Fracking social

Qué sucedería si un día la sociedad se fracturara, se hartara pandemia de por medio, de la desigualdad desoída, si los puentes establecidos dejaran de ser útiles, y se ganara la calle, las rutas y los corazones de otros y hasta se animaran a decirlo en voz alta, y le gritaran el hartazgo en la cara a quien lo necesite, casi sin disimular la desnudez ni su garganta.

Qué sucede entonces con las condiciones objetivas, en las que está establecido este sistema de organización sociopolítico e institucional.

Se observa un conflicto social con legítimos reclamos y con una muy clara percepción de que todos los decisores, sin excepción son el cuento final de una rica cena, y esa realidad es ahora actual y contemporánea, donde no hay interlocutores que entre sí se merezcan ni el saludo. El gobierno institucionaliza el reclamo, pero no lo lee, no lo oye, ni entiende. El sindicato intenta salir presuroso en auxilio de los triunfadores, y los autoconvocados trabajadores de la salud legitimados por el reclamo justo subsisten acaso sostenidos por dogmas que ni siquiera les son propios; pero ahí, firmes y dignos.

¿Y la política? Los hacedores de contenidos, los programáticos, los elegidos para hacer, hoy incapaces de entender en qué se convirtió nuestra provincia, que no es una isla. Neuquén es parte de un territorio más grande llamado Argentina y tan crisol de gentes como el mismo país; una provincia que tiene su Italia rica… y al sur llena de profetas en su tierra y de sueños de inmigrantes internos que no alcanzan a realizar sus mínimos anhelos. La política hija putativa de los políticos que parecieran no reconocerse en ella, y que demarcan posiciones estancas de historias y pertenencias, con sensible insensibilidad, ajenos al mismo arte al que pertenecen, no le encuentran la punta al ovillo.

Las instituciones, incapaces de representar al conjunto, que es el único rol que tienen, el único instituto, como si su necesaria inmortalidad alcanzara maquiavélicamente para permanecer como ajena indolente y pragmática, ante los reclamos sociales. Cuando no se concurre con la altura, la espontaneidad crea su propio fuero y ahí es donde se pone en jaque toda la legitimidad y las condiciones objetivas. Acá el problema no es solo del Ejecutivo. Es también de la oposición, de los políticos, del gremio y hasta de los trabajadores, cada uno con su obligación, sus derechos y su responsabilidad.

En épocas tristes y de dolor donde la humanidad se reconfigura, la paz social es fundamental, la salida de los laberintos siempre es por arriba, y siempre con actos de grandeza y con justicia social, que es la justicia que satisface al que la da y al que la recibe. Con institucionalidad siempre y siempre por el bien común y el Estado de bienestar, porque ningún acto social de magnitud como el que hoy tenemos en nuestra querida Neuquén va a pasar su demanda por mesa de entrada o va a presentar un recurso administrativo. Pero seguro sabrá de musculatura y ejercicio de llegar oxigenado a las urnas.

Dr. Eduardo A. Oliva

Neuquén


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