Graciela Borges, una despistada diva, con humor

La actriz habla de "El cuento de las comadrejas", un filme en el que disfrutó trabajar con grandes actores.



Graciela Borges disfrutó interpretar a una diva ingenua. (Foto Télam).

Graciela Borges disfrutó interpretar a una diva ingenua. (Foto Télam).

En “El cuento de las comadrejas”, la última propuesta de Juan José Campanella en tono de comedia negra que se estrena mañana en la región, Graciela Borges interpreta a Mara Ordaz, una veterana del cine argentino con aires de diva galardonada con una preciosa estatuilla dorada, que vive con su esposo y tres amigos en una vieja mansión fuera del mundo.
A tal punto es esta distancia del mundanal ruido y del presente, que llega a creer que dos jóvenes recién llegados accidentalmente la recuerdan por sus glorias de ese cine clásico del que ya pasaron varias décadas, cuando en verdad hay otros intereses que ponen en peligro aquella vieja cofradía de artistas.

Es su personaje el que lleva el hilo conductor de este ejercicio para seis personajes que deambulan por esa mansión y pocas veces, sólo en el caso de su criatura, superan el límite de la tranquera, como ocurre con Luis Brandoni, su marido en la historia, actor y pintor, con Oscar Martínez, el director ácido y Marcos Mundstock, el guionista cínico.
A pesar de que Campanella saca partido de su voz disfónica y ese tono señorial que la caracteriza, ella misma confirma lo que quienes la conocen saben es una verdad absoluta: asegura que ella no tiene nada que ver con ese personaje, lo que demuestra, una vez más, que no solo deslumbra en los dramas, sino como en este caso, en el humor.

P- ¿Cómo es volver a trabajar con Luis Brandoni?
R- Con Luis hicimos dos películas pero nos conocemos desde siempre. Cuando la gente tiene un gran entendimiento, crea con solo mirarse, y así ocurrió ahora con Campanella. Hicimos escenas maravillosas en donde a pesar de que ahora se puede repetir muchas veces porque no se filma sino que se graba, las hicimos una sola vez porque tenemos química en la mirada y los silencios. Fue muy agradable filmar con él, a pesar del rodaje, que fue difícil porque era una película de verano rodada en invierno.

P- ¿Cómo es tu personaje?

R- Es un personaje muy diferente a los anteriores que hice porque venía de “La quietud”, la historia de una mujer turbia, y me pareció bueno el cambio. Si no amás a un personaje cuando te lo proponen, lo terminás haciendo mal. Aquel tenía oscuridad y este ingenuidad, eso de las viejas estrellas de Hollywood, mucha ternura, una mujer que nunca se dio cuenta de nada, que se queda ahí en su casa perdida en el tiempo, hasta que llega alguien que le dice que la reconoce. Ella está encantada. Le cambia la cabeza, piensa en volver al ruedo, le sale la niñita de adentro.

P- ¿Inspirado en las divas argentinas?
R- Cuando yo tenía 14 años las estrellas eran Zuly Moreno, Mirtha Legrand y Delia Garcés, que era admirable y estaba terminando su carrera. Delia no tenía nada de diva, en cambio Zully, sí. Me acuerdo de que tenía una casa en San Isidro y me quería mucho de chiquita. Yo la miraba bajar las escaleras en aquella casa y pensaba: ella sí es una diva. Mara Ordaz se quedó con esos hombres en esa casa vegetando. Por eso no se arreglaba el pelo, hasta que llegan estos dos jóvenes que la ponen frente de la realidad. Ni siquiera sabemos si sus películas fueron buenas… Campanella me dice que sí.

Télam


Comentarios


Graciela Borges, una despistada diva, con humor