“Hemos sufrido enorme presión desde el poder”
Héctor Roncallo lleva ya dos años de jubilado, pero la educación sigue apasionándolo tanto como al inicio de su carrera docente y gremial de 38 años en Río Negro. Formado en Rafaela, provincia de Santa Fe, llegó a la provincia como parte de la enorme corriente migratoria de maestros que venían de las provincias de Cuyo y del Litoral, atraído por los mejores salarios y oportunidades de carrera docente que entregaba la Patagonia a fines de los 60. En 1974 formó parte del grupo fundador de la Unión de Trabajadores de la Educación de Río Negro (Unter) y desde distintos roles como docente, secretario general, director secundario y supervisor ha participado de casi todos los debates educativos de la provincia. Al dialogar sobre los cambios sociales que ha podido percibir en los docentes durante todos estos años, destaca que el maestro y el profesor “aún mantienen un rol central en la consideración social”, aunque agrega que los ha afectado la presión a la que el poder político y económico ha sometido al sistema educativo, “que siempre ha buscado mantener contenidos el trabajo y el perfil ideológico de la tarea del docente” y “pretende utilizar a la escuela y la educación para tener hegemonía política y continuidad”, explica. –Desde su larga experiencia, ¿cómo ha cambiado el perfil del docente en Río Negro? Se habla de pauperización en el sentido de menores ingresos y “proletarización” del docente, donde éste se asume como trabajador. –Cuando llegué a la provincia, hace 38 años, aquí había gran demanda y necesidad de docentes y por eso podías encontrar gente de Córdoba, Santa Fe, San Luis, Mendoza, San Juan, que eran provincias “productoras” de docentes, mientras que las del sur casi no tenían formación en el área. Y en la Patagonia, el salario no era ninguna maravilla pero era un poco mejor que en el resto del país por la antigua “zona patagónica” que de alguna manera promovía esta migración. Yo empecé a trabajar en una escuela normal de Roca, porque hasta 1969 los docentes nacionales se formaban en las escuelas normales secundarias con los cinco años de la escuela común. Pero la dictadura de Onganía terminó con eso, consideraba peligroso que un maestro saliera tan joven a dar clases y creó los institutos de formación docente, más controlados desde el gobierno central. Luego, en los 70, la provincia de Río Negro creó institutos propios, de dos años y pico de formación. Y la reciente ley 26206, que estableció una formación de cuatro años. –¿Por qué enfatiza tanto en el tema de la formación docente? –Porque la formación docente es un aspecto esencial del debate político, pedagógico y social de un país, tanto para el lado del poder, que pretende siempre mantener contenido el perfil ideológico de los docentes, y del lado del docente, que quiere tener libertad y autonomía para debatir y enseñar. –¿Hoy hay interés en la carrera docente? –Según datos estadísticos, no supera el 1,2% el porcentaje de egresados de secundaria que siguen una carrera docente y, generalmente, lo hacen en la zona más cercana a su lugar de origen. La motivación esencial es vocacional, pero hay escaso incentivo económico y se suman problemas del deterioro del sistema, como la creciente cantidad de alumnos por curso, además de que hoy los docentes tienen que hacerse cada vez más cargo de problemas que arrastran la sociedad y, específicamente, los niños y adolescentes. –¿Sigue siendo valorado socialmente el docente? –La escuela sigue siendo punto de referencia del papá o la mamá, con sus conflictos y problemas. Es cierto que décadas atrás el docente no era discutido por las familias, hoy quizás se lo discute un poco más. Eso no es mejor ni peor, si se debate desde la sociedad el rol y la calidad del docente para mejorar, bienvenido sea. Desde el sistema político sí han cambiado, a menudo para peor, las condiciones de acceso, reconocimiento y dignificación del trabajo (designación, salario, condiciones edilicias, cantidad de alumnos por aula). Por ejemplo, pasamos de escuelas chicas a las de 1.000 alumnos y ciento y pico de docentes, donde alumnos y educadores se pierden en el conjunto. En cuanto a políticas educativas, afecta el ir y venir permanentemente de las reformas al viejo sistema. Pongo sólo como ejemplo la reforma en Río Negro entre 1986 a 1996, que se terminó porque era muy cara para el gobierno y había un debate político y educativo muy fuerte en todos los niveles, incluso con los padres. Se cortó y se volvió al sistema anterior de un plumazo. La sociedad a veces entiende lo que pasa y a veces aparece el docente como responsable, cuando en realidad son de las malas políticas. –¿Y desde lo político-gubernamental ? –Pasamos por distintas instancias desde la escuela enciclopedista a los 60 y 70, con gran debate ideológico que cuestiona el rol docente estrictamente profesional, el nacimiento del sindicalismo con la creación de la Unter en 1974, del cual formé parte, que reclama nuevas condiciones y cuestiona qué, cómo, para qué y en qué condiciones se enseña, se debate entre una educación de elite y una más popular. Cuando se funda la Unter, la discusión era si entrábamos en la CGT. Allí nos consideramos trabajadores de la educación, integrados a estructuras superiores, con participación democrática, debatir y exigirle al poder político definiciones en materia educativa. Tanto le preocupó esto al poder, que tras el golpe de 1976, uno de los primeros desaparecidos fue el secretario del gremio docente de Tucumán, Isauro Arancibia. –¿Y en democracia? –El docente, ya sindicalizado, empezó a exigir otras condiciones para enseñar y aprender. Éstas fueron variando: desde el 83 al 2001 hubo etapas de auge en el debate y la participación, pero también un deterioro económico y de funcionamiento de las jurisdicciones provinciales. En 1993 se aprobó la ley Federal de Educación, donde todas las escuelas primarias y secundarias pasaron a depender de las provincias pero no se transfirieron fondos, lo que abrió una etapa de terribles luchas sindicales por la pauperización que eso implicó para los docentes. También hubo un tendencia a la privatización del sistema: en Río Negro en 1992 la matrícula privada era no más del 2%, hoy está en el 20%. En el 2001 vino la debacle nacional, en el 2003 empezó un cambio político y educativo que organizó algunas cosas que la docencia reclamaba, hubo un mejoramiento. –¿Ha variado también el origen geográfico de los docentes rionegrinos? –Hay una migración docente desde otras regiones, en los últimos 15 años especialmente, por características de la formación de docentes en Salta, Tucumán, Jujuy. Pero hay procesos inversos, muchos docentes se vuelven a sus lugares de origen porque la situación salarial ha mejorado en otros lugares y la diferencia ya no justifica el desarraigo. Hay un achatamiento salarial: un docente que ingresa tiene un salario inicial de 3.700 pesos y uno que se jubila con mayor antigüedad 130% cobra 5.200 pesos, después de 27 años de servicios.
leONARDO hERREROS lherreros@rionegro.com.ar
Héctor Roncallo, docente secundario e histórico dirigente de la Unter