“Hay que debatir el traslado de la

Fabio Quetglas -académico en gestión de ciudades y demografía- entiende que el traslado de la Capital Federal alentará nuevas ideas sobre la organización territorial del país.

Redacción

Por Redacción

entrevista: A Fabio Quetglas, especialista de Cippec en gestión de ciudades

carlos torrengo

carlostorrengo@hotmail.com

— Después de leer un artículo suyo en un medio nacional, queda claro que hay que instalar el debate sobre el traslado de la Capital Federal…

— Sucede que hay que terminar con la cultura “de eso no se habla”, o el clásico “no es tiempo para debatir esto o aquello”, que en blanco sobre negro es no debatirlo más. U otro clásico: “lo vemos mañana”: que implica no lo vemos más. Hay que hablar y hablarlo todo… con generosidad, sin mezquindades ideológicas.

— Pero de su artículo y sus ensayos sobre el tema se extrae que la gravitación de ese debate implica liberar el tratamiento de otros temas. ¿Cuáles, por caso?

– Es hablar, por caso (sólo un ejemplo de una nueva cultura en el manejo de la institucionalidad, manejo muy distorsionado a lo largo de la historia del país) de cómo se manejan y se deberían manejar las transferencias de recursos federales. Tenemos muy baja tradición en interrogarnos sobre dónde gasta el Estado nacional.

— ¿Cómo define la apertura de ese tipo de debate?

– Debería tener alcance de epopeya en clave incluso a lo hecho por la Generación del ´80, a la que yo reflexiono desde el espacio revisionista, pero abrió un curso muy intenso de pensar el país… Mire, cuando uno marca un punto en el mapa con criterio de hacer y se pone en marcha, alienta dinámicas en muchas direcciones. Admitamos que Viedma es la elegida… mero juego de ideas. Y entonces se decide llegar a Patagones o Viedma con un tren moderno, rápido, etcétera. Y se hace. Esto alentaría una dinámica muy decidida de inversiones en el curso paralelo a ese tramo. Pasó en Francia, paradigma en obras de esta magnitud… los famosos TCB. Hay un estudio muy interesante sobre este caso. Señala que en los últimos 40 años, el 85 % de la inversión física se produjo en las franjas distantes a 15 kilómetros de los TCB… Sólo un ejemplo…

— ¿Qué no es entonces pensar una nueva capitalidad?

— Puede no ser infinidad de cosas. Pero debe ser una excusa para pensar alternativas a la organización territorial, que siempre está en movimiento. No es sólo institucionalidad en términos de nuevos edificios y barrios para la consecuente burocracia.

— Sin embargo está, en general, instalada la idea de que una nueva capitalidad implica descongestionar el conurbano bonaerense: 10.000 millones de personas…

— Brasilia -muy fracasada como realidad- no descongestionó a San Pablo ni a Río de Janeiro. Bonn no descongestionó a Münich, Hamburgo o Berlín. Que el Gran Buenos Aires requiere políticas en términos de dignificación de la vida, es una cuestión… es una cuestión. Pero no carguemos en la mochila de la nueva capitalidad, el solucionar ese desequilibrio demográfico y sus consecuencias en materia de inseguridad, marginalidad, etcétera.

— ¿Qué es el Gran Buenos Aires desde lo político?

— Su macrocefalia dejó de ser un problema geográfico: hoy es el saqueo del país. Es una expresión del proceso de desinstitucionalización que se alienta desde ciertos planos de la política, motivados por el objetivo de dominar el territorio que puede saquear el poder…

— ¿El kirchnerismo?

— Por caso, con toda esa idea de Kirchner de controlar la calle, etcétera. Ese tipo ideas alientan la desinstitucionalización…

— Pero tiene que haber alguna relación entre una nueva capitalidad y ese “desaguadero de la República”.

— Del que hablaba José Luis Romero, en lo que se iba transformando Buenos Aires… Sí claro que hay una relación: las ideas y mudanzas que provee una nueva capitalidad. El Gran Buenos Aires es una realidad irreversible en términos de sacarle gente, pero sí es reversible que se puedan generar proyectos demográficos… no sé… que cien ciudades pequeñas y medianas crezcan a la luz de iniciativas y en consecuencia crezcan su poder político, su calidad de vida, su economía, sus servicios culturales, de transporte, su referencia… bueno, todo eso alienta a no marchar al conurbano. Juega a favor de esta posibilidad el grado de información que hoy tiene la sociedad. Muestra todo: lo malo y lo bueno.

— ¿Qué es Capital Federal en relación al interior?

— Cierta insensibilidad. Es un núcleo social un poco ensimismado. Es grotesco el ejemplo y le brindo mis excusas: ¿cuántos catamarqueños valen un porteño? Lo digo por los 14 muertos de esa provincia y los nueve bomberos de aquí…

— ¿Lo entusiasmó el proyecto de Raúl Alfonsín de llevar la Capital Federal a Viedma?

— ¡Y, era tan joven! Militaba en el alfonsinismo. Viví esa iniciativa con emoción. Proyecto trunco, pero le da a Alfonsín el pensar en algo distinto, hablar de futuro. Ya a lo largo del ejercicio de mi profesión he hablado mucho del tema con distintos especialistas. Por caso, el catalán Jordi Borja. En general coseché que era un proyecto pobre técnicamente y muy forzado por la necesidad de cambiar realidades. Lo de forzado no me parece peyorativo. La historia también se hace con lo “forzado”. El Estado de Israel nació forzado incluso por el Holocausto. Pero el proyecto Viedma, cualquiera sea la reflexión que nos genere, habla de argentinos que no se dejaron ganar por la inercia… ¡No es poco!

— ¿Adónde llevar la Capital Federal!

— ¡Ah, esa es otra cuestión!


entrevista: A Fabio Quetglas, especialista de Cippec en gestión de ciudades

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