Horneros: cayó un 80% la producción en cuatro años

El sector afronta una dura crisis en Río Negro y exige políticas al gobierno provincial. Un dato de Allen refleja el volumen del problema: de los 117 hornos que tuvo hoy quedan 27. La devaluación los dejó sin mano de obra y los precios de insumos se dispararon.



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La zona de hornos en Allen. Una minifortaleza al norte del canal, en la que ahora se ven pocos obreros.

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A alimentar los hornos. Así llueva o caigan heladas.

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Aurora. Se dedica desde hace 25 años a hacer ladrillos.

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Emilio Gejensio. Llegó de Bolivia y se hizo ladrillero en Allen.

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La producción de los hornos ladrilleros de Río Negro “cayó un 80% en los últimos cuatro años y la mano de obra está paralizada”, reveló Eduardo Marinao, delegado en Río Negro de la Unión Obrera Ladrillera de la República Argentina (Uolra). Dijo que en 2016 había 350 hornos en la provincia. Y hoy quedan 9 en Roca, en Cipolletti 4, en Cinco Saltos 18 de los 27 que existieron, en Río Colorado 9 y en Viedma 8. Así, con cifras, explicó cómo se fue achicando el sector.

Muchos asocian y ven a Allen como la principal ciudad productora de ladrillos en Río Negro. Se quedaron en aquellos años en que estaba repleta de hornos al norte del canal grande, con sus calles concurridas por el incesante movimiento de los trabajadores en bicicletas y motos chicas.

Desde hace cuatro años la actividad viene en declive y golpea a los emprendimientos familiares.

Marinao teme que si la situación no se revierte “pueden desaparecer” y reclamó una política provincial.

“Hoy se está fabricando un 20% de lo que se producía hace 4 años atrás en la provincia”, declaró a “Río Negro”.

“La situación es crítica, en Allen están trabajando dos empresas y el resto son hornos familiares”, añadió.

En la ciudad funcionaban hace unos años 117 hornos pero hoy quedan 27.

La temporada empieza en agosto y se extiende hasta fines de abril.

En invierno buscan leña y aserrín para estar preparados para la producción y los costos de los insumos subieron.

“Los horneros no se están abasteciendo con la leña y aserrín. La mano de obra está paralizada a nivel local”, remarcó Marinao.

El delegado señaló que por la devaluación de la moneda no le sirve a los trabajadores de Bolivia venir realizar la temporada. Esto perjudica mucho, ya que la mano de obra principal es el cortador de ladrillos.

Marinao mencionó que las ventas cayeron. Antes se vendía a las ciudades de la zona cordillerana, zona atlántica y al sur de la Patagonia. Los ladrillos de Allen llegaron a exportarse a Chile. Actualmente se comercializa dentro de la provincia, pero muy poco.

El delegado enfatizó que la de los hornos ladrilleros fue la segunda actividad económica más importante de Río Negro, después de la fruticultura.

Hoy ocupa un tercer lugar, detrás de los hidrocarburos.

Muchos horneros optaron por cambiar de rubro y levantaron su corralón. Otros se han dedicado al comercio de ropa y algunos producen hortalizas.

“La fabricación ladrillera no puede seguir así por las variantes y por las tecnologías de construcción que se han implementado. Se tiene que hacer un vuelco. Hay que tomar medidas para que vuelva a ser rentable para el productor y sus empleados”, dijo.

Marinao apuntó que es necesario que se cumpla la ley provincial 4629 que establece que el gobierno debe impulsar la promoción de los ladrilleros artesanales además de que puedan acceder a nuevas tecnologías.

“Del ladrillo no se habla en las fiestas nacionales u otros eventos. Se habla de la fruticultura y el petróleo. La promoción es importante”, dijo.

Marinao dijo que la temporada que pasó fue “muy mala por la falta de política para el sector del gobierno provincial”.

“Nos hemos reunido con el gobernador Alberto Weretilneck tenemos proyectos, los hemos planteado pero no se han podido desarrollar”, manifestó.

El sindicalista también reclamó a la provincia la creación de una cantera de limo que abastezca a los horneros. Es la arcilla con que se elabora el ladrillo y hoy tiene precios muy elevados.

“Así se evitaría tener que recurrir a terceros, que la venden a valores muy altos”, explicó Marinao.

En Allen hay un productor de limo, uno de los principales de la provincia y los horneros pretenden que su precio sea regulado. Desde el gremio también pretenden que los ladrilleros artesanales se conviertan en proveedores del Estado provincial

La actividad ladrillera en el Alto Valle está marcada por inmigrantes de países vecinos. En un tiempo fueron los chilenos, quienes levantaron hornos grandes. Antes los pisaderos eran para mil ladrillones pero con las nuevas modificaciones pasaron a 8.000.

Más tarde dejó de ser rentable para ellos y llegó la migración boliviana. Ellos agregaron las carretillas con aire y los moldes de plásticos. Se dejó de pisar el barro con caballos e incorporaron la rueda.

Hace 46 años que llegaron los bolivianos al Alto Valle. De los 27 horneros que hay en Allen solo 3 son de argentinos, el resto de bolivianos.

