Historias…

Por Redacción

Ambos han cruzado los 50 hace varios años. Uno vive en Cipolletti y el otro en Roca. Los dos son profesionales. Y los dos trataron la patología que los vinculó durante años sin que se conocieran: adicción al juego… –No tengo ganas de hablar de cómo llegué al juego, al póquer, porque lo mío era el póquer. No tengo ganas de revolver y revolver… yo entiendo lo que usted quiere, busca. Pero le ruego que me comprenda. Pero igual le haré algunas reflexiones –dice el cipoleño a este diario vía teléfono. –Fui a la timba porque tenía problemas económicos, no tenía salida rápida para esos problemas. Me convencí de que la timba lo era, entré y cuando se entra… ¡una droga! ¡Años clavado ahí! Querer salir de los problemas mientras la timba te encarcela –reflexiona el roquense a este diario. Y acota: –No me haga preguntas, no lo tome a mal. Yo le cuento, después usted verá qué escribe… Y seguí y seguí y siempre ese imposible: “Es la última, mañana no juego más”… ¡Iluso!… La timba llegó a ser un… no sé, un reflejo cotidiano. ¡Le cuento algo? Veía una patente, no sé, de un auto estacionado o que pasaba y si me gustaba la combinación ya tenía el enganche para timbear ese día. También con las fechas de cumpleaños de mis hermanos, parientes… no sé… cualquier pretexto. –Estuve en el infierno –dice el cipoleño. Y acota: –No creo en el infierno, pero estuve ahí. Un día, una de mis nenas, hoy mamá, necesitaba hacer un trabajo sobre “La Divina Comedia”, sí, el libro de Dante. Era para una clase. Se lo compré en Libracos, en Neuquén… Mientras me cobraban, lo hojeé. Nunca me voy a olvidar, sé de memoria esa primera línea. ¿Se la digo?… “A mitad del camino de la vida me encontré en una selva oscura por haberme apartado de la recta vía”. Bueno, no voy a hacer axiología con esto de la “recta vía”, pero eso de una “selva oscura”… ahí estaba yo. Jugué de todo, hasta el tractor de la chacra, los auxilios de la camioneta. Hice sufrir mucho a mi familia. Tengo un gran amigo, porteño, descendiente de una familia patricia, digamos. Nos recibimos juntos. Luchó mucho por un hermano que fue alcohólico. Me contó que hará unos 15 años, el hermano lo llamó, le dijo que había entrado a su departamento, en Recoleta, y que cuando quiso darle un beso a una de sus pibas siguió de largo, con los brazos abiertos, y se cayó. Al día siguiente mi amigo lo llevó a un especialista… ¡Durísimo lo que inició, pero salió a flote!… Ese hecho me volvía a la mente una y otra vez. Yo no tomaba, pero me caía y caía con la timba Un día me fui a Neuquén con mi esposa. Fuimos a ver una psicóloga… ¡Pibita, jovencita, parecía una hija mía! Lo primero que me dijo me dejó helado: “Nunca traté a un adicto al juego. Pero si usted me ayuda, vamos a salir de este problema”… Me costó más de dos años, pero salí… Todo había sucedido en “un tiempo que tuvo la delicadeza de no empecinarse en volver”… ¿No dice Borges algo de eso? –A mí me ayudó mucho mi familia, no había recriminaciones, histeria –dice el roquense. ¿Sabe lo que es la timba? Es no dormir o dormir empastillado, sufrir y hacer sufrir, es falsa autoestima, es creer que como la adicción no tiene una sustancia material, uno la puede dejar cuando quiere. Pero bueno, me traté y estoy bien ¿Sabe lo que es dormir sin pastillas?… Ahora me cuido, me cuido mucho…