Historias emblemáticas

Redacción

Por Redacción

Vivir, morir o caer como prófugo

• Historia “de película” es la de los jefes de la banda narco más conocida de la región. Los hermanos Héctor y Ruth Montecino consiguieron huir de los allanamientos de 2011, cuando la organización sufrió su más duro golpe. Esa madrugada Ruth dormía en Roca y cuando su hijo le avisó que le estaban allanado subió a una 4×4 y manejó hasta Cipolletti. Llegó y “la cosa estaba pesada”. Vio un ejército de efectivos, algunos enmascarados, un camión, escaleras. Sonó una bomba, cayó una puerta y entraron. A ella no le conocieron la cara, llamativamente, y pasó por esa calle sin ser vista. Siguió manejando hasta lo de su hermano. Como la escena se repetía volvió a Roca y se alojó en un departamento céntrico que le alquiló a un conocido. Pasó una semana ahí. Leía los diarios, veía el noticiero. Todo el mundo hablaba de ellos. Y tenía un gran problema: su madre, de casi 70 años, estaba presa y con eso la presionaban para que se entregara.

Pero Ruth decidió levantar vuelo. Se hizo decenas de tinturas y se empezó a llamar Estela. En Buenos Aires la “aguantó” gente muy poderosa del narcotráfico que la trató “de lo mejor”, según contó ella misma en una entrevista con “Río Negro” en 2013. Tuvo la posibilidad de irse a Paraguay pero no quiso. Sus hijos habían quedado en Cipolletti y decidió acercarse hasta Bahía Blanca. Viajó en colectivo. En una parada subió Gendarmería y ella se hizo la dormida. Estaba en un taxi cuando iba a encontrarse con su hijo menor y oyó las sirenas de la Policía. “Hijo, mamá ya había hablando con vos de que esto podía pasar en cualquier momento”, le dijo al nene. Esa noche durmió en una cárcel de Tornquist y se sintió “en paz”. Llevaba prófuga cuatro meses y medio.

• El de Juan “El Gatito” Rodríguez es el ejemplo de quienes prefieren morir antes que entregarse. Tenía 19 años cuando mató a su prima, en Roca. Con pocos amigos y enfrentado con su familia, sólo encontró refugio en un rancho en medio de la barda norte. Emprendió la fuga un helado 27 de junio y pasó un mes bajo cero, en medio del campo. Desnutrido, con una avanzada neumonía, “volando” de fiebre, tirado en un catre y abrazado a un revólver lo encontró la Policía cuando derribó la puerta del puesto. Quienes participaron de aquella pesquisa recuerdan que el dato sobre el paradero del “Gatito” lo aportó un pariente, convencido de que no sobreviviría una semana más en esas condiciones.

• Otro caso es el de Luciano “Chuky” Pieroni, condenado por violar a una joven que luego falleció en Centenario. Cuando lo detuvieron estaba en La Plata, tenía un taller, dos autos descapotables, una grúa y muchos clientes. “Había pasado a la legalidad y le iba bárbaro. Cuando nos vio llegar no lo podía creer. Perdió por equivocarse en una pavada, por confiarse”, dijo el policía que lo ubicó.


Vivir, morir o caer como prófugo

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