Grave denuncia contra policías de Bariloche

Un albañil acusó a tres agentes por vejaciones. La fiscalía inició hoy las actuaciones. El denunciante contó el calvario que sufrió. Dijo que calentaron las esposas antes de colocárselas.



 Cáceres  aseguró que es una práctica habitual de la policía.

Cáceres aseguró que es una práctica habitual de la policía.

Héctor Cáceres tiene 48 años, es albañil y vive con su esposa en una vivienda de la zona del Alto de Bariloche. Aseguró que nunca había estado detenido hasta el martes por la tarde, cuando lo arrestaron porque presuntamente eludió un control policial en la zona del Alto.


Esa situación generó una persecución que llegó hasta el domicilio de Cáceres en la calle La Paz. Denunció que lo subieron al patrullero y lo trasladaron hasta la comisaría 42, que está ubicada en el barrio 2 de Abril.

Cáceres aseguró que es una práctica habitual de la policía.


Aseguró que en el calabozo lo golpearon esposado y amenazaron de muerte en varias oportunidades. Dijo que fueron tres empleados policiales. Sostuvo que los policías calentaron las esposas con un encendedor antes ponérselas.

El caso llegó a oídos del Comité Municipal contra la Tortura y Cáceres hizo la denuncia hoy ante la fiscal Silvia Paolini y el fiscal adjunto Gerardo Miranda, que ordenaron las primeras diligencias para investigar el caso. El expediente se caratuló preliminarmente como presunto abuso de autoridad.


Cáceres relató a Río Negro que el martes había ido a ayudar a la casa de su nieto. Dijo que su mujer le había enviado un mensaje de audio para pedirle que regrese a la casa porque estaba descompensada. Ella es asmática.


Su nieto le prestó la camioneta Ford F-100 y Cáceres retornó a su domicilio. Reconoció que cuando circulaba por el barrio 2 de Abril se encontró con dos policías que le “levantaron la mano”. “Yo estaba apurado y no le di importancia”, explicó.


Cuando llegó a su casa, comenzó el drama. “Me empezaron a gritar, a putear y no me dejaban hablar ni explicar”, relató. Contó que lo subieron al patrullero y lo llevaron hasta la comisaría. Allí, vivió lo peor.


Comentó que lo golpearon varias veces, que estaba contra la pared y que lo amenazaban para no levantara la mirada. “Me decían: cuando salgas de acá te vamos a hacer mierda”, aseguró. “Las amenazas me dolieron más que los golpes”, enfatizó.


Manifestó que los abusos finalizaron cuando intervino un oficial que lo reconoció. Ese empleado policial ordenó que le sacaran las esposas. Allí, terminaron los maltratos físicos.

Cáceres aseguró que es una práctica habitual de la policía.


“Esto siempre pasó, pero la gente no hace la denuncia”, aseveró. “Me duele todo el cuerpo”, agregó. Dijo que casi no le quedaban rastros de la golpiza. “Esta gente sabe golpear”, advirtió. Recuperó horas después la libertad y decidió hacer la denuncia.


Este diario consultó en prensa de la Policía por el caso, porque no se había informado nada al respecto, pero derivaron la consulta a la comisaría 42.

Cáceres dijo que le secuestraron la camioneta “de mi domicilio, ni siquiera pidieron testigos”. “No la pueden sacar sin orden judicial, pero ellos llamaron la grúa y se la llevaron”.

El control es para cuidar, no para vigilar y castigar

Por Martín Belvis

«El poder está en todas partes y viene de todas partes», escribió el filósofo Michel Foucault. La Policía volvió a demostrar, en el caso de Héctor Cáceres, que no está a la altura de las necesidades de la crisis sanitaria global que nos afecta.


Como las escenas viralizadas de Buenos Aires que recuerdan los “bailes” de la Colimba, la detención y la vejación de Cáceres es un episodio que el gobierno rionegrino no sólo debe rechazar sino además erradicar de una fuerza de seguridad, tras cuatro décadas de democracia.

Los “métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad son lo que se puede llamar las disciplinas”, sigue Foucault.


Los argentinos no necesitamos disciplina a los golpes ni policías que no estén a la altura de lo que el país requiere en esta terrible situación.


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