“¡Hoy más que nunca digo basta!”
Me tocó vivir uno de los momentos más violentos de mi vida. Siempre digo que trato de seguir manteniendo mi confianza en la Justicia, pero ya llegué al límite. Voy a contarles lo que pasó y no precisamente para ponerme en víctima (aunque este sistema me hace sentir así seguido), sino porque sé que es una historia que se repite con miles de mujeres en nuestro país y la gran mayoría no tiene ni los medios ni la fuerza para contarlo. Muchos saben que el 29 de abril del 2014 el progenitor (porque el título de padre no le cabe) de mis hijas fue condenado por la Cámara 2ª de Cipolletti a 10 años de cárcel, condena que aún no se hace efectiva por la casación que ellos presentaron desde el momento que comenzó el juicio. Y luego de que la menor cumpliera 18 años, el señor dejó de pagar la magra cuota alimentaria que desde hacía un par de años habíamos logrado por fin (300 mugrosos pesos, por cierto). Como la señora Justicia nos exige que seamos justas y obedientes, mi hija debió comenzar el trámite por el reclamo de cuota personalmente. Así lo hicimos y, como corresponde, nos citaron a una audiencia. Cuando traté de explicarle a la señorita que nos atendió el viernes “para acordar algunas cosas” que mi hija no debe ir a una audiencia con su abusador e insistir en que tuvieran el cuidado de que no se encontraran me trató con mucha soberbia, como que yo no podía meterme en el trámite porque la niña era la responsable. Insistí en este tema, explicando que existe una condena y una prohibición de acercamiento… ¡Pero no me escuchó! Hoy temprano me presento acompañando a mi hija y le digo a la defensora que quiero hablar con ella, a lo que accede y entonces se entera de esta situación (o sea, la señorita anterior nunca le avisó). Charlamos, aclaramos algunas cosas y quedó más que claro que mi hija no tiene derecho a nada. Ella pretendía que su progenitor le pagara todos estos años de cuota que nunca aportó y todo el abandono económico al que la sometió, pero como hace 2 años yo inicié el trámite de la cuota de alimentos siendo ella menor, yo no reclamé los anteriores… ¡Porque nadie me lo explicó! Hoy ella… no tiene derecho a nada. La cuota que podría reclamar está supeditada a la efectividad de la condena, porque cuando él vaya preso no está obligado a pagar y entonces hay que iniciar una causa a los abuelos paternos. Conclusión: mi hija se quebró, se enojó, dijo que no quería hacer nada y se fue tan enojada que no reparó que en la sala de espera se encontraba sentado el señor abusador sexual. Obviamente yo sí reparé en el detalle y no pude contenerme: le pegué unos cuantos sopapos, le grité, le dije a la gente quién era y corrí a buscar a mi hija. Recién ahí los funcionarios repararon en el error cometido. Antes de hacer una audiencia de este tipo se debe tener toda la información completa, señores de la Justicia… ¡no se debe juntar en una audiencia a un abusador y a su víctima! ¿Lo entienden? Por esto y por mucho más digo ¡basta!, me harté… Quiero… necesito… exijo Justicia. Que se metan su plata en el bolsillo más chiquito que tengan, ¡pero que vaya preso ya! Nuestros supremos legisladores y juristas se llenan la boca hablando de cambios, pero jamás escuchan estas situaciones. Y la nuestra no es la peor, yo tengo una familia que me banca y sostiene, pero hay gente que está muy sola y el estado la abandona. Involucrate, mañana pueden venir por los tuyos y hoy no tenemos solución… luchemos para que mañana la tengamos. Rosa Noemi Castro DNI 17.194.925 Cipolletti
Rosa Noemi Castro DNI 17.194.925 Cipolletti