Hacia Bariloche

La protesta en las rutas ya no es opción para los fruticultores. El mutismo de Pichetto alentó la falta de análisis político de la elección.

Por Redacción

RÍO NEGRO

La producción de peras y manzanas estuvo en el origen del valle y sus ciudades. Y la crisis actual marcará a la región para siempre. Comienza una nueva etapa, y es muy probable que, de un modo u otro, el proceso afecte a la mayoría de la población. Lo que era ya no será. Al menos, no como lo conocimos. Sin financiamiento para las tareas de poda, desmalezamiento y reparación de canales de riego, la fruticultura del Alto Valle enfrenta un futuro de nubes negras. Pasadas las elecciones, las puertas de los despachos están cerradas. Y la protesta en las rutas ya no es una opción para un empresariado desalentado y exhausto. Desde la política, la contundencia del resultado electoral fortaleció al gobierno provincial y enojó a la Nación, dueña de la llave para cambiar la ecuación económica de la producción de peras y manzanas. Si el eje es hoy destinar dinero a la poda o la sanidad, como discute el gobierno de Alberto Weretilneck, poco importará. Se necesita mucho más que dinero: un plan, un mercado, continuidad, reglas claras, un sistema financiero abierto a las actividades de riesgo, inflación baja, costos laborales proporcionales a la rentabilidad... Pero no son temas que estén en la agenda de los partidos políticos. El gobierno provincial se reacomoda con miras a consolidar la gestión, con un horizonte hasta el 2019. En los cambios toma en cuenta las nuevas alianzas trazadas para el proceso electoral. No tiene apuro. Muy distinto es el ánimo en el Frente para la Victoria. La magnitud de la derrota electoral del pasado 14 de junio sorprendió incluso a quienes la esperaban. Desde entonces, el PJ hace equilibrio en una cuerda muy pero muy delgada. Miguel Pichetto se llamó a silencio y a aislamiento. Desde lo personal, podría comprenderse su reacción. Pero, desde lo político, no es propia de quien debió seguir ocupando un lugar de conducción. Él dispuso cómo quería su tarea proselitista, eligió a su compañera de fórmula y participó en la confección de cada lista local. Su mutismo dejó a quienes trabajaron en su campaña sin un análisis sólido de los resultados que incluyera una necesaria autocrítica. Quince días después de las elecciones, Pichetto pidió licencia a la presidencia del PJ. Asumió en su lugar Martín Soria, dirigente de una de las pocas ciudades en las que ganó el FpV. Aun así, no se salvó de ser el elegido de los reproches. La falta de análisis político alentó a quienes eligieron la simplificación y un trasnochado afán por convertir a Pichetto en prócer. Ni héroe ni villano. Faltó comprender que el 52,8% de los votantes puso en el sobre la boleta que llevaba a Alberto Weretilneck como candidato a gobernador, y que el Frente para la Victoria perdió en los ocho circuitos de la provincia por una diferencia total de 68.790 votos. La diferencia en Roca fue de 3.000 votos. ¿Y el resto? Si un partido no puede explicarse a sí mismo un resultado que lo involucra, debería replantearse su conexión con el electorado. Y, en el caso del PJ rionegrino, las causas probablemente se vinculen a la pobrísima vida interna que ha tenido en los últimos años. Los órganos de conducción no se han renovado, las unidades básicas están cerradas o reúnen sólo a un puñado de personas, no hay actividades que convoquen a jóvenes ni ámbitos que promuevan la participación ni el trabajo social con proyectos concretos en barrios, entidades civiles o grupos profesionales. Pichetto y sus allegados confiaron demasiado en el poder de la Nación como regadora de obras y recursos. Y el resultado quedó a la vista. Ahora, es Bariloche el próximo desafío. El 6 de septiembre -a mitad de camino entre las PASO nacionales y la elección presidencial- esa ciudad cordillerana elegirá intendente. Allí, el sector que lidera Alberto Weretilneck jugó fuerte para intentar dividir y reinar. El 14 de junio, en los comicios para gobernador, Juntos Somos Río Negro obtuvo allí el 55% de los votos, frente al 32% del Frente para la Victoria. Todas las elecciones son diferentes, aseguran los colaboradores de la intendenta María Eugenia Martini. Pero las cosas pueden no ser fáciles para la jefa comunal, a pesar de que aún conserva -según las encuestas- un buen nivel de aceptación en su gestión. En septiembre de 2013, Martini -intendenta interina desde la destitución de Omar Goye en marzo de ese año- ganó con el 33% de los votos, superando por más de seis puntos a Gustavo Gennuso que obtuvo el 26,6% y dejando en tercer lugar -con el 22,8%- a Carlos Valeri. Más rezagados se ubicaron Claudio Lueiro (Unión Pro 6,1%), Hugo Castañón (UCR-Juntos por Bariloche 6%) y Adolfo Fourés (SUR 5,5%). Hoy las cosas son diferentes en varios aspectos: • La elección municipal se verá “nacionalizada” en los hechos, por su cercanía con las PASO y con la presidencial. • Eso modifica la situación del PRO, en alianza nacional con la UCR. • Juntos somos Río Negro lleva como candidato a Gustavo Gennuso, es de suponer que con aval del sector del ministro provincial Valeri. Si las cosas son como en el resto de la provincia, parte del radicalismo podría también mudar su preferencia en favor del albertismo. • El justicialismo está dividido. Tanto, que nadie cuida siquiera las palabras. La pichettista Silvina García Larraburu no disimula su enfrentamiento con Martini, y pocos dudan de que estuvo detrás de la presentación de Roberto Camba Delgado como candidato alternativo a la intendencia. Miguel Carrasco también se presentó como opción. La respuesta orgánica del PJ fue anular la interna invocando irregularidades en los plazos. “El cronograma comenzaba antes de la publicación del edicto”, señalaron. Y la candidatura de Martini surgió entonces como la única oficializada, a través del MAD, otro integrante del Frente para la Victoria. Más allá de esa formalidad en los plazos, quedó la sensación de que se había evitado la interna por mandato partidario. Lo blanquearon Javier Iud -que integra la mesa ejecutiva del FpV- y Ramón Chiocconi. El primero aludió a que “fue un error” el llamado a las internas, pues se había acordado evitar confrontaciones locales. El segundo, que la convocatoria “rompió con el criterio aplicado en la Nación”, de “reconocer los liderazgos”. En reserva, la dirigencia del PJ afirma que no estaban dispuestos a dejar que Weretilneck operara con el dinero del Estado -como hizo en la elección general- para dirimir la candidatura del FpV. Y eluden las acusaciones señalando que el gobernador también elige a dedo a sus candidatos en un partido sin vida interna. De un modo u otro, habrá que aplicar mucho cicatrizante en las heridas del peronismo si ese partido quiere conservar la ciudad más grande de la provincia.

ALICIA MILLER | amiller@rionegro.com.ar


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