Flujos y reflujos

RÍO NEGRO

Por Redacción

DE DOMINGO A domingo

ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar

Matemática perturbación ofrece el cuadro financiero. Serpentinos trastornos emanan de las internas oficialistas. Estas corrientes vuelven con alarmas al gobierno de Weretilneck. La prioridad salarial punteó y la pauta delineada, más allá de su evaluación, mantendrá al Estado atado a esa obligación. El esquema fijado tendrá un costo anual que rondará los 1.000 millones con la totalidad de las mejoras diseñadas, similar al crecimiento del 2012. Se lo propone, pero el gobernador no puede zafar de la encrucijada que exige la concentración de erogaciones en las partidas de personal. Se sostiene entonces aquel criticado esquema: un exclusivo Estado pagador de sueldos. Esta tarea es un hecho apreciable y necesario, pero no es suficiente. Y es arriesgado. El año pasado un 59% de los recursos fue a salarios, conservando la tendencia advertida con un 55% en el electoral 2011. Bien lejos quedó aquel 45% del 2010. Economía admite tal centralización y alega que la escasez profundiza esa orientación. Promete moderar la ecuación, pero el 2013 mantendrá aquella primacía. Las contingencias están en las penurias de las restantes partidas. Los fondos utilizados en el 2012 en “bienes de consumo” –como compras de insumos– y “bienes de uso” –como construcciones y equipamientos– arrojaron números menores que en el 2011, según los registros de la Contaduría General. La continuidad de ese desequilibrio sacudió una reciente reunión del gabinete. Obras Públicas lideró la crítica por la inexistencia de recursos. Su ministro Fernando Vaca Narvaja asumió un reto militante. “El peronismo siempre tiene una mirada humana y no de números”, sentenció. Su par de Economía, Alejandro Palmieri, asumió el duelo ideológico. Su respuesta se extractaría así: no hay tal prioridad si no están los fondos; lo único existente son las partidas en el presupuesto. Dos visiones se cruzaron enfrente de Weretilneck. Otros relatos mantuvieron ambas vertientes. El gobernador avaló el criterio del economista. No fue una prenda técnica, también allí existía una determinación política. El mandatario realmente está preocupado por las finanzas. El predominio salarial no otorga otras sendas estatales y el esfuerzo hasta podría no alcanzar. Para peor, los financiamientos alternativos ideados –como la renegociación de los contratos petroleros– se postergarán más de lo pensado. Muchas de sus obras comprometidas están presupuestadas pero, como ya entendió Vaca Narvaja, los recursos no están y nadie sabe si estarán. Algún día habrá que empezar con la reestructuración del Estado. Esta misión no es nada simple. Menos lo es hoy para Weretilneck frente a los insistentes flujos y reflujos de la interna. Equilibra acá y se desequilibra allá. Vuelve a arrimarse a Miguel Pichetto y cruje el trato con Martín Soria, con secuelas solapadas en el vicegobernador Carlos Peralta. El gobernador pudo controlar forzosamente en enero que ellos embistieran contra el liderazgo partidario del senador. El vice lesiona aquel trato cuando se niega a cumplir con los encargos legislativos asumidos por Weretilneck ante Pichetto. Soria es más directo y se abalanzó el viernes con censuras directas. Cuestionó –con gran parte de razón– dos procesos: la excesiva planta de “casi 300 funcionarios” (muy bien pagos) y la designación en la Subsecretaría de la Función Pública del exdefensor del Pueblo, el arriaguista Ignacio Gandolfi, recordando su pasada complicidad con la administración radical. Aun así, la ofensiva de Soria esconde otras razones, más ligadas a los lazos ocasionales elegidos por el gobernador. El número de funcionarios poco ha variado desde octubre, cuando el jefe roquense sumó hombres a la administración. Falló Weretilneck en su apreciación cuando incorporó a Luis Di Giacomo en Gobierno. El intendente ya se repetía en sus reproches por la pasividad judicial, la