“Inflación, mentiras, demagogia y populismo”

Por Redacción

Para poder desarrollar el título elegido necesitaría hacer referencia a varias citas –muchas de ellas de prestigiosos economistas y pensadores–, pero en particular recomiendo que el lector vea previamente dos notas de opinión de este diario efectuadas por James Neilson bajo los títulos: “Excluidos del paraíso” y “Ante un nuevo fracaso”, del 24/1 y 31/1 del corriente respectivamente. El gobierno –que lleva centenares de fracasos y lamentablemente todos con el mismo triste final, la mentira, y con el mismo discurso demagógico y populista– vuelve una vez más a destrozar la ilusión de todo un país. Elijo la inflación por ser el tema del día, y si revisamos la historia de los años 60 en adelante, salvo honrosas excepciones, el conjunto de todos nuestros gobernantes con este tema muy particular han dilapidado no sólo grandes oportunidades de reposicionamiento en el contexto mundial sino también la módica suma de cinco fortunas país (tómese cada fortuna país equivalente a un PBI –Producto Bruto Interno). Ahora bien, el mundo político y económico le advirtieron al gobierno desde hace mucho tiempo que debía corregir fundamentalmente la inflación, ya que de no hacerlo se corrían serios riesgos para la economía, la estabilidad y la paz social que tanto había costado hasta mediados del 2007. El gobierno hizo oídos sordos a todos los planteos y necesitó pasar de la soberbia a la vergüenza de sincerar la economía y aceptar esta primera pequeña salvaje devaluación, más el intento de controlar los precios. Más mentiras, más discursos demagógicos y populistas. Ningún plan serio y responsable a largo plazo, una nueva aventura con pronóstico reservado y de un final totalmente imprevisible. La primera pregunta sería: ¿se puede corregir la inflación?“Evidentemente si, y en forma muy sencilla”. Y una segunda pregunta: ¿por qué el gobierno no pudo hacerlo, no quiso hacerlo? ¿Por qué lo permitió? Aquí la respuesta es mucho más fácil, ya que el no poder hacerlo sería demostrar desconocimiento, falta de profesionalidad y sería un claro desprestigio para todo el equipo del gobierno, bastante devaluado por cierto en el plano moral. El no querer hacerlo demostraría necedad por parte de muchos funcionarios que están ligados particularmente a resolver este tema. Por lo tanto, la respuesta es justamente la última, es decir, el gobierno permitió y permite el desangre de los más de u$s 22.000 millones que van a parar a las manos de amigos externos, situación que cíclicamente se repitió por decenas de años y se repite en contra de todo ese discurso cristinista de acusar a todo el mundo, en particular al capitalismo, al empresariado argentino, a los que considera conspiradores foráneos, etc., sin entender, particularmente, que esta situación está generada por el propio gobierno. Éste, en su intento de luchar contra “todos” justamente con mensajes diametralmente opuestos a la propia realidad, en manos de un equipo moralmente impresentable, vuelve a golpear nuevamente a la clase trabajadora con nuevos discursos demagógicos, populistas y plagados de mentiras. Además, estos mismos funcionarios son ineficientes en todas las áreas de la administración central, especialmente en el área educativo-cultural, con un nuevo desacierto al fomentar la mal llamada inclusión social a través de promover el estudiar y/o trabajar con el pago de $ 600 mensuales. La idea no sería mala si fuese acompañada, entre otros, con proyectos serios de recuperación de la formación técnica y de oficios –debastada en su momento a partir de la aplicación de la Ley Federal de Educación–, pero en particular, si existiese un verdadero control de proceso y, fundamentalmente, si no dependiese de los punteros políticos o amigos ocasionales del gobierno. Finalmente, y a modo de reflexión, sería deseable que recuperásemos la cultura de la educación, del respeto, del trabajo, del esfuerzo, de la moral y de la decencia, particularmente en la clase política, a los efectos de que gobierne con verdadera autoridad porque, aunque transitemos millones de años, entre tantas verdades logradas, en particular en una economía sana instalada en un país que se jacte de ser del primer mundo, la única moneda de cambio es el conocimiento. Silvano Giacolla Caruso DNI 8.119.343 – Cinco Saltos

Silvano Giacolla Caruso DNI 8.119.343 – Cinco Saltos