Cada vez más ladrilleros se vuelcan a las tiendas de ropa

Aurora es boliviana y hace 25 años que se dedica con su familia a producir ladrillos. Ahora son propietarios de su horno pero durante 23 años solo fueron obreros. Sin embargo, por la crisis en la actividad, han tenido que rebuscar en otro rubro como el comercio para subsistir.

“Llegamos de Bolivia, mi esposo aprendió a los 12 años a fabricar ladrillos allá”, dijo, mientras mostraba algunos pallets que quedaron del verano.

Su cuñado trabaja en el horno. Viven en la zona este de Allen del lado norte del canal principal de riego. Allí construyeron su casa y tienen el negocio familiar.

“Nos costó acostumbrarnos a esta tierra”, recordó. Con el tiempo se adaptaron y su hijos nacieron en Allen.

Hace dos años que su emprendimiento sufre los altos costos de los materiales y también la caída de las ventas.

“Los ladrillos los vendemos a particulares, pero es más complicado porque el aserrín, la leña y la arcilla están caros”, detalló.

Aurora señaló que están desapareciendo los hornos de a poco porque los “números no cierran”.

“Se fueron muchos ladrilleros de Allen”, contó, mientras recordaba como era la zona hace cinco años cuando la actividad estaba en auge.

“Antes se trabajaba mucho en el verano, pero hace tres años que esto no se cumple”, dijo.

Con su familia levantaron una tienda de ropa en el centro de la ciudad para poder llegar a fin de mes.

“A veces piensan que como los bolivianos hacemos muchos ladrillos tenemos mucha plata pero no es así. Ahora las ganancias son mínimas”, dijo la hija de Aurora.

Ellos venden ladrillos de primera y segunda pero si a veces salen mal y no rescatan la inversión. Los 1000 ladrillos de primera están en 2800 pesos.

La helada afecta el negocio. .

“Este trabajo es muy duro. No es para todos”. Concluyó, y luego, con timidez, se prestó para la foto que acompaña esta nota.

Esfuerzo diario para cambiar el futuro de sus hijos

Emilio Gejensio tiene 38 años y desde hace 15 es ladrillero en Allen.

Llegó de Bolivia con sus dos hijos y empezó a trabajar en los hornos como peón, hasta que logró juntar lo suficiente y compró su terreno para fabricar de manera independiente.

Ahora tiene cuatro hijos más, nacidos en la ciudad y lucha por darles lo mejor.

“Cuando llegué a mi trabajo fue cortar ladrillos con el molde, lo hice por seis años. Después que aprendí empecé por mi propia cuenta”, recordó.

Emilio explica que hoy las ganancias no son rentables pero como no tiene otro oficio se dedica a la actividad para alimentar a su familia.

“En tres años más no se qué va a pasar con los ladrilleros”, dijo con tono preocupado, mientras quemaba algunos que le quedaron del verano.

Un camión cargado de leña le cuesta $7.500 y necesita al menos tres para realizar una quema.

En verano empieza a trabajar desde las 7 hasta las 12. “Paramos por el calor y volvemos a las 16”, explicó.

Una vez que se seca el material lo puede quemar, pero si no está bien seco queda como galleta, se parte. En invierno no realizan el trabajo de corte porque con las heladas el ladrillo se redondea.

“Por el frío trabajamos dos horas en la mañana y unas más la tarde. La quema se puede hacer en verano o invierno. Si prendemos el horno por más que haya viento o lluvia tenemos que cocinar hasta terminar”, contó.

Hace dos meses que no quemaba ladrillos. Tenía unos cortados del verano pero esperó a que se secaran para cocinarlos.

“Estoy quemando 40 mil ladrillones. Antes, cuando era más joven me gustaba la actividad. No sentía tanto el cansancio, pero ahora me cuesta más”, se lamentó.

¿Qué dice la ley provincial 4629?

Crea el Registro Provincial de Ladrilleros Artesanales que tiene como objeto impulsar la promoción y regularización de quienes desarrollan en forma artesanal la actividad de fabricación de ladrillos para la construcción.

Establece el acceso a nuevas tecnologías para la producción.

Facilita a los ladrilleros “el acceso a herramientas financieras”, aunque no da más detalles de este punto.

Datos

Los ladrillos los vendemos a particulares, pero es más complicado porque el aserrín, la leña y la arcilla están caros. Este trabajo es muy duro. No es para todos”,

expresó Aurora, que hace 25 años se dedica a la fabricación de ladrillos en Allen.

El sector afronta una dura crisis en Río Negro y exige políticas al gobierno provincial. Un dato de Allen refleja el volumen del problema: de los 117 hornos que tuvo hoy quedan 27.

Datos

$ 2.800
El valor de los 1.000 ladrillos de primera, en los hornos que producen en Allen.
350
Los hornos de ladrillos que producen en Río Negro.
27
hornos hay en Allen. 24 son de los productores bolivianos.
ladrillones es la capacidad que tienen los nuevos pisaderos.
8.000

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Horneros: cayó un 80% la producción en cuatro años