“Hay que pelearles la cancha a los oportunistas”
Convencido de que la economía argentina tiene una inmensa oportunidad si asume la construcción de un sistema político donde prime el valor de las instituciones, Fanelli acaba de publicar una seductora investigación del presente y destino del país.
entrevista: A José Fanelli, ECONOMISTA
CARLOS TORRENGO
carlostorrengo@hotmail.com
— De su libro se extrae claramente que las instituciones políticas y que hacen al funcionamiento del Estado, no parecen estar a la altura de las posibilidades que se ofrecen para el desarrollo del país. ¿Por dónde pasa la centralidad de este desajuste?
— En principio, rescatemos a la política, su valor y sepamos que la política somos todos. Pero una cuestión diferente es reflexionar sobre la conducta rectora que le cabe a la dirigencia política. Yo creo que descuida mucho lo que es su tarea de construcción: concretamente, construir instituciones que garanticen un manejo positivo y simultáneo de tres temas que para mí son de extrema importancia. Uno: establecer reglas claras, a cumplir, para alentar el desarrollo vía sus emprendimientos, inversiones. El segundo se relaciona con lo anterior: mejorar la distribución. Tres: transparencia en el manejo de las finanzas, fondos públicos…
— ¿Es posible? Usted habla de la gravitación que tienen los oportunistas, en tanto cultura con que se mueve mucho de la política argentina…
— Imposible no. Se trata de una toma de conciencia. En cuanto a lo de los oportunistas, sí… aquí han primado. En muchas oportunidades dicen lo que queremos escuchar, pero hacen otra cosa. Por eso en el libro abogo para que comprendamos que el desarrollo es una tarea colectiva. Si se acepta esto, la pregunta que cae de madura es: ¿cómo nos organizamos si esta tarea es colectiva? Entonces, emergen de las instituciones como expresión de esa tarea… y a éstas las hace la política. No se trata de una idea abstracta; es algo concreto. Mire: el liderazgo que la economía requiere de la política son reglas de juego claras, instituciones destinadas al bien del conjunto y no funcionando sesgadamente.
— Usted habla de “la trampa del crecimiento medio”.
— Viene de la teoría económica, de la teoría de crecimiento, concretamente. Es decir, somos un país con fuerte impronta de clase media pero seguimos sin poder acceder a lo que llamo “graduarnos de país desarrollado”.
— La movilidad social parece estar ingresando en el terreno de la historia.
— No, no. Está muy latente por el significado que tuvo, y por estar latente -y aun admitiendo que esa posibilidad esté hoy algo condicionada- es una idea que implica un activo muy importante. Tenemos sueños, tenemos educación a pesar de los problemas de nuestro sistema educativo, estamos más comunicados que en el pasado… No, no: Argentina es un país para moverse con aspiraciones muy importantes y colocarse en rango de desarrollo, progreso, muy importante… Hay que pelearles la cancha a los oportunistas de la política…
— ¿Qué es la economía en esta dialéctica?
— Un espacio con abundancia de vasos comunicantes con la política. Pero no es la dueña de la racionalidad. Es, en alguna medida, lo que traducido del inglés, los economistas solemos llamar “la ciencia lúgubre”, al menos para el corto plazo.
— Bueno, como definición, algo deprimente, ¿no?
— Y sí… porque de hecho, a la economía generalmente le toca la misión de decir siempre lo que no se puede. Dice lo que no va a ser, lo que está mal, lo que es inconsistente. Pero tiene poco para decir cómo se construye algo distinto. No lo que hay que hacer, que en todo caso es fácil saberlo. Sino el cómo, especialmente cuando la economía está de cara a ciertas visiones de la dirigencia política.
— ¿El caso de los subsidios?
— Por ejemplo. Desde la economía sabemos que lo que se está haciendo en esa materia es un despropósito. Tenemos un grave problema de oferta, pero subsidiamos la demanda. Cuando se mira la cuenta comercial de energía salta claramente que pasamos de un superávit de 5 mil millones de dólares a un déficit de 6 mil. Conclusión: se fueron 11 mil millones. Y entonces, cuando se decide bajar los subsidios o sacarlos, hay que explicarlo desde la política. Pero esa ya no es tarea de un economista.
— Dijo, al hablar de la economía, que era una “ciencia lúgubre” en el corto plazo. ¿Cómo es eso?
— Claro, porque por supuesto que la ciencia económica se funda en saberes importantes. Lúgubre en el corto plazo en relación a cómo suele decidir la política. Pero sí, el pensamiento económico gravita en relación al futuro, advirtiendo sobre, por caso, lo que puede suceder si no se hacen bien las cosas.
— En su libro usted trabaja sobre el “bono demográfico”. Creo incluso que es uno de los tramos más sustanciosos de su investigación en cuanto a provocar el pensamiento. ¿Argentina está desaprovechando la oportunidad que le da este bono?
— Sí, sí. El bono demográfico no es otra cosa que la transición demográfica. En el marco de ese proceso, el bono demográfico lo tienen aquellos países son todavía, en proporción, más jóvenes y consecuentemente la población empleada es joven. No tienen este bono aquellas sociedades donde la proporción de gente mayor es mayor que la de la gente joven…
— ¿Europa hoy?
— Exacto… La transición demográfica nos dice que los países primero pasan por la etapa de juventud -por caso Sudáfrica y la India hoy-; los países que están en el bono, países con clase media muy extendida al menos hoy: Argentina, Chile, Brasil, entre otros; y los países que aun desarrollados, están en etapa de envejecimiento. ¿Por qué le doy importancia al bono? Porque los países que lo tienen, deben invertir en él porque poseen la mayor cantidad de gente en el mercado de trabajo, lo cual es una buena oportunidad para acumular capital tanto físico como humano para potenciar el crecimiento, evitar la baja de la productividad y evitar, en consecuencia, que cuando sean “países viejos”, la gente tenga muy bajos ingresos. Por eso digo en el libro que el país debe aprovechar su bono demográfico antes de que sea viejo…
— ¿La España de hoy: endeudada, en crisis y envejecida, y su contracara: Alemania, población envejecida pero país rico?
— Un ejemplo, sí. Y Alemania con una inmensa tasa de productividad, una de las rentas per cápita más altas del mundo. Y además, España siendo acreedor de Alemania.
— ¿O sea que el bono es una etapa, no un estado paralelamente?
— Exactamente. Luego, el tiempo reduce el número de los que trabajan… Así es esta historia.
— ¿Argentina está aprovechando su bono?
— No. No estamos aprovechando el excedente que tiene nuestra economía en esa dirección. Un ejemplo: la Asignación Universal por Hijo. Es una buena decisión en relación al bono demográfico. Es todo capital humano. Pero junto a esto tenemos los subsidios a la energía, el 4% del PBI; o sea casi ocho veces de lo que gastamos es para la asignación… 50 centavos para los pibes que hacen a nuestro futuro, y 4 pesos en dilapidar recursos energéticos…Y esto hace también a una polémica estéril: agro versus industria. Porque gran parte de este y otros subsidios se financian con el excedente de nuestras exportaciones agrícolas, que deberían canalizarse a la industria para generar valor agregado. O sea, hay una mala asignación del excedente y esto, claro, afecta el futuro del bono demográfico.
Martín Heer
entrevista: A José Fanelli, ECONOMISTA
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