falta de investigación y la comodidad gozada por exfuncionarios. Creía que Di Giacomo expresaría y contendría esa mirada inquisidora. Eso nunca ocurrió. Mal no vendría tampoco ojear qué hacen expresiones bien propias. ¿Qué dirán Soria y el vicegobernador de la faena del fiscal de Investigaciones, Marcelo Ponzone, quien no debutó todavía en la presentación de denuncias penales? Hace un año, Ponzone exageró al jurar por la memoria de Carlos Soria. Olvidó parte de su legado. Tanta inestabilidad posterga ciertas reformas, incluso algunas mudanzas. Podrán existir, pero depende esencialmente de decisiones personales, alentadas por virtuales apartamientos del principal despacho de Casa de Gobierno. En Salud se afianza ese aislamiento y ocurre lo mismo en Seguridad. Miguel Bermejo se siente extraño y, en cambio, se consolida su subsecretaria Marta Arriola, quien ha cautivado al mandatario por conocimiento y por capacidad laboral. Ahora, sólo se concretaría el traspaso de Nicolás Rochas desde la Secretaría Legal a su similar de la Legislatura. Weretilneck resiste en el mar justicialista. Después del asalto del año pasado, Pichetto calla pero hace saber que hay necesidad de cambios. Soria exige. “No consulta a nadie”, declaró frente al nombramiento de Gandolfi. Esta exigencia nada se diferencia de hace un año, cuando el vicegobernador condicionó cualquier relevo a la opinión de la cúpula del PJ. Luego, el senador fue más lejos con análogos argumentos. Todos, antes o después, demandaron y manifiestan así sus armados individuales. Estas aspiraciones volverán a colisionar en los procesos electorales. En un mes la compulsa de Viedma dejará sello provincial y nacional. Este peso inquieta al gobernador y al senador. El primero sabe que se evaluará su gestión, entonces ordena un atajo comunicacional a los suyos. “Viedma es terreno de Pichetto”, transmite. El senador tiene su estrategia de distanciamiento. “Se trata de una elección local, no hay nacionalización ni tiene que ver con las parlamentarias”, expresa. Corren sus cargas. Ambos, igualmente, aparecerán mañana junto a Mario Sabbatella. Superada la elección interna viedmense, el radicalismo tiene su proceso. Allí separó claramente a vencedores y a vencidos. La victoria de José Luis Foulkes puede ser un buen inicio. Por ahora, el cambio sólo se expresó con la voluntad electoral. Los victoriosos deberán finalmente abandonar la etapa de las condenas para reparar finalmente la calidad de los métodos. Los derrotados continúan aferrados a lugares o anhelos que ya no les pertenecen. Mario de Rege extravió su candidatura, aunque alguien le insinúo recuperarla en otro partido. No prosperó esa salida trasnochada. El mayor golpe recayó en Bautista Mendioroz. Tambalean su presidencia en el bloque y sus aspiraciones electorales. Prioriza seguir al frente de la bancada. Hay dudas sobre si alcanzará con la renovación de promesas. Miguel Saiz no se involucró y afianzó su marcha senatorial, hoy más entusiasmado con una reunión con el secretario General, Oscar Parrilli. ¿Cómo podrá resolver la colisión de su evidente kirchnerismo con el mandato partidario? La prensa lo consultó hace algunas semanas por las versiones de apoyos presidenciales. Saiz sólo se refugió en que no sabía nada. Su respuesta no expresó incomodidad y menos aún un rechazo a una expresión gubernamental que se resiste y se fustiga desde la UCR. Del lado de la derrota quedaron Fernando Chironi y Pablo Verani. Sus proyectos están aporreados. Horacio Massaccesi apareció junto a los triunfadores, pero esa imagen por sí no bastará para concretar sus deseos parlamentarios. En definitiva, Viedma será la primera estampa comicial del año. Esa evaluación recaerá indefectiblemente en la actuación provincial, pero el gobernador divisa su real contrariedad en las riesgosas coyunturas de las finanzas. Sus otras limitaciones persisten en las pleamares del PJ. Allí sus límites son imprecisos y, a veces, muy arriesgados.