con el patrón simplista de ‘Civilización y barbarie’ reducido a un tema de clases. Y así comienza González esta novela.

P- Eligió como epígrafe “Civilización y barbarie”. ¿Por qué?

R- En la literatura uno escribe por obsesiones, distinto de la mayor parte del periodismo que cubrís hechos, o la actualidad. Pero la literatura son obsesiones, y una obsesión mía es la violencia en la Argentina. Y el fenómeno barrabrava es violento, muy pasional, tiene algunas cosas que son románticas entre comillas y otras que son parte de la enfermedad de la Argentina. Cuando empecé a escribir “El barrabrava” me di cuenta de que estaba escribiendo sobre la violencia, pensé un poco en ‘Civilización o barbarie’. Tiene que ver con ese ida y vuelta que tiene la Argentina entre la civilización y la barbarie, una de las cuestiones que tenemos que resolver.

P- ¿Qué tiene la violencia que la hace tan atractiva para algunos?

R- La violencia es una enfermedad, el atractivo está en no poder resolver un problema y canalizar la impotencia por medio de la violencia. Muchas veces se quiere justificar la violencia barrabrava en que, bueno, es un fenómeno social, tienen mucho sufrimiento, descargan en la cancha lo que el país no les da, y eso es una explicación muy, muy relativa. Porque la mayoría de la gente que tiene sufrimientos en términos económicos no va a la cancha. Es una enfermedad que tiene que ver con una historia de transgresión de la ley en términos negativos y con un país que, al no resolver las necesidades básicas, prolonga el sufrimiento de grandes bolsones sociales. No hay problemas de barrabrava en Suecia, pero tampoco los hay en otros países que tienen fútbol y una pobreza mucho más complicada que la Argentina. No está sólo ligado a la desigualdad.

P- Facundo es un joven clase media-alta. En el mundo de las barras es un caso especial, pero no inédito. Los hermanos Schoklender, por ejemplo.

R- Sí, la media del barrabrava son personas que vienen de la marginalidad, donde la violencia puede ser una suerte de venganza personal por lo dura que resulta su vida. Pero los barrabrava de clase media-alta existen. Me interesó Facundo con esa extracción social porque también se ve en el país y se ve en las canchas. Ahora voy con mis hijos a la platea, ya no a la popular como de chico, y está lleno de energúmenos que gritan cosas y hacen cosas que jamás harían en su vida diaria. Les sale el barrabrava, y no hablamos de una catarsis. Putear un árbitro que te cobró un penal lo hacemos todos. Estos son tipos que son capaces de agarrar una piedra y tirarla desde la platea. Pasan la línea de la pasión que te conduce al sinsentido de la violencia.

P- “Sin el odio, la pasión no parecía verdadera”, escribe en la novela. ¿La pasión conlleva sí o sí violencia o es algo nuestro eso?

R- Este es un país pasional y es una de las cosas fantásticas de la argentinidad: la pasión. El problema es desbordar, pasar límites. En la Argentina eso es transgredir las reglas y, cuando lo haces, terminás siempre lamentando las consecuencias. Es lo que nos ha pasado a lo largo de la historia.

P- “La Argentina es un país barrabrava”, dice también. ¿En qué sentido?

R- Es un país barrabrava porque nos cuesta adaptarnos a un sistema de leyes, de reglas. Al argentino se le sale el barrabrava. Si yo tengo que ubicar momentos barrabrava que están dentro de mi vida, claramente los 70, el sentimiento de querer construir una sociedad mejor terminó en la violencia armada de los grupos guerrilleros; la dictadura militar y el terrorismo de Estado fue el peor momento de la historia argentina, no era que la sociedad no respetaba las reglas sino que el mismo Estado no las respetaba. El 2001 también fue barrabrava. Sí, la Argentina es un país barrabrava, le cuesta construir racionalidad e institucionalidad.

P- En su viaje al mundial en los Estados Unidos, Facundo dice que a la Argentina siempre lo cagan. ¿Es un país egocéntrico también?

R- Totalmente, Argentina es una sociedad adolescente, nos faltan aprender muchas materias. De ahí es un ego el de los argentinos que está necesitado de satisfacciones, y Facundo refleja eso, que todos tenemos. Encima la Argentina tiene la mala suerte, entre comillas, de tener algunas individualidades que son excepcionales. En el fútbol ningún país tiene a un Maradona y a un Messi en veinte años; como no todos los países tienen un papa de su nacionalidad; o un símbolo como el Che Guevara. Como para decir bueno, alguna característica de excepcionalidad tenemos. Lo cual no es cierto, somos un país chiquito al que le falta tomar la sopa. Pero nos creemos eso, y el fútbol ayuda a eso. Es una buena ficción como para sostener un poco el peso de los errores históricos.

P- La cancha parece un lugar donde las reglas se relajan y donde entran las mafias también.

R- Es el universo que va descubriendo Facundo en la novela, hay una suerte de pacto mafioso entre los dirigentes del fútbol, los dirigentes de la política, sindicalistas, la policía, para no hacer valer las reglas y sacar todos una ventaja de eso. Y generalmente es una ventaja económica. El barrabrava pasó a ser un comportamiento un poco enfermo, gente que se peleaba a la salida de la cancha, y con los años pasó a ser un negocio que como señalo en la novela se basa en la venta de entradas, grupos de choque para dirigentes, en los trapitos y hasta venta de droga. Por ahí el barrabrava es el que más paga las consecuencias de pasar a desempeñar eso como una profesión de sustento de vida.

P- ¿Qué te dio el periodismo para escribir esta historia?

R- El periodismo te da el estudio de campo. Los escritores que me gustan, que trascendieron a lo largo de la historia, son tipos con la capacidad no sólo de trasmitir sentimientos sino de describir pequeños universos. Y el periodismo te ayuda porque uno está acostumbrado a ir, reconocer un lugar, y después describirlo. A registrar detalles y comunicarlos.

P- ¿Y la ficción o la literatura?

R- La libertad de no tener que regirte por los hechos concretos. Pero la buena ficción tiene credibilidad; también es una trampa, porque podes tener libertad y no saber cómo utilizarla. En ese ejercicio estoy yo, ver cómo me las arreglo para aprovechar esa libertad.

“En la literatura uno escribe por obsesiones (…) Una obsesión mía es la violencia en la Argentina”.

Editado por Sudamericana, a $ 329.

Las crisis del periodismo:

el kirchnerismo y lo digital

P- ¿Hay una crisis del periodismo?

R- Hay dos crisis. La primera es la de los medios: la transición a lo digital es un desafío enorme en términos de sustentabilidad. Y después hay un gran desafío para la profesión, que tiene que ver con cómo nos acomodamos los periodistas a un escenario que el kirchnerismo dejó en crisis. El kirchnerismo promovió la idea de que el periodismo no es una profesión honesta, sino que sirve al mejor postor. Los que escriben en contra nuestro, es porque alguien les paga; y los que escriben a favor son militantes, y serán perdonados. Pero lo que postuló siempre es que ninguno dice la verdad. Salir de esa dinámica va a costar un tiempo, y hay que salir con profesionalismo, y diferenciando el buen periodismo del de mercenarios. Es la mayor crisis porque se puso en juego la credibilidad básica del periodismo.

P- El mundo digital, las redes sociales, ¿niegan el papel o niegan al periodismo?

R- Creo que ahí está la salvación. Digital no mata papel todavía, pero le va clavando el puñal cada vez más hondo. Todavía hay un público que por una cuestión cultural mantiene la tradición del papel. Cada vez es menor ese público, y la desaparición del papel es inexorable. Algunos dirán dentro de tres años, de ocho o quince. Pero la calidad no desaparece y afortunadamente –porque hasta hace dos años el paradigma era que los periodistas íbamos a terminar siendo comentaristas de videos de gatitos–el usuario intensivo de medios de internet, que es el usuario que está todos los días en la web y al menos una hora por día, tiene intereses diferentes al que entra para ver el resultado de fútbol o las fotos de una chica. Ese usuario intensivo es el que privilegia las buenas historias, las buenas columnas de opinión y los buenos textos. Aún en la plataforma digital. Por eso las buenas plumas siguen siendo las más leídas.

“El barrabrava” es la historia de Facundo, un joven de clase media, tirando a alta, que se fascina con el mundo de violencia que rodea al fútbol y las barras.

“[Argentina] Es un país barrabrava porque nos cuesta adaptarnos a un sistema de leyes, de reglas. Al argentino se le sale el barrabrava”,

explica Fernando González.

Datos

“En la literatura uno escribe por obsesiones (…) Una obsesión mía es la violencia en la Argentina”.
“El barrabrava” es la historia de Facundo, un joven de clase media, tirando a alta, que se fascina con el mundo de violencia que rodea al fútbol y las barras.
“[Argentina] Es un país barrabrava porque nos cuesta adaptarnos a un sistema de leyes, de reglas. Al argentino se le sale el barrabrava”,

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