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El ataque al subjefe de la Policía es una muestra de la interna que se ha venido incubando desde el acuartelamiento. Mientras silban las balas, en el MPN el gallinero está alborotado. No hay candidato y todos se prueban el traje.



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Foto: Archivo.-

NEUQUÉN

En diciembre del año pasado, cuando cedió ante los sectores sublevados de la Policía que lo extorsionaban con la amenaza de convertir la provincia en un caos si no les daba un aumento desproporcionado, el gobierno debe haber respirado aliviado: el costo salarial sería alto pero no habría saqueos ni explosión social, la casa estaría “en orden”. Por desgracia aquellas concesiones, que incluyeron el compromiso de no sancionar a los insubordinados -como si la Policía no fuera una organización vertical vertebrada por una férrea disciplina-, no sólo habrían de provocar un desmadre en la relación con el resto de los gremios, que se sintieron autorizados a reclamar igual trato y se libraron a un festival de paros y conflictos, sino que terminarían incubando algo peor dentro de la propia fuerza. El atentado -inédito en la historia local- cometido esta semana contra el domicilio del subjefe de la Policía, Raúl Liria, cuyos autores fueron señalados casi inmediatamente por la Jefatura como integrantes de la institución que intentan formar un sindicato, es una muestra elocuente de que en este período relativamente corto -nueve meses- se ha venido gestando en el seno de la fuerza una puja interna -¿cómo llamarla si no?- de graves características. El espinoso suceso ha revelado también de manera incontrastable -como se ha preocupado por señalar el intendente Horacio Quiroga- la existencia de una ruptura en la cadena de mando de la institución. Dicho de otra forma, según la Jefatura policial, que no esperó ningún peritaje para señalar a los presuntos autores, un grupo de efectivos que intenta sindicalizarse contrariando la orden de sus jefes y de las autoridades políticas ha optado por hacer notar su desagrado tiroteando con postas de calibre 12/70 -las mismas que son de dotación de la fuerza- la casa del subjefe. ¡Vaya problemita interno! Sin perjuicio de que el método empleado no desmiente la fama de violentos que se adjudica a ciertos policías, la acusación de la Jefatura no es casual: el ataque ocurrió en vísperas del juicio interno que se realizó a tres suboficiales que intentan sindicalizarse y que, todo indica, en breve serán exonerados sin contemplaciones. Pero eso no es todo. La conducción policial no se limitó a acusar a un supuesto grupo de oficiales en actividad que intentan agremiarse, sino que incursionó en algo más grave todavía: se internó en el terreno político al recordar que el sindicalista petrolero y principal opositor interno del gobierno Guillermo Pereyra respalda tal actitud. En realidad, la interna policial no nació con el atentado de esta semana ni tampoco con el cuartelazo de diciembre sino que viene de larga data, desde el comienzo de la primera gestión de Jorge Sapag, y se entrelaza con la interna del Movimiento Popular Neuquino. Uno de los sectores que la integran se sintió postergado ya por entonces y es un secreto a voces que algunos de sus integrantes, entre ellos ciertos retirados de la fuerza, tuvieron activa participación en la toma de la jefatura ocurrida en diciembre. También, que en ese grupo hay quienes -no son los únicos- activan la creación, por un lado, de una asociación de suboficiales (Asubpol) y, por otro, de un sindicato de policías y penitenciarios (Sinpope). Menos secreto aún es que tanto éstos como los que siguen encolumnados tras sus “mandos naturales” tuvieron participación, de uno u otro lado del mostrador, en las últimas internas del partido gobernante. Como resumió un político de la oposición, “el MPN está en todos lados y su interna en todas las internas”. No podría ser de otra forma en un partido anclado en el poder desde hace 50 años. Así lo atestigua, por caso, lo ocurrido en CALF, donde casualmente tuvo protagonismo un exjefe de los uniformados. El tema es que cuando se trata, como ahora, de la Policía la cosa es más grave todavía. La institución administra la fuerza pública y no es admisible que, en lugar de cuidar a la gente, ande ventilando sus cuitas a balazos ante los ojos de todo el mundo. Lo ocurrido en diciembre es una llaga abierta que en alguna medida viene minando la autoridad de la Jefatura y amenaza con salpicar al poder político al que debe subordinarse incondicionalmente. Mientras silban los balazos, en el MPN el gallinero está alborotado. No hay candidato firme y todos se prueban el traje: Coco, Bertoya, Gutiérrez, Pereyra, Brillo, Lucila, Zulma Reina, Figueroa, Comelli, Pechen… “Hay tantos como afiliados”, dijo palabra más palabra menos Sapag, con singular humor. En realidad en la lista Azul de Sapag, como todo el mundo sabe, al candidato lo elegirán las encuestas. ‘Que florezcan mil flores pero todas dentro de mi jardín, total después las medimos y ponemos la que mejor dé’, pensará el hijo de don Elías. Claro que no todo puede ser reservado al azar. Como dice sagazmente el citado político opositor cuyo nombre mantenemos en reserva por razones obvias, “no olvidemos que el MPN es una monarquía” e irá como candidato el que mejor mida pero también aquel que cuente con el beneplácito de la corona. Hablando de beneplácitos, el gobernador acaba de sacar la alfombra de abajo de los pies de su dos veces compañera de fórmula, cuya aspiración era indudablemente acceder a la magna candidatura. Sapag habló de la cláusula constitucional y dijo que así como Pechen no puede ser gobernadora él no puede ser vice. Que lo haya dicho así, en público, sugiere que el tema no había sido hablado previamente. Pero algo se debe haber dañado en esa relación para que un hombre tan diplomático como Sapag haya exhibido modales tan bruscos.

Héctor Mauriño | vasco@rionegro.com.ar